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El Campín se encenderá esta noche con una rivalidad histórica del fútbol profesional colombiano: Millonarios y América juegan por el orgullo, con la intención de evitar un cierre de temporada desastroso. Ambos están fuera de los ocho puestos de clasificación, con 14 puntos cada uno; los embajadores ocupan el puesto 16 y los escarlatas, el 14.
Una derrota dejaría a cualquiera de los dos rozando la eliminación. Con siete jornadas por disputar y el “número mágico” de 29 o 30 puntos para entrar a los cuadrangulares. El ganador podría meterse de lleno en la pelea; el perdedor, en cambio, tendría que encarar una remontada casi perfecta.
El duelo, entonces, no solo enfrenta a dos grandes instituciones de nuestro país, sino que también pone a prueba procesos a contrarreloj, hinchadas impacientes y a un par de entrenadores que conocen bien el peso de la exigencia.
🇦🇹 ¡𝗘𝗹 𝗥𝗼𝗷𝗼 𝗻𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗮𝗻𝘀𝗮! Seguimos preparándonos para la fecha 14. 🔥 pic.twitter.com/1c0p86fEmh
— América de Cali (@AmericadeCali) October 5, 2025
Y si alguien sabe de exigencias, ese es Hárrison Otálvaro. El exfutbolista caleño, que vistió ambas camisetas y levantó títulos con las dos. El “bambino”, que destacó con su creación de juego, disputó 110 partidos y anotó 10 goles con los escarlatas, mientras que con el cuadro embajador jugó 117 compromisos y registró la misma cantidad de goles.
Actualmente, trabaja en las divisiones menores de América, sembrando en los jóvenes el carácter que alguna vez lo sostuvo en noches como esta.
“Estoy contento, viviendo una etapa nueva. Todo lo que uno vivió en 18 años como jugador sirve para aportarles a los muchachos no solo en lo futbolístico, sino también en lo personal. En América trato de dejarles eso: que entiendan que el fútbol es, muchas veces, más que solo lo deportivo”.
Otálvaro, que debutó en América con apenas 17 años en 2003, salió campeón en 2008 con el equipo que lo vio crecer y repitió el sabor de la gloria con Millonarios. Por ese motivo guarda con cariño el recuerdo de ambas camisetas. “Tuve la fortuna de ser campeón en los dos. En América fue especial, porque era el equipo que me formó, donde crecí desde los 10 años. Y en Millonarios tuve un sabor particular: vivimos momentos difíciles y encontré un grupo que me acogió, una hinchada que exige, pero que te hace sentir vivo”.
Tener la oportunidad de formar en la casa donde debutó le da a Otálvaro una carga emocional. “Me da mucha felicidad, primero, que hayan confiado en mi conocimiento, en lo que viví, en lo que aporté al fútbol. América me enseñó mucho en todo sentido y me enseñó lo que es jugar en un equipo grande, que es actuar constantemente en esos clubes donde la exigencia es máxima”.
Su lectura sobre los proyectos actuales no se queda en la nostalgia. Sobre David González, a quien enfrentó cuando el antioqueño cuidaba los tres palos del DIM, confía en una evolución: “Es un entrenador que enseña mucho, que va a dejar una huella muy bonita aquí en América y de muchos buenos resultados. Le tengo mucha fe a su trabajo”.
Y sobre Hernán Torres en Millonarios, con quien fue campeón en 2012, reconoce otro tipo de virtudes: “El ‘Profe’ es un genio, es un buen manejador de grupos, un entrenador que te exige y conoce la ciudad, el equipo y el entorno. Eso es fundamental”.

Que Otálvaro haya vestido ambas camisetas lo convierte en un testigo privilegiado del choque de hoy. “Son instituciones grandes, que te exigen resultados siempre”, sintetiza. Y rememora los campeonatos que lo marcaron: “El de Millonarios fue más duro. En América nosotros caminamos y estábamos muy bien; eso se vio reflejado y nos direccionó al título. Con Millos fue más duro porque, paralelamente, estábamos jugando la Copa Sudamericana. Perdimos los dos primeros partidos de los cuadrangulares y logramos levantar cabeza en los últimos cuatro para llegar a la final”.
Veinte años del Suramericano Sub-20
Hárrison Otálvaro también sigue de cerca lo que pasa en el Mundial Sub-20, un torneo que lo conecta con su propia historia. En 2005 él fue parte de aquella generación que marcó una época junto a Radamel Falcao García, Hugo Rodallega y Dayro Moreno, un equipo que dejó huella por su talento y su carácter. “Nosotros hicimos familia, recuerda. Teníamos muchos sueños por cumplir, muchos objetivos. Desde el arquero hasta el delantero, todos queríamos demostrar que Colombia podía competir de igual a igual con Argentina o Brasil”.
La selección de Eduardo Lara logró el título del Suramericano Sub-20, un campeonato que fue bastante recordado debido a las grandes figuras que generaron recordación en el país. En aquella ocasión Colombia albergó el certamen continental y cumplió con su afición. Salió invicta en fase de grupos y en el hexagonal final mantuvo la tónica y logró el título del torneo.
En el Mundial de aquel año comenzó con la misma firmeza, arrasó en la fase de grupos y sumó nueve puntos. Sin embargo, le tocó medirse con la Argentina de Lionel Messi en octavos de final. Justamente, fue Otálvaro quien ilusionó a los colombianos anotando el primer gol del compromiso. Pero la jerarquía argentina en instancias decisivas y la magia de “la Pulga” fueron suficientes para darle la vuelta al resultado y ganar 2-1.
Su experiencia en una de las selecciones de mayor recordación de nuestra historia toma sentido en medio de la competencia de la actual selección sub-20, que celebra su paso a los octavos de final del Mundial de Chile. Colombia empató 1–1 con Nigeria en Talca y se quedó con el primer lugar del Grupo F.
Otálvaro confía en los dirigidos por César Torres, pero deja claro que es fundamental que los jóvenes de hoy no pierdan el “hambre” y las ganas de entregar su máximo potencial en cada juego. “El talento está, las capacidades están, las herramientas están. Solo es cuestión de poner el 100 %”.
Esta noche El Campín se mezclarán la memoria y la necesidad: la historia de un jugador que ganó con ambos y hoy forma talentos, el regreso simbólico de David González y la urgencia numérica de dos planteles que necesitan puntos. Millonarios y América no solo compiten por un lugar en los cuadrangulares, sino que se enfrentan a sí mismos, a la presión de sus hinchadas y a la cuenta regresiva del calendario.
Para quienes conocen este clásico desde dentro, la consigna es clara: carácter y concentración. Lo repite Otálvaro. Esta noche, cuando el balón ruede, esa máxima será la prueba más contundente: quien pone la cabeza y el corazón para sacar adelante una temporada que aún tiene mucho por decidir.
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