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Hace poco más de un año, Millonarios celebraba con euforia su triunfo en la Liga BetPlay frente a Atlético Nacional. Sin embargo, ahora, tras otro inicio de liga decepcionante, las mismas voces que exigían la continuidad del entrenador Alberto Gamero, ahora piden su despido. ¿Cómo fue que el equipo pasó del amor irrestricto al rechazo de buena parte de su hinchada en tan poco tiempo?. El juego no cambio, pero los resultados sí.
Para ponerlo en perspectiva, en 2019, el Barcelona de Ernesto Valverde estuvo a solo tres partidos de conseguir un histórico triplete: Copa del Rey, Liga de España y Champions League. Liderado por Lionel Messi y Marc-André ter Stegen, aquel equipo lograba tapar sus debilidades con buenos resultados. Sin embargo, un año después, cayó estrepitosamente 8-2 ante el Bayern de Múnich. Aquella vez solo cambió una cosa: el marcador ya no era suficiente para disimular las carencias del plantel.
La era de Alberto Gamero en Millonarios arrancó en 2020. Y producto de la paciencia y la planificación a largo plazo, el club se ha destacado por su estabilidad y buenos resultados, tanto deportivos como económicos. El técnico samario mejoró gradualmente el nivel equipo, llevándolo a ser el mejor del país en cuanto al juego. Sin embargo, el título de liga no llegó cuando su estilo más seducía, sino después, cuando hizo algunos ajustes y sacrificó estética por efectividad.
Durante un par de años los resultados validaron el trabajo de Millonarios, pero su juego no siempre. Y como todo lo que sube tiene que bajar, después de haber alcanzado la cima, era normal que la motivación y la presión disminuyeran. Lo extraordinario se convierte en ordinario, y así pasó. Si esto nos sucede a todos los seres humanos, ¿por qué no a los equipos de fútbol? Después de ganar la final el año pasado, Millonarios tuvo serios problemas para clasificarse entre los ocho primeros en los dos semestres. Aunque para los hinchas bastaba con avanzar a las finales, el problema radicaba en la manera poco convincente en la que sacó los resultados para hacerlo.
Millonarios logró victorias claves ante equipos como Once Caldas, Huila o Tolima, pero su falta de intensidad, y actitud provocó bochornosas e inesperadas derrotas ante rivales que le tienen la medida, como Jaguares y Águilas Doradas. El problema era evidente: los resultados ya no podían ocultar la realidad.
¿De quién es la responsabilidad de que esto suceda? Alberto Gamero seguramente quería mantener su racha ganadora, pero no ha encontrado la manera de hacerlo. Se nota confundido, como al equipo en la cancha. La dirigencia le brindó estabilidad, pero no reforzó adecuadamente al plantel, siempre cuidando no tomar riesgos económicos. Y la hinchada, que antes se dejó seducir por los resultados, se conformó.
Hoy, un buen sector de la afición pide el despido de Gamero, aunque no brinda ninguna solución o alternativa. ¿Qué entrenador podría mejorar lo que ha hecho el samario en Millonarios? ¿Por qué nadie dijo nada en el momento indicado? El técnico seguramente continuará, porque se ha ganado el derecho a terminar el campeonato, del que solo se han disputado siete fechas. Sin embargo, es el momento de tomar correctivos y apretar tuercas. Para los otros equipos, lo que pasa en el club embajador también debe servir de ejemplo. Todo proceso, por bueno que parezca, se debe ir renovando y ajustando.
Hace rato Millonarios viene jugando mal. Se volvió un equipo predecible, sin alternativas. Su declive se demoró porque los resultados taparon el bajón futbolístico, pero su forma de juego permitía pronosticar la crisis. La próxima vez, hay que analizar las formas antes que el resultado. Eso es lo último en lo que deberíamos fijarnos.
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