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Solo una familia en toda Colombia tiene el privilegio de que padre e hijo hayan marcado para la selección de mayores. Ese honor es de Manuel Acisclo y John Córdoba, quienes han grabado su apellido en la historia del balompié nacional y han representado con orgullo a Istmina, el municipio chocoano que los vio nacer.
Acisclo fue uno de los mejores delanteros del fútbol colombiano en las décadas de los ochenta y noventa. Jugó siempre en clubes locales. Tuvo una oportunidad de ir a Uruguay, pero acá le ofrecieron mejores condiciones y se quedó. Donde más se le recuerda es en la capital, pues vistió las camisetas de Millonarios y Santa Fe, siendo este último donde logró los mejores números de su carrera y disputó más de 300 partidos. También defendió los colores de Unión, Nacional, Huila y el desaparecido Cortuluá.
Colgó los guayos en 1997, como jugador de Santa Fe. “Cuando me retiré lo hice pensando en que la gente me recordara jugando bien, que no estaba robando”, recuerda entre risas Acisclo, quien tuvo un paso por el cuerpo técnico de Millonarios como asistente de Jorge Luis Pinto (1998-1999).

“Cuando salí de Millonarios me dediqué a mis proyectos. Me la pasé entre Bogotá e Istmina. A veces me voy para donde John”, comenta Acisclo sobre su vida después del fútbol profesional. Hace 27 años montó una escuela en la capital colombiana, la cual lleva su nombre, y participa en los torneos de la Liga de Fútbol de Bogotá.
Como Acisclo sabía la ruta rumbo al fútbol profesional, fue exigente a la hora de aconsejar a John, quien nació en 1993. “Yo corro y me mato”, le decía su hijo, a lo que él le contestaba: “Puede correr y matarse, pero usted es delantero, tiene que hacer goles. Solo eso le sirve”. También recuerda que cuando “el Tanque” estaba de vacaciones escolares le insistía en que no perdiera ritmo y entrenara, lo cual al principio el hoy delantero de la tricolor le reprochó, pero con el tiempo le dio la razón.
Al principio Acisclo no estuvo muy al tanto de las condiciones de su hijo. Su hermano lo hizo caer en cuenta de su talento y no tardó en llamar la atención de Envigado, que lo quería para jugar el torneo hoy conocido como Baby Fútbol. A los Córdoba les parecía que con 12 años estaba muy joven para irse a Medellín. Cuando cumplió los 14 ya lo dejaron trasladarse, sobre todo porque tenían la certeza de que no iba a estar en una casa hogar, sino en una vivienda familiar.
“John es más fuerte, más potente. Yo era más hábil, fui más rápido. Si iba corriendo iba gambeteando”, reconoce el exfutbolista, haciendo énfasis en que eran delanteros de perfiles diferentes. Entre 1980 y 1997 Acisclo marcó 153 goles, unos 20 más de los que lleva John a la fecha. “Ojalá que me alcance y me pase, eso es lo que uno quiere, que los hijos lo superen a uno”.
Acisclo debutó con la selección de Colombia a los 24 años (1984), cuando el médico Gabriel Ochoa Uribe lo llamó para encarar el proceso rumbo al Mundial de México 1986. John lo hizo a los 30 (2023), en las eliminatorias. En ningún momento el hoy delantero tricolor se comparó, siempre entendió que su proceso iba a su propio ritmo.
“Ha sido muy perseverante, una persona que siempre luchó para estar en la selección. Le decía que no se desesperara”. John estuvo una década en el fútbol europeo antes de debutar con la tricolor. Pasó por las ligas de México, España y Alemania. Desde la temporada 2021-22 es una pieza clave del Krasnodar ruso, del que es goleador.

Visitar a John en Rusia se ha convertido en una especia de odisea en los últimos años. Como Krasnodar está al sureste del país, cerca de la frontera con Ucrania, el espacio aéreo de la zona ha sido limitado como consecuencia de la guerra. La ruta es larga, con un vuelo de Bogotá a Estambul (11 horas), desde donde viajan a un pueblo ruso que queda a cinco horas en carretera. “Pero cuando uno va a verlo a él no interesa nada más”, concluye.
Manuel Acisclo Córdoba es el hincha número uno de John, está con él en las buenas y en las malas, siempre listo para aportar con su experiencia. “Hay momentos en los que uno tiene que decir las cosas, hay que hablarle, pero no con regaños después de los partidos”, destaca Acisclo, quien al saber lo que se siente estar al otro lado sabe cómo aproximarse a su hijo para hacer una retroalimentación de delantero a delantero.
Por otra parte, esta semana el fútbol colombiano despidió a Pedro Sarmiento, quien tuvo que ver con ambos Córdoba. “Fue mi compañero en Nacional (1983) y en la selección. Era un volante que metía mucho zapato”, recuerda entre risas. “Tuvimos una buena amistad e incluso Pedro fue el que puso a John a debutar con Envigado”.
Sarmiento tomó las riendas del equipo naranja a mediados de 2010, en reemplazo de Rubén Bedoya. Al verlo dijo: “¿Por qué no lo han subido?”. Debutó en un partido de la Liga contra Tolima. Lo pusieron como volante por fuera, aunque siempre fue delantero centro. “Siempre que hablábamos, Pedro me preguntaba: ‘¿Cómo está Johncito? ¿Sí hizo plata?’”. Hablaron por última vez hace un par de semanas.
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