
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Eran obvios y previsibles los comentarios acusadores al homenajeado de la noche. Los que, en medio del festejo por los 225 goles de Dayro Moreno —el nuevo récord absoluto en la tabla de máximos goleadores del fútbol profesional colombiano—, acentuaban el “pero” en la grandeza de la gesta. Un brillante killer, un goleador de raza, un artillero como pocos, como esos que ya no quedan, que ya no brotan. ¡Un poeta de cara al arco, que escribió 225 versos, pero que era un indisciplinado, un fiestero y un borracho!
El sábado contra Medellín el tolimense consiguió una marca que difícilmente otro goleador colombiano romperá en décadas, en tiempos en los que al que mínimamente tiene olfato se lo llevan a Europa a que se consagre, en feroz batalla con otras promesas, o a que se estrelle estrepitosamente contra cumbres de expectativas inalcanzables.
225 goles se dicen rápido, pero se hacen lento. Pasaron casi 20 años para establecer esa marca y borrar las 224 dianas que encumbraron a Sergio Galván Rey como el goleador más destacado que ha pasado por la Liga colombiana. Por aquel entonces, cuando el argentino superó los 217 goles de Iván René Valenciano, en Once Caldas apenas estaba empezando a sonar el nombre de goleador nato, un pelao de Chaparral (Tolima), que tenía, como dicen, el arco entre ceja y ceja. En 2004, de la mano del entrenador que lo hizo debutar en 2003 —el campeón de la vida Luis Fernando Montoya—, Dayro Moreno ya había sido campeón de la Libertadores. Era una esperanza que prometía muchos goles, aunque no tantos. Nadie, de hecho, avizoraba el descomunal talento de un jugador que quedará para los libros de historia del FPC.
Para el goleador histórico su talento es una obra del destino. “Siempre fue así”, contó en medio de la celebración por el nuevo récord. Empezó a jugar al fútbol cuando aprendió a caminar y rematar al arco nunca le dio miedo. Contaba su hermana, en una entrevista, que una vez fue a verlo a un partido. Le dijo, al entonces precoz futbolista, que si hacía gol le daba un helado. Pero él, pícaro y a la vez conocedor de la magia que cargaba en el pie, le señaló que uno por gol, que esa tarde iba a hacer cinco. “Hágale”, respondió confiada. Y, al final, fueron seis.
Ahí, entre los pueblos de Tolima, en su Chicoral del alma, empezó la historia del máximo goleador del fútbol colombiano, el que anhela alcanzar otro récord más: superar a Falcao García y Víctor Hugo Aristizábal, y ser el máximo anotador colombiano de la historia. La marca está en 346, Dayro tiene 335. Todo, en su carrera, fueron sueños. Expectativas puestas en una larga fila de ambiciones, una a una, todas cumplidas. “Al salir de mi pueblo, de Chicoral, con 15 años quería ser jugador de Once Caldas, y lo conseguí; quería ser campeón con esta camiseta, lo conseguí; quería, después, vestir la camiseta de mi país, lo conseguí; salir al fútbol del exterior, lo conseguí. Ahora esto, el récord. Nunca voy a dejar de soñar”, afirmó tras el gol histórico.
Y había que dar todo ese contexto, una vuelta por la historia del goleador, para responder a las voces que, en medio del jolgorio por lo logrado, se quedaron, como regentes morales, en la disciplina faltante del goleador icónico. Su vida siempre va a ser juzgada a través de universos imposibles. Dayro Moreno no fue leyenda porque no quiso. ¿Si hubiese tenido la disciplina necesaria, hoy sería recordado como uno de los killers más influyentes a nivel mundial? ¿Nos perdimos un talento descomunal? ¿Dayro tenía para brillar en Europa o la selección de Colombia?
¿Por qué importa tanto ese relato? En esos imposibles se pierde el único universo posible: que con su desorden, su fiesta y su extravagancia, Dayro Moreno hizo historia. Que con casi 40 años encima, el ídolo albo se mantiene vigente y goleador como pocos delanteros que ha parido Colombia. Que el hijo pródigo volvió a casa, el Once Caldas que le abrió las puertas, para escribir historia con ellos. Y si hubo unas copas de más o no fue un humano perfecto, esa es historia para otro juzgado moral. En el de los goles, en el lenguaje de la cancha, Dayro Moreno, con sus 225 goles, habló como ningún otro delantero que haya pasado por las canchas más engalanadas y polvorientas de Colombia.

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?: Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador