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La tricolor, dirigida por el argentino Carlos Salvador Bilardo, formó con Pedro Zape en el arco; Hugo Valencia, Francisco Maturana, Astolfo Romero y Jorge Porras en defensa; en la mitad Pedro Sarmiento, Juan Caicedo y Rafael Otero, mientras en punta tuvo a Ángel María Torres, Eduardo Vilarete y Hernán Darío ‘El Arriero’ Herrera.
Este último se encargaría de adelantar a Colombia en el marcador a los 32 minutos del complemento, pero a cuatro del final, el central ibérico José Ramón Alesanco, decretaría la igualdad con la que se selló el encuentro preparatorio, ya que los locales se alistaban a disputar el primer juego eliminatorio del Grupo 2 contra Perú, y los visitantes, como anfitriones del Mundial del año siguiente, estaban de gira.
“Un empate de barrera”, titularía El Espectador la crónica de aquel juego, y ‘El Arriero’, 30 años después y hoy convertido en entrenador, coincide con él, al recordar que “enfrentamos un equipo bien conformado línea por línea que tenía figuras de talla internacional como el arquero (Luis Miguel) Arconada, José Antonio Camacho, (Rafael) Gordillo y Juanito. No fuimos inferiores al reto, al punto que marcamos primero y sobre el final en un tiro libre nos empataron”.
Herrera tampoco olvida la charla técnica de Bilardo, quien fue enérgico en el mensaje: “insistió mucho en que debíamos atacarlos, presionarlos arriba, no dejarlos ni respirar y más por el tema de la altura, entonces creo que en líneas generales pudimos cumplir con lo que pedía”.
En cuanto al gol, lo ubica entre sus preferidos “porque no todos los días se le marcaba a una selección mundialista y aparte la concepción fue buena. Participó Peluffo en la jugada, luego hice una pared con Vilarete y al quedar frente a Gordillo, definí suave por debajo, y lo único que lamento es que no hubiese alcanzado para la victoria”.
Al finalizar el juego, intercambió la camiseta con Juanito, legendario atacante del Real Madrid “y el jugador más importante de España en ese momento. Por acuerdo mutuo, él me dio la número 7 que tanto lo identificó y yo le entregué la 11”.
Un tesoro que aparentemente tenía bien guardado en la casa, “pero hace un tiempo me dio por buscarla y no la encontré, se me perdió o me la robaron, no sé qué pasó, pero el hecho es que alguien se me llevó ese lindo recuerdo”.
Al menos ‘El Arriero’ en su mente la mantiene y ahora que arranca una nueva faceta como instructor de deporte del Sena en Medellín, espera que hoy otro Hernán Darío, no en la cancha pero sí en el banquillo nacional, esté como él en su momento, a la altura de una exigencia llamada España.