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El simple recuerdo del octavo título obtenido por Atlético Nacional en 2005, cuando de 26 partidos ganó 15, empató nueve y perdió apenas dos, aflora hoy con más fuerza después de que Santiago Sachi Escobar, el DT de aquel equipo acaudillado por Víctor Hugo Aristizábal, sellara su regreso al banco verdolaga.
El técnico de 47 años asegura que en su nuevo período con el conjunto verde de Medellín, acabar con el ayuno de cuatro años sin ganar un campeonato es una obligación. Aun cuando jugadas dos fechas en el torneo Apertura, Nacional sólo suma un punto, tras su visita a la Equidad (1-1) el sábado pasado.
Por ahora pide paciencia y promete trabajo, la garantía de su nuevo proceso en Nacional, equipo donde ofició como jugador en los años ochenta (también jugó en Millonarios, América y Pereira) y al que una vez más le quiere regalar, así como a la hinchada y a su hermano Andrés, una estrella, la undécima.
¿Cuál es su balance del partido del pasado sábado ante Equidad?
Hubo una mejoría con respecto a la primera fecha. Necesitamos más partidos, apenas nos estamos adaptando.
A pesar de no haber ganado aún, ¿cómo ve al equipo?
Muy bien. Es un grupo excelente para trabajar. Apenas se está encarrilando por el camino que es. Tiene jugadores muy buenos, con jerarquía y los que llegaron han mostrado cosas interesantes.
¿Qué le falta al equipo para empezar a sumar de a tres?
Es cuestión de convicción y de confianza. Atlético Nacional tiene a los mejores jugadores de Colombia, yo les tengo mucha fe. Lo más importante es que la dirigencia confía en este proyecto, todos estamos ilusionados.
Todavía Macnelly Torres no marca la diferencia que se esperaba.
Falta que se adapte. Macnelly va a aportar talento, creatividad, se va a convertir en el referente en la cancha. Es uno de los pocos 10 típicos que hay en Colombia y ha sido ya reconocido en Chile y en la selección por esa condición. Es cuestión de apretarlo y que engrane en el equipo lo antes posible.
¿Cómo se ha sentido en su segundo período con el verdolaga?
Estoy feliz. Encontré unos directivos comprometidos en todos los sentidos. De igual forma, todo está intacto acá, las oficinas, los empleados, y por eso no me he sentido extraño; por el contrario, siento que llegué una vez más a mi casa.
Todos los hinchas se ilusionan porque la última vez dejó un título para esta institución.
Esa conquista en 2005 va a ser un punto de referencia. Obviamente que hay diferencias en todas las líneas, pero el ideal y la filosofía es la misma: imponer un estilo y ganar, pero jugando bien. Por ahora seguimos en busca de ese estilo.
¿Es consciente de que está obligado a ganar una estrella?
Lo sé, siempre vas a tener esa exigencia dirigiendo a Nacional. Quiero cumplir ese objetivo jugando bien.
¿Los recuerdos de su hermano Andrés crecen al estar sentado en el banquillo verdolaga?
Claro. Los recuerdos son más fuertes porque él dejó una huella grande en esta institución, tanto en lo deportivo como en lo personal. Recuerdo cuando comenzó a hacer los primeros pinitos y ahí alcanzamos a entrenar unos meses juntos en el Nacional que dirigía Aníbal Ruiz, en 1987.
¿Estos jugadores le hacen extrañar al Andrés Escobar en sus inicios en el fútbol colombiano?
Veo a estos jugadores jóvenes y recuerdo cuando él comenzaba. Yo le decía que tenía que trabajar con disciplina y perseverancia. Él lo hizo y además se dio cuenta de que podía ser uno de los mejores. Ya todos conocen la historia que sigue cuando aprovechó las oportunidades, supo brillar y hacer historia.
¿A veces le dan ganas de meterse a la cancha a jugar con ellos?
Uno ya no está para eso, la edad no lo permite. Claro que a veces me dan ganas de finalizar una jugada como yo lo hacía de jugador, pero es más gratificante trabajar durante toda una semana y que los jugadores realicen lo que uno les pidió.
¿Cómo tratan a un técnico en Medellín después de haber dirigido a los dos equipos de la ciudad?
No he sentido complicación. Por el contrario, los hinchas de Nacional siempre me han valorado. Alguna vez tuve problemas con un sector de la barra, no me querían, pero más del 70% me apoya y con eso estoy complacido. Los hinchas del DIM también me valoran y me agradecen. Lo único que encuentro en las calles de esta ciudad son voces de aliento y agradecimiento.
¿Se imagina cómo va a ser el clásico, en la novena fecha?
Como todo clásico será bonito, pero falta mucho. Hoy sólo pienso en América. Cuando llegue ese día, hablamos.
¿Cómo ve el proceso del ‘Bolillo’ al frente de la selección?
Va muy bien. Se ve orden, gran disposición, identidad. Lo que quiere el cuerpo técnico se ve reflejado en los jugadores. Eso sí, el signo de interrogación sigue siendo el mismo, el gol.
¿Alguna recomendación o sugerencia para el profesor Gómez?
Cada técnico tiene su selección. Eso de argumentar sobre seleccionar o no a un jugador se lo dejo al hincha y al periodista. Todos en este país vamos a tener una alineación diferente, entonces hay que respetar.
¿Continuidad o renovación en la selección de Colombia Sub 20?
Continuidad. Los resultados han sido lamentables, pero yo soy amigo de los procesos. Habrá que replantear muchas cosas, pero se necesita, sobre todo, de la valentía de los directivos para respaldar a Eduardo Lara, un técnico que ha hecho muchas cosas al frente de las juveniles.
¿Qué le puede aportar a Nacional Edwin Cardona, jugador importante de Lara en el Suramericano de Perú?
Nunca lo he trabajado, pero cuando llegue lo vamos a ver. En la selección aportó gol, fue referente y seguramente eso nos va a servir acá. Va a pelear una posición con todos estos creativos, Macnelly Torres, Víctor Ibarbo, Jairo Patiño y Dorlan Pabón.
¿Cuál es el mejor jugador de Colombia actualmente?
Macnelly Torres y John Valencia tienen mucha capacidad y marcan diferencia, al igual que Giovanni Hernández, a quien valoro mucho por su talento. Ellos, al igual que Dayro Moreno, marcan la diferencia en el rentado.
¿Y en el extranjero?
Falcao García. Por la constancia, por el carácter lo valoro mucho. También hay jugadores, como Mario Alberto Yepes e Iván Ramiro Córdoba, que son referentes y que llevan una carera perfecta.