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En Ibagué, Marco Pérez encontró su lugar en el mundo. A los 28 años, el delantero chocoano se convirtió esta semana en el máximo goleador histórico del Deportes Tolima, club al que llegó en 2014 procedente del Independiente Medellín.
El nacido en Quibdó, el 18 de diciembre de 1990, necesitó 201 partidos para superar las 72 anotaciones que logró John Charria en la década pasada.
“Esta institución nos lo ha dado todo a mí y a mi familia, la defiendo a muerte. Es un privilegio haber pasado a la historia de un club tan grande. Les agradezco a mis compañeros y a todos los hinchas que me han respaldado”, señaló el delantero, campeón con la camiseta vinotinto y oro de la Copa Águila 2014 y la Liga 2018-I.
Marco Jhonnier Pérez Murillo, como todo niño quibdoseño, practicaba fútbol día y noche en las calles de su barrio, en las que se preparaba para los “partidos serios”, en la cancha de La Normal o Chipichipi. Pero lo suyo fue instinto puro, porque nunca estuvo en una escuela de formación, nadie le enseñó a jugar. Antes de terminar bachillerato se fue a probar suerte al departamento de Boyacá, siguiendo los pasos de sus amigos Wason y Carlos Rentería. Se vinculó con Atlético Provincia de Sugamuxi y, a pesar de sus falencias técnicas y tácticas, fue goleador de la Primera C, en 2007.
Fue allí en donde Éver el Chaca Palacios le echó el ojo. Lo siguió durante un par de partidos y se lo recomendó a Eduardo Pimentel, dueño del Boyacá Chicó, quien no dudó en jugársela por él.
“A Marco le decían la Pantera. Era un delantero rápido y habilidoso. Sin mucho dominio del balón, pero con espíritu y voluntad”, recuerda Palacios, quien para la época todavía jugaba fútbol profesional, pero por su experiencia era muy escuchado por los directivos y el cuerpo técnico del cuadro ajedrezado.
En 2008 Pérez debutó en primera división y le aportó siete goles al plantel del Chicó campeón de la Liga, dirigido por Alberto Gamero. También estuvo en la selección sub 20 de Colombia, con el técnico Eduardo Lara.
Entre 2009 y 2012 jugó en el exterior. Primero fue a Gimnasia y Esgrima de Argentina, con el que marcó ocho goles en el único torneo que participó. Pasó entonces al Real Zaragoza de España, en el que vivió una amarga experiencia. El día de su presentación, cuando intentaba dominar el balón, se tropezó y cayó al piso. Fue el presagio de una temporada para el olvido, en la que hizo un gol en 18 presentaciones y no logró consolidarse. “En Europa me pasó de todo. Estaba muy joven y no me adapté, vivía en el horario de Colombia, me lesioné”, recuerda.
Por eso regresó a Argentina. Esta vez a Independiente de Avellaneda. Tuvo pocas oportunidades y se fue a Belgrano, en donde la situación no mejoró. Después jugó en el O’Higgins de Chile, antes de volver a Colombia.
Permaneció año y medio en el Medellín hasta que Gamero, quien había sido contratado como técnico del Tolima, lo pidió. Llegó a Ibagué sin muchas expectativas, pero de inmediato celebró el título de la Copa Colombia, en una final que le ganaron a Santa Fe.
Aunque era un jugador desequilibrante, no marcaba muchos goles y terminaba siempre como alternante. De hecho, apenas en 2018 se consolidó como titular indiscutido en el equipo tolimense. “Antes me quedaban dos o tres opciones y no metía ninguna, pero con dedicación, perseverancia y madurez fui corrigiendo mis defectos”, admite Pérez.
Y fue una de las figuras del título de Liga en el primer semestre de 2018, que lograron nada menos que ante Nacional, en Medellín, uno de sus mejores momentos en el fútbol.
En cinco años y 201 partidos, Marco Pérez completó 73 goles para meterse en la lista de los “históricos” del fútbol colombiano, esos jugadores que han marcado más anotaciones con una misma camiseta.
Hace apenas tres meses, el argentino Germán Ezequiel Cano superó en el Medellín el récord de su compatriota José Vicente Grecco, quien había logrado 92 tantos por allá a finales de los años 50.
Y es que cada vez va a ser más difícil superar todos esos registros, especialmente en los clubes tradicionales y con larga trayectoria en la Liga, porque a diferencia del siglo pasado, cuando los futbolistas duraban muchas temporadas en el mismo equipo, ahora las figuras nacientes sueñan con salir a jugar al exterior y son transferidos muy jóvenes, incluso casi sin experiencia profesional.
Imposible pensar, por ejemplo, que un jugador en el América alcance los 208 goles que hizo Antony de Ávila, quien disputó nada menos que 582 encuentros con los diablos rojos, entre 1992 y 2009, pues curiosamente, ya con 46 años, regresó a las canchas durante cuatro partidos y marcó dos goles.
No hay goleadores activos cerca de los máximos anotadores de Nacional, Millonarios, Cali, Santa Fe, Júnior y Once Caldas. Tampoco en tradicionales venidos a menos como Bucaramanga, Quindío, Pereira, Cúcuta y Unión Magdalena.
Entre los clubes más nuevos llama la atención el caso de Equidad, en el que el bogotano Stalin Motta sigue sumando goles y partidos. Lleva 69 anotaciones en 442 presentaciones y con 35 años aspira jugar varios torneos más para enriquecer su estadística.
Además, cualquier jugador que comienza a figurar en un equipo chico se va tras una o dos temporadas. Es la realidad del fútbol como negocio.
Por eso es muy meritorio lo de Pérez y Cano, quienes, sin embargo, están en una encrucijada, pues aunque quieren seguir aumentando su cuota goleadora en sus respectivos clubes, sueñan con que llegue una mejor oferta económica que les permita asegurar su futuro.
“Uno nunca sabe. Trabajo para mejorar cada día, para hacer goles y que se fijen en mí, en mi trabajo. Por ahora me enfoco en los cuadrangulares, en llevar al Tolima a la final y pelear el título. Ya tengo una buena experiencia en esto, y sé que hay cosas que no dependen de uno, así que no me debo preocupar sino por prepararme cada vez mejor, trabajar, dar lo máximo y disfrutar cada vez que salga a la cancha”, agrega Marco Pérez, un hombre que llegó en silencio a Ibagué y entró en la historia dorada del Deportes Tolima y el fútbol colombiano, pues pertenece también al club de los centenarios, porque lleva 109 goles oficiales en 383 partidos y 12 años como profesional.
