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Llegó la hora del partido más importante de clubes en el ámbito continental. La cita es en el Monumental de Lima, donde de nuevo tendremos una final brasileña. Palmeiras y Flamengo medirán fuerzas con el objetivo de levantar la cuarta Copa Libertadores de su historia.
En esta definición habrá solo un jugador colombiano en competencia: Jorge Carrascal. El volante cartagenero, habitual en el medio campo de la selección de Colombia bajo el mando de Néstor Lorenzo, llegó al Flamengo, de Río de Janeiro, con el objetivo de llegar huella.
Este fin de semana encara uno de los retos más importantes de su carrera. Será uno de los hitos de su vida como profesional, la cual arrancó hace más o menos una década en Bogotá, cuando Carrascal hacía parte de las divisiones menores de Millonarios, a las que llegó procedente de Heroicos Fútbol Club.
Neys Nieto, entonces director del fútbol formativo azul, detectó en él un potencial envidiable tras verlo con la selección de Bolívar. Ese salto temprano lo llevó a un entorno diferente al de su Cartagena natal e hizo parte de una generación destacada de la cantera embajadora.
Guillermo Villarreal, técnico de la sub-17 de Millonarios, lo dirigió con la sensación de estar ante un jugador distinto. Vio a un volante capaz con una facilidad técnica que pocos pueden presumir, pero también de alguien que necesitaba crecer en algunos aspectos para ser profesional. El profe Villarreal, quien dialogó con El Espectador sobre Carrascal, es un formador con más de tres décadas de trayectoria y ha trabajado con talentos que hoy son pilares del fútbol colombiano. Ahora dirige en Vencedores Fútbol Club, en su Pereira natal.
“Era un chico con mucha personalidad, un diamante en bruto al que había que pulir. Llegaba tarde y faltaba a algunos entrenamientos, pero todo se llenaba con verlo jugar, porque en los entrenamientos no era normal lo que hacía. Tomaba acciones inesperadas, era un jugador totalmente diferente”, recuerda Villarreal sobre el volante bolivarense.
En su primera entrevista con el equipo dijo que su ídolo en Millonarios era Máyer Candelo y de afuera le gustaba Ronaldinho, jugador con el que lo comparaban, aunque al cartagenero no le gustaba eso; también le decían “el Neymar colombiano”, apodo que tampoco vio con buenos ojos.
Jorge venía de un entorno hostil que le forjó una personalidad fuerte, circunstancia que le permitió mirar de tú a tú a cualquier rival. También se formó como jugador en las calles, donde la creatividad se impone a la táctica. “Era miembro de la Barra Brava del Real Cartagena, pero él realmente es un chico de un barrio donde las cosas se solucionaban por su propia mano. Eso no es fácil de corregir, pero veo que la madurez lo ha llevado a ser el jugador que es hoy”.
Carrascal hizo parte de una generación de canteranos de Millonarios que se consolidaron en el fútbol profesional colombiano. En la defensa estaban Andrés Llinás y Ómar Bertel; Stiven Vega aparecía en la mitad de la cancha, Harold Santiago Mosquera jugaba por la banda con Andrés Román de volante 10. Adelante la referencia de área era Ricardo Márquez.

Villarreal recuerda que Carrascal tenía desfachatez para tomar riesgos, sensibilidad para el balón y una naturalidad desconcertante para jugar. Pero también arrastraba la dualidad que nos afecta a todos los mortales, pues representaba un reto considerable en el aspecto disciplinario.
Tenía además un margen de mejora deportiva. No le gustaba marcar, retroceder ni ajustarse a una estructura rígida. Prefería moverse donde estuviera la pelota y convertir cada toque en una oportunidad para desequilibrar. También había que regañarlo para que pasara el balón.
Talento prematuro
“Yo creo en la libertad que debe tener un jugador virtuoso. Con él no había nada que hacer: cada vez que tocaba la pelota era muy difícil quitársela. Por eso necesitaba libertad, aunque también trabajo, porque era un jugador que debía aprender a convivir con la táctica”.

Su talento lo impulsó. A los 16 años subió por primera vez a entrenar con el primer equipo tras ser visto por Ricardo Lunari. En noviembre de 2014 debutó como profesional en un partido de liga frente a Deportes Tolima. Vistió la camiseta embajadora siete veces. En paralelo, era habitual en procesos juveniles de selección de Colombia sub-17. Entró en microciclos, jugó torneos suramericanos y se acostumbró al ritmo de competencia internacional. Esa experiencia reforzó su confianza.
“Él sabía claramente que lo iba a lograr. Yo le decía el rey del engaño, porque lo que hace en la cancha es impresionante. Es el típico jugador que convierte la gambeta en un arte, un maestro del engaño y la creatividad”, resalta Villarreal.
A recorrer el mundo
Tras salir de Millonarios, el cartagenero dio el salto al Viejo Continente. Pasó por el equipo juvenil del Sevilla, donde una lesión apenas le permitió jugar un partido oficial. Luego tuvo continuidad en el Karpaty Lviv, de Ucrania, donde demostró sus condiciones. Ese paso fue vital para que River Plate lo fichara.
En Argentina, comenta Villarreal, entendió la importancia del sacrificio y de integrarse a un bloque. Marcelo Gallardo le corrigió hábitos y le aumentó la intensidad defensiva. Ese aprendizaje fue decisivo. Dejó de ser un 10 clásico y se convirtió en un volante más dinámico y colectivo. Su paso posterior por Rusia, en CSKA Moscú, fue una prueba distinta. Ya había vivido lo suficiente como para entender que debía asentarse, madurar y responder con profesionalismo si quería trascender. Asumió la tarea y en esa misma época recibió de Néstor Lorenzo su primer llamado a la selección de Colombia.
Villarreal siguió con atención ese proceso y cuando se confirmó su regreso al fútbol suramericano, sintió que era la decisión correcta. Entendía que el estilo brasileño encajaba con su naturaleza creativa y que la vida en Río de Janeiro podía conectarlo con la alegría de su origen.
“Cuando escuché que iba para Flamengo pensé que era el sitio indicado. La idiosincrasia del brasilero, la playa, el mar…, todo lo que rodea esa ciudad. Ahora estamos viendo al jugador que queríamos ver y creo que todavía puede evolucionar mucho más”.
En el Mengão se ha sentido cómodo. Lleva tres goles y cuatro asistencias en 19 partidos. Encontró compañeros que leen su juego y un entorno donde su fútbol callejero no es penalizado, sino entendido como parte de su identidad. Ese respaldo ha sido clave para que aparezca su mejor versión. Villarreal prefiere no definir al Carrascal de ahora porque considera que eso sería limitarlo y que el fútbol no es de posiciones, sino de funciones.
La final de la Copa Libertadores lo encuentra en un momento favorable de su carrera. Flamengo busca consolidarse de nuevo en el continente y Palmeiras quiere extender su dominio reciente. Para Jorge Carrascal, es la oportunidad de confirmar su madurez en una de las vitrinas más exigentes del mundo.
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