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Esta historia tiene un punto de quiebre: la salida de Giovanni Moreno. Fue en julio de 2022, cuando Atlético Nacional quedó campeón de liga, después de una sequía de cinco años. Sin embargo, la armonía no duró ni una semana y al mediocampista, referente de una estrella inesperada, no le renovaron el contrato tras pedir a la dirigencia el respaldo para el entrenador campeón: Hernán Darío “el Arriero” Herrera.
Ese fue el rumor que corrió tras bambalinas, porque decían que, desde la cúpula dirigencial del cuadro verde, que a mitad de año tuvo una renovación profunda, no gustaron las exigencias de Moreno. Su despedida levantó polémica. Sobre todo, desde la barra Los del Sur, la más popular de Nacional en todo el país, que criticó abiertamente la decisión, exigiendo explicaciones a la directiva. Los nuevos dirigentes del verdolaga, con Mauricio Navarro —que fue nombrado presidente en agosto— a la cabeza, empezaron una disputa abierta con los barristas, criticando a su vez, el excesivo poder del que los habían dotado en pasadas administraciones.
Una lucha de poderes que se escaló a otros niveles, porque, con la llegada del nuevo presidente, Atlético Nacional tomó la determinación de cortar toda relación con sus barras. Principalmente, la económica, razón detrás los desmanes que obligaron a la suspensión del juego con América de Cali el pasado domingo y que han llevado la crisis a su punto máximo.
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No obstante, más allá de esa disputa específica, pieza central de todo el rompecabezas, desde la hinchada también alegan que, con el mandato del nuevo presidente, Atlético Nacional perdió su rumbo deportivo. Y ese es un reclamo que llega desde varios sectores de la hinchada, no solo desde los barristas.
Una supuesta crisis deportiva que alegan la mayoría de clubes en el país, solo faltaría ver lo que pasó el martes en Palogrande con la invasión de cancha por parte de los hinchas para pedirles cuentas a los jugadores de Once Caldas. Después de una década gloriosa e histórica, que incluyó una Copa Libertadores, es innegable que Nacional perdió el rumbo ganador. No obstante, apenas ahora, a pesar de que pasaron varias administraciones, el hastío de la barra y la terquedad de los dirigentes llevó la situación a un punto muerto. ¿Cómo abstraerse de la tormenta para pensar en la gloria deportiva?
Nacional: dos títulos en menos de un año
El panorama, visto desde un plano general, arroja que Atlético Nacional fue campeón de liga en el primer semestre de 2022, lo que lo tiene jugando la Copa Libertadores y le permitió ganar la Superliga contra Pereira a comienzos de 2023. En siete meses consiguió dos títulos. Una crisis deportiva curiosa.
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Navarro puede sacar pecho de eso, como podría haber construido una base sólida alrededor de ese proyecto que supo ser campeón. Pero, no lo hizo. Desde su llegada, en los casi ocho meses que lleva en el cargo, el equipo ha tenido tres entrenadores. El técnico actual, Paulo Autuori, es muy resistido por la hinchada por su pasado fracasado en el equipo. Y eso, sumado a los refuerzos poco rimbombantes de los tiempos recientes, fruto de los problemas financieros que arrastra la institución, hacen que los reclamos de las barras en esa dirección no sean un disparate.
Se puede decir que Navarro ha enfrentado otros problemas de más envergadura, como el que maneja actualmente de cortar la aparente “coadministración” que la barra de Nacional tenía con el equipo. Y sin duda, a pesar de que no es la nómina de otros años, el cuadro verdolaga tiene un equipo competitivo, por encima del promedio del fútbol local, que internacionalmente se mide por lo bajo, como muestran los resultados de los últimos años.
No obstante, es ahora, precisamente en medio de la tormenta, cuando el cuadro verdolaga tendrá que demostrar la valía de la dirección deportiva que escogió la nueva cabeza directiva, los ahorros se acabaron. En medio de la crisis con su barra, además del diálogo que por ahora parece totalmente truncado, solo los resultados deportivos podrán parar o aumentar la tempestad.
La Libertadores, una oportunidad
El reto para Autuori y su equipo, en consecuencia, no es nada sencillo. Atlético Nacional, después de no poder jugar el partido el domingo por la violencia en el estadio, tendrá que sacar su cabeza de ese episodio para encarar la segunda fecha de la Copa Libertadores.
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Difícil, cuando el partido ni siquiera se podrá jugar en Medellín por la negativa de la alcaldía de prestar el Atanasio Girardot. En Barranquilla, Nacional está obligado, más por el contexto que por la presión del calendario —muy precoz todavía—, a ganarle a Melgar de Perú.
En la primera fecha, contra Patronato, actualmente en la segunda división de Argentina, los antioqueños lograron una sufrida pero importante victoria fuera de casa. Ahora, para que ese resultado tenga peso, el Metropolitano tendrá que volverse un factor decisivo.
Panorama extraño para Atlético Nacional, que transita un momento, aunque de dudas, necesario. Decía, el presidente Navarro, tras los incidentes, que en el cuadro verdolaga necesitaba cortar esos lazos con la barra, que vetaba incluso decisiones dirigenciales. Siempre ha estado el rumor instalado, por ejemplo, de que Leonel Álvarez nunca llegó al banquillo del verde antioqueño porque Los del Sur no le dieron el visto. Tensión que se vio en el caso de Giovanni Moreno, el Florero de Llorente en esta historia en la que, por ahora, el desenlace parece muy embolatado.
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