Cuando Alberto Gamero llegó a Millonarios afirmó que ese era su sueño. Buenos recuerdos custodiaban o siguen custodiando la realización de dicho anhelo. En cifras podría decirse que fueron 112 partidos, dos goles anotados y un título, el único que obtuvo como jugador, en 1988, cuando el cuadro azul salió campeón ante Júnior en El Campín.
“Es lo que siempre quise y lo que siempre soñé”, dijo cuando llegó. Y aunque el año pasado los objetivos no se dieron, gracias a él Millonarios ha mostrado una identidad de juego y un sentido de pertenencia que no se veía hace mucho tiempo.
Es quizá ese aire de nostalgia que veía tras de él, ese anhelo de retrotraer el pasado y con él a las figuras que alguna vez hicieron grande a Millonarios. Su atraco en el puerto significaba la llegada de Cerveleón Cuesta y de Arnoldo Iguarán, dos estrellas que brillaron hace décadas y que al sol de hoy siguen siendo admirados por los hinchas azules. La reunión de exfutbolistas que supieron el valor de vestir la camiseta del embajador era algo que hacía falta para que el presente y futuro del equipo no olvidara su historia y entendiera una enseñanza que viene de nuestros mismos ancestros y pueblos indígenas, y que no es otra que reconocer el valor de nuestras raíces y de todo aquello que dejaron nuestros antepasados para ser lo que somos ahora.
Alberto Gamero ha dirigido 31 partidos desde su llegada a principios de 2020: ha ganado 14, empatado 11 y perdido seis. En la actualidad lleva un invicto de más de 14 partidos. Aunque su última derrota dentro de 90 minutos fue contra Cali en Copa Sudamericana, por liga no pierde desde el 19 de septiembre cuando cayó en condición de local por 1-3 ante Once Caldas.
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Como ya se dijo, los objetivos de Millonarios en 2020 no se cumplieron, pero bajo la dirección de Gamero el equipo ha venido mejorando, y en un ambiente que parece ser inédito en el último tiempo, el samario parece definir cada vez mejor la cara del cuadro embajador. Bajo su batuta no solo están Iguarán y Cuesta, que lo acompañan en su cuerpo técnico, sino que ahora tiene a otros referentes que siguen siendo del presente del fútbol. La llegada de Fredy Guarín y Fernando Uribe fueron sucesos que entraron en esa sintonía que empezó a brindar el entrenador desde el año pasado.
Son las virtudes de un líder. Un líder sabe integrar y convencer a su grupo de perseguir un ideal en común, de potenciar desde las diferencias a todo su equipo. Y Gamero, desde su liderazgo y también desde su conocimiento del equipo y de su historia, ha sabido acercar a personas que han vestido el azul en distintas épocas, de manera que no solo ha logrado inyectar experiencia, sino también innovación y sorpresa. Sus méritos en este tiempo próspero en Millonarios van desde la integración de viejos referentes y la formación de los jugadores que vienen de la cantera.
Si bien el proceso viene de años atrás, gracias a la visión de Gamero han surgido con mayor protagonismo jugadores como Juan Moreno, Andrés Llinás, Andrés Felipe Román, Klíver Moreno, Stiven Vega y Emerson Rodríguez. Tan valioso y significativo ha sido su apoyo a estos jugadores que tres de ellos, junto a Cristian Arango, fueron convocados a un microciclo de la selección de Colombia, hecho que no sucedía hace más de una década en Millonarios.
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“Hoy en día puedo decir que gracias al profe Gamero los canteranos tenemos una mejor calidad de vida y uno quiere retribuirle a toda esa gente que lo apoya siempre”, dijo Juan Moreno en entrevista para el diario AS.
No es solo el aspecto deportivo, es también el humano. Enseñarles más allá de las canchas y de las tácticas a los canteranos, impulsarlos para ser mejores personas y vivir mejor y en armonía con su entorno es también parte de su mérito. Hablarle a la hinchada directamente y defender a su grupo en los malos momentos y motivarlo en los buenos convierte a Alberto Gamero en un bastión para la esperanza de todos los que rodean a Millonarios y quieren verlo de nuevo alzando un título que reivindique los esfuerzos y las convicciones que reúnen al presente del cuadro embajador.