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Su voz se escuchaba temblorosa, aún agitada. Desde la otra línea del teléfono, Alejandro Falla hablaba con su padre Jorge, quien vive en Florida, EE.UU., sobre el juego que acababa de ganarle al estadounidense Mardy Fish, número ocho del mundo. “Alejito, ¿cómo te vas a doblar en un match point (cuando sacaba en el 6-4 del tie-break del tercer set)?”, le reclamaba Jorge. “Papi, tenía el sol en la cara y no vi la bola. Pero me pude recuperar”, argumentó el jugador vallecaucano.
“Si le pregunto a mi corazón, prefiero ver unos penaltis de un mundial de fútbol que un partido de tenis de Alejito”, le dice Jorge, de 48 años, a El Espectador, desde su casa en Neipos, Florida. “Un set de él, mínimo, queda 6-4. Qué sufrimiento. Vi el juego con unos amigos y su madre Elsa Ramírez. Grité, salté y me preocupé mucho cuando hizo esa doble falta. Pero se repuso y lo felicité”, añadió Falla padre, quien también fuera tenista profesional a principios de los 90. Jugaba como los de vieja data: saque y red. Alcanzó el puesto 800 de la ATP, pero sus partidos no eran tan dramáticos como los de Alejandro.
“Alejo no era así en las categorías juveniles, donde ganó muchas cosas. Su técnica —la que le enseñó Jorge— era excelente. Lo de la inseguridad empezó cuando estuvo a punto de ganarle a Federer en Wimbledon 2010 y no pudo. Entonces a veces duda”, dice Hernán Valencia, quien lo entrenó un tiempo en el club San Fernando de Cali, antes de que Colsánitas lo patrocinara.
El marcador de este martes sugirió cierta comodidad para Falla. Pero no. Tal vez porque la semana pasada en Auckland ganaba 3-1 en el tercer set ante el número cinco del mundo, David Ferrer, y perdió, muy agotado. Durante el juego contra Fish se quejó de un dolor en la espalda (que se lesionó a principios de 2009) y en el tercer set sufrió un calambre en su muslo izquierdo y el médico tuvo que atenderlo tantas veces que causó la reacción colérica de Fish, acusando al caleño de marrullero.
“Tuvo muchas lesiones por su peso, pero para afrontar la temporada bajó casi 10 libras. Contra Fish era por la tensión del juego. Sufrió tanto que festejó, cosa que él nunca hace, tal vez por pena, porque aún no se ha dado cuenta de que en el circuito lo respetan”, añade Jorge. “Antes ganaba los juegos y no decía nada. Es inexpresivo. Aunque son esos jugadores a los que hay que temerles”, explica Hernán Valencia.
Ya está agarrando confianza Falla, quien deberá enfrentar hoy en tercera ronda al alemán Philipp Kohlschreiber, número 41 del mundo. “Jugué a mi mejor nivel. Así, sin presiones y suelto, sé que puedo ganarle a cualquier rival. Auguro un año muy bueno para mí”, aseguró.
“Cuando uno enfrenta a un Top 10 está mucho más motivado, especialmente en un Grand Slam. Pero cuando juegas ante un rival peor clasificado y las cosas no te salen, me pongo bravo, me desconcentro. Este año, la meta es tener la cabeza fría”, añade el caleño de 28 años.
Misión: Philipp Kohlschreiber
El tenista Carlos Salamanca, con quien Falla se alzó el título del Roland Garros de dobles júnior en 2001, también admitió que no hay peor sufrimiento que verle un partido. “En los grandes y contra Top-10 hago mucha fuerza porque se inspira y uno cree que va a ganar. Y en los torneos chicos, porque se presiona y no juega bien”. Y continúa: “Pero esta vez creo que está mostrando su mejor tenis. El juego de Kohlschreiber es el que más le gusta: fuerte y agresivo desde el fondo. Alejo es un contragolpeador y creo que tendrá muchas chances”. Hoy Colombia tendrá una nueva ‘tanda de penaltis’.