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Cada final de temporada, la misma pregunta vuelve a encender los debates en el fútbol colombiano: ¿por qué el descenso no se define por los peores equipos del año, como ocurre en la mayoría de las ligas del mundo, sino por un promedio de tres temporadas? La duda no es menor, y su respuesta va mucho más allá de lo deportivo: toca el poder, la economía y hasta la cultura del fútbol nacional.
Mientras en países como España, Inglaterra o Brasil los tres últimos de la tabla anual descienden directamente, en Colombia el castigo se aplica a quienes acumulan malos resultados a lo largo de tres años. Esa fórmula —que divide los puntos obtenidos entre los partidos jugados durante las últimas seis ligas— busca premiar la regularidad y evitar descensos accidentales, pero en la práctica ha creado un sistema desigual que protege a los grandes y condena a los recién ascendidos.
Imagen triste. Se confirma el descenso del Leicester. Jamie se queda en el césped, mirando al horizonte. Ascendió con el club en 2014, fue campeón de Premier, de FA, de Community Shield y llegó a ser goleador de liga.
— Juez Central (@Juezcentral) May 28, 2023
En su momento, rechazó una oferta del Arsenal que le doblaba… pic.twitter.com/z6G3Del7MJ
Un modelo importado y un negocio protegido
El promedio no nació en Colombia. Fue una idea importada desde Argentina en los años ochenta, cuando la AFA buscó blindar a los clubes más populares de un descenso que afectara el negocio televisivo y la taquilla. Con el tiempo, el modelo se expandió al continente, y Colombia lo adoptó con el mismo propósito: evitar que una mala temporada de Nacional o Millonarios desbalanceara económicamente la liga. Con América ya pasó en 2011 y se sintió el golpe.
Desde entonces, la fórmula se volvió parte del ADN del fútbol colombiano. Pero también del problema. Los equipos grandes pueden atravesar un torneo irregular sin mayores consecuencias, mientras que los pequeños, especialmente los que acaban de ascender, cargan con la presión de no fallar ni un semestre. Un par de campañas flojas puede enviarlos de regreso a la B.
Cómo funciona la tabla del descenso en Colombia
La cuenta parece sencilla: los puntos obtenidos en los últimos tres años se dividen entre el total de partidos jugados. El resultado da un promedio que ordena la tabla de descenso. Los dos equipos con menor promedio pierden la categoría.
Para los clubes recién ascendidos —como Unión Magdalena o Llaneros— el cálculo se hace solo con los partidos disputados desde su llegada a Primera División, lo que los deja en clara desventaja. A diferencia de los demás, no tienen una base histórica que amortigüe un mal semestre: cualquier tropiezo los hunde de inmediato.
Por eso, el descenso en Colombia suele parecer una sentencia anticipada para los equipos que suben. Mantenerse en la A no depende solo de un buen torneo, sino de sostener el ritmo de los grandes durante tres años. Y eso, en un fútbol con presupuestos desiguales y poca estabilidad institucional, es casi imposible.
Envigado, el primer descendido
Este año, el sistema volvió a cobrar una víctima histórica. Envigado, tras 17 temporadas consecutivas en la élite, perdió la categoría matemáticamente a falta de seis fechas. Su promedio de 0.83 puntos por partido lo condenó, incluso aunque aún le quedan juegos por disputar. Ni ganando todos podría superar al penúltimo en la tabla.
Duele el descenso de @EnvigadoFC, porque duele ver cómo se apaga una idea. Los JÓVENES pusieron el alma, pero heredaron el desorden de DIRIGENTES que confundieron formación con negocio. Ojalá algún día vuelva aquel Envigado que creía más en el juego que en la cuenta bancaria. 🥺 pic.twitter.com/9BudYah2BH
— 🎙️Opio del Pueblo ⚽📗 (@03opiodelpueblo) October 4, 2025
El equipo antioqueño —conocido como la Cantera de Héroes por haber formado a figuras como James Rodríguez, Giovanni Moreno, Dorlan Pabón o Juan Fernando Quintero— solo había descendido una vez, en 2006. En esa ocasión tardó un año en regresar. Ahora, su reto será repetir la historia y volver en 2027.
