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Juan Ramón Verón encontró la felicidad en Barranquilla, ciudad a la que llegó en 1976 después de brillar durante más de una década en Estadiantes de la Plata y tras un breve paso por el fútbol de Grecia.
En Júnior, al que considera el segundo equipo de su corazón, es recordado como una de las máximas leyendas pues les dio su primer título en 1977, la primera estrella después de casi 40 años de frustraciones.
Hay quienes creen en el destino, y la historia de Verón en el fútbol colombiano parece, efectivamente, predestinada. Sin embargo, como él mismo lo dice, a Barranquilla Verón llegó a explotar los conocimientos que había acumulado druante años en el cuadro pincharata con entrenadores como Osvaldo Zubeldía y Carlos Salvador Bilardo.
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“Tuve la fortuna de llegar a un excelente equipo, de estar muy bien rodeado por mis compañeros y por la ciudad en general. Y por eso pude explotar mis conocimientos y la experiencia que traía acumulada”.
Verón fue contratado como nuevo jugador del equipo en el 76 y lo trajo el argentino José Puchero Varacka. Sin embargo, cuando al entrenador lo sacaron de su puesto fue en la Bruja en la que la dirigencia del gigante del Atlántico depositó su confianza. El cambio de mando ocurrió en el tramo final de la temporada y, a pesar de lo extremo de la situación, Júnior logró su primera estrella derrotando a Deportivo Cali, tras complemtar un hexagonal final prácticamente perfecto.
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En una entrevista con El Espectador, Verón aseguró: “La clave de ese campeonato es que tuve tiempo. Conocía muy bien al equipo y a los jugadores. Antes que dirigidos, ellos fueron mis compañeros y por eso logramos tener un excelente equipo”.
Después de la estrella y el campeonato, Verón recuerda que la celebración duró días. Barranquilla, una de las cunas de nuestro fútbol, llevaba años sin poder acercarse a su primer título.
En el 48, dirigidos por una de las principales figuras de nuestra era aficionada, Roberto Meléndez, Júnior quedó subcampeón por detrás de Santa Fe en la primera edición de la liga profesional.
También en el 70, los barranquilleros se quedaron a las puertas de su primera estrella, a pesar de que Jesús El Toto Rubio alcanzó a ilusionar a todo el Atlantico. Parecía increíble que uno de los equipos que dio los primeros pasos para que el fútbol se formara en Colombia no tuviera un título que respaldara su jerarquía.
“El 77 partió la historia de Júnior en dos”, recuerda Verón, que este jueves cumple 78 años y no ha salido de la memoria de los barranquilleros. Como tampoco salió la arenosa de su cabeza.
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“Nunca me canso de hablar con la gente de Barranquilla. Tuvimos una relación muy especial. Algunos de mis mejores años los viví allí y fui realmente felíz”.
La herencia que Verón dejó en Júnior la replicó después en Cúcuta. Sin embargo, fue con los tiburones que marcó historia.
La felicidad de la Bruja Verón se la trasladó a su sangre. Su nieto debutó también con Júnior y él recuerda esa escena como una de las más felices de su vida. Y aunque ahora está lejos, y acompaña a su hijo en la presidencia de Estudiantes de la Plata, recuerda siempre a la ciudad currambera, porque, como dijo el Joe: “En Barranquilla me quedo”.