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En las calles del barrio La Nevada, en Valledupar, Maireth Alejandra Pérez se enamoró. No había cumplido los seis años y ya sabía que su amor sería eterno y que el fútbol siempre haría parte de su vida. Jugar con los vecinos en la calle no era suficiente para la pequeña de pelo rizado. Por más de un año le pidió a su papá, Gustavo Pérez, que la llevara a un equipo o a una escuela de fútbol, pero él siempre respondía: “Mañana te llevo”, creyendo que era un simple capricho de su hija. “Un día le dije que él era como los presidentes, que prometía y prometía, pero no cumplía”, recuerda Maireth.
El comentario parece haberle impactado a Gustavo, quien una tarde entró a la casa donde su hija estaba viendo televisión y le dijo: “Apague y cámbiese que nos vamos a buscar equipo”.
Cero Grados era el nombre del primer club al que perteneció. Era de niños y no había ninguna categoría femenina, pero para una enamorada del fútbol como Maireth todo eso no importaba. El primer partido lo jugó con niños que le doblaban la edad. “Fue terrible. Le hice una figurita a un niño del otro equipo y a él le dio tanta rabia que me golpeó”, recuerda. Al final del partido le dijo a su papá que no quería volver a jugar al fútbol, pero una semana después, cuando se le pasó el dolor, pidió volver a los entrenamientos. (Le puede interesar: Colombia más cerca de clasificar al Mundial)
El talento de la pequeña era innegable, tanto que la escuela de fútbol El Futuro pidió a la jugadora prestada para viajar a competencias regionales y nacionales. Durante cinco años recorrió el Caribe colombiano, de torneo en torneo e incluso fue con este equipo que, con 8 años, anotó lo que para ella es el gol más recordado de su carrera futbolística: “Estábamos jugando la final de un torneo en Barranquilla, faltaban dos minutos para que se acabara el partido. Alguien tiró un centro y no sé cómo, pero cabeceé. Ni me di cuenta de que fue gol. Ya después me puse feliz, porque con ese gol quedamos campeones”.
Sin embargo, para su futuro fue más terminante el viaje a Sincelejo, en 2013. “En el Festival de Escuelas hay ocho niñas”, tituló el diario El Universal de Cartagena. “Sin importarles el qué dirán y sus condición femenina, entre los más de tres mil niños participantes, hay ocho niñas participando activamente de las competencias”. Una de ellas era Maireth.
“El primer penalti que me comí fue en la semifinal de ese torneo. Si hacía el gol ganábamos y si lo botaba, seguíamos cobrando. Lo boté y perdimos”, lamenta. A pesar de que erró, la jugadora, ya con 12 años, deslumbró a Liliana Zapata, presidenta y cofundadora del club Formas Íntimas, y Luz Estela Zapata, asistente técnica del mismo club. Ellas, además de tener el mismo apellido, comparten la pasión por el fútbol y su lucha por la inclusión de la mujer en el deporte.
La propuesta que le hicieron a Maireth era prometedora. Viajar a Medellín para jugar la Pony Fútbol le permitiría continuar con su formación como futbolista, pues en Valledupar ya no la dejaban jugar mucho, porque “se había empezado a desarrollar físicamente”. Para ella era una oportunidad única y soñada, pero a sus padres mandar a su hija sola para otra ciudad no les causaba mucha gracia. Durante dos años la familia Pérez Ramírez recibió llamadas de Liliana y Luz, que insistían en tenerla en su equipo.
En 2014 Maireth debutó en la Pony Fútbol con el grupo B Inder de Medellín, equipo que se coronó campeón del certamen. Gracias a su excelente rendimiento en la competencia, la vallenata de 14 años fue convocada para la selección de Antioquia, pero para ser parte del equipo departamental era indispensable que viviera en la región.
Ante semejante propuesta, Luz Dary y Gustavo no pudieron negarse, así que mamá, papá, Marya Liseth (la hermana mayor) y Maireth empacaron sus maletas y se fueron a Medellín. “Me fue muy bien ese año con la selección de Antioquia. También quedé campeona de la Liga con Formas Íntimas y fui la goleadora de la competencia, con 62 anotaciones”, cuenta la jugadora con orgullo.
Lamentablemente para los papás de Maireth la Ciudad de la Eterna Primavera no fue lo suficientemente cálida para quedarse. “A mi mamá no le gustó mucho el clima y para mi papá, que es maestro de obra, no fue fácil conseguir trabajo”. El regreso a la capital vallenata no le gustó mucho a Liliana, quien veía en la delantera un grandísimo potencial y no podía permitir que se desperdiciara. Llamada va, llamada viene, hasta que logró convencer a los padres de que mandaran a su hija nuevamente a Medellín.
“Viví todo un año sola en la Villa Deportiva. Fue muy duro. Lloré todos los días durante tres meses. Me hacían mucha falta mis papás. Igual allá uno lo tiene todo, era muy chévere. Sólo tenía que mantener el cuarto ordenado y bajar a comer, porque ya la comida estaba lista”, recuerda.
Pero aprender a vivir sola no fue el único reto al que se enfrentó Maireth. Para ella seguía siendo extraño jugar fútbol con mujeres en vez de hombres.
“Gracias a Dios Liliana y Luz siempre estuvieron apoyándome. Con ellas es como si tuviera tres mamás”, cuenta con los ojos aguados.
Su esfuerzo comenzó a dar frutos en 2016, cuando fue convocada por la selección de Colombia para el Suramericano sub 17. Aunque sufrió un esguince de segundo grado tres semanas antes del viaje a Venezuela, se sometió a terapias intensivas y llegó al torneo. Debutó con la tricolor. “El momento más feliz de mi vida fue cuando en el primer partido del Suramericano entré al camerino y vi mi apellido en la camiseta de la selección. Me puse a llorar”, admite.
Las buenas noticias no dejaron de llegar. Con la creación de la Liga Profesional Femenina, en 2017, y la alianza entre Formas Íntimas y Envigado F.C., Maireth se convirtió en una jugadora profesional. “No esperaba eso a los 15 años”.
¿Qué significa para usted ser futbolista profesional?. “El fútbol en mi vida significa todo. Creo que sin el fútbol no podría vivir. Ser jugadora profesional significa que los frutos de mis sacrificios se están viendo y que ahora puedo sacar adelante a mi familia. Me siento responsable de mis papás, que han hecho muchos sacrificios para apoyarme”, dice entre lágrimas, conmovida y agradecida por todo lo que el fútbol le ha dado.