El panorama de los amenazados
Con Envigado ya sentenciado, la pelea por evitar el segundo descenso se mantiene abierta. Unión Magdalena ocupa el último lugar del promedio (0.74), seguido por Boyacá Chicó (1.01), La Equidad (1.13) y Deportivo Cali (1.18).
El caso del Ciclón Bananero es particular. Aunque su promedio es el más bajo, aún conserva posibilidades porque solo se le cuentan los partidos del año actual. Si logra una remontada casi perfecta en las fechas restantes, podría salvarse y enviar a otro a la B. Pero el margen es mínimo.
Boyacá Chicó, por su parte, no logra despegar y su derrota 0-1 ante Fortaleza en la fecha 15 lo dejó en zona de alto riesgo. La Equidad atraviesa una racha negativa —ocho partidos sin ganar— y se estanca en la casilla 17. El Deportivo Cali, en cambio, parece haber encontrado algo de aire con algunos buenos resultados y, con un promedio de 1.18, podría salvarse con un par de victorias más.
Llaneros, uno de los ascendidos, es la excepción: ha logrado sostener su nivel y prácticamente aseguró su permanencia con la victoria 3-1 sobre Santa Fe en Bogotá. Su campaña, aunque discreta, demuestra que los recién llegados pueden sobrevivir si administran bien sus recursos.
Tabla del descenso en el fútbol colombiano
Tabla del Descenso – Liga BetPlay
| Posición | Equipo | Promedio |
|---|---|---|
| 20 | Unión Magdalena | 0,74 |
| 19 | Envigado | 0,85 |
| 18 | Boyacá Chicó | 1,01 |
| 17 | La Equidad | 1,13 |
| 16 | Deportivo Cali | 1,18 |
| 15 | Llaneros | 1,20 |
*Envigado y Unión Magdalena ocupan las posiciones de descenso directo.
Así se define el ascenso en la B
Mientras el descenso se calcula con una fórmula que acumula tres años de historia, el ascenso desde la B sigue un camino más complejo. En el Torneo BetPlay Dimayor, los campeones de cada semestre se enfrentan en la llamada Gran Final, y el ganador asciende directamente. Si un mismo equipo gana ambos torneos, sube de manera automática sin necesidad de final.
Además, la tabla de reclasificación ofrece una segunda oportunidad: si el perdedor de la Gran Final ocupa el primer lugar en esa tabla, también asciende. En caso contrario, se disputa un repechaje entre los mejores de la reclasificación.
Este año, Jaguares es el gran candidato. Ganó el primer semestre, lidera el segundo y encabeza la reclasificación con 78 puntos. Si repite título en el Finalización, asegurará su regreso a Primera sin necesidad de finales. Detrás lo siguen Patriotas y Cúcuta, que buscan el cupo restante por la vía del repechaje.
En medio de la polémica
El debate sobre el descenso no es solo un asunto de cálculo. Es un reflejo de cómo funciona el fútbol colombiano: una estructura que prioriza la estabilidad del negocio sobre la meritocracia deportiva. La Dimayor necesita a los grandes en la A para sostener el atractivo televisivo, y el promedio garantiza eso, aunque a costa de la justicia competitiva.
Cambiar el sistema no resolvería por sí solo los problemas del fútbol nacional —canchas en mal estado, técnicos inestables, poca proyección de jóvenes, arbitrajes cuestionados—, pero sería un primer paso hacia una competencia más equitativa.
Por ahora, sin embargo, nada cambiará. Entre la retórica de los dirigentes y la realidad de los números, el promedio sigue siendo la regla del juego. Y cada fin de año, cuando el drama del descenso reaparece, el fútbol colombiano vuelve a enfrentarse a su propio espejo: un sistema que sobrevive no por justo, sino por conveniente.
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