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El año pasado le había obsequiado a su mamá, María Eugenia, una lavadora. “Ahora le doy este triunfo porque nuestra vida va a cambiar”, dijo el púgil de 19 años en entrevista con El Heraldo de su ciudad natal.
Marriaga empezó a boxear a los 11 años en la Zona Cachacal del barrio San Roque de Barranquilla. Cuando llevaba un mes de práctica “me pusieron a pelear con Víctor Villadiego, que ya era campeón nacional, y le gané por decisión”, recuerda. Fue motivado por mamá, su máxima inspiración, pues su padre lo abandonó cuando tenía dos años. Por eso la dedicatoria tras el logro obtenido el miércoles.
Su rival, el guyanés Steven Gouveia, era zurdo, de brazos largos y más alto. Lo esperó y provocó y luego fue incisivo en la recta y el cruzado. Cuando el juez decretó su victoria (25-9) miró a sus entrenadores y gritó: “¡Ya clasifiqué, ya soy olímpico!”. “Ahora viene lo más importante: medalla en Londres”, pensó luego, en el hotel en Río de Janeiro, donde se realiza el clasificatorio.
Ayer disputaba el paso a la final contra el puertorriqueño Félix Verdejo. La meta, sin embargo, está cumplida. “Barranquilla tendrá un hijo presente en Londres, en donde lo voy a dar todo”.