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Un barco que poco a poco se hundía. Así recibió Fernando Pecoso Castro al Deportes Quindío a finales del pasado torneo. A punta de trabajo, su marca registrada, sacó al conjunto milagroso de los predios del descenso y de paso lo tiene peleando en los primeros lugares del clausura. Incluso se dio el lujo de vencer este fin de semana al flamante líder, Santa Fe.
¿Qué sabor de boca le dejó haberle ganado al líder?
Ganarle al puntero siempre va a ser importante. Así como me sorprendió Santa Fe por sus ganas de ganar, me sorprendieron mis muchachos porque jugaron supremamente bien.
¿Era un reto personal ganarle a Santa Fe por su pasado cardenal?
No, porque entonces sería un reto con todos a los que he dirigido. Cuando uno es técnico siempre quiere ganar, esa ha sido mi filosofía en cada equipo.
¿Cree que el gol de Léider Preciado lo va a encaminar?
Él es un goleador. Y no hay cuña que más apriete que la del mismo palo. Le anotó a Santa Fe, de donde lo sacaron por la puerta de atrás y por eso estaba contento, por la victoria y por el primer gol. Espero que con esto lo siga haciendo.
La parte económica sigue afectando al club, ¿cómo hace para que sus jugadores corran todo el tiempo?
A mí me gusta exigirles a ellos y acostumbrarlos a jornadas más largas de trabajo, porque el jugador colombiano no dispone de un tiempo para descansar, sino para ocuparlo en ocio. Eso lo único que hace es perjudicarlos.
Pero han parado entrenamientos porque no les pagan los salarios.
Ellos estaban en pleno derecho, pero sí les dejé claro mi postura. Si uno no entrena en la semana y juega el domingo es falta de profesionalismo y pone en peligro el rendimiento del equipo, y así uno no puede pedir. Primero se tiene que entrenar, después ganar y después exigir.
¿En qué ha avanzado el pago de dos meses de salario?
Hablo mucho con Hernando Ángel, máximo accionista. Hace poco le pedí que me colaborara para que pagaran un mes y así tenerlos motivados. La idea es que ellos se puedan ir a Navidad con el regalo del Niño Dios para sus hijos. Claro, si no estamos dentro de los ocho va a ser muy difícil que podamos tener algún premio, porque con resultados uno puede exigir para que el club, pese a que está pasando por un mal momento económico, no le quede debiendo un peso a nadie.
¿Qué piensa sobre el papel de Hernando Ángel, negativo para algunos?
El fútbol no es un negocio ilícito. Él tiene la fortuna de tener este equipo y es normal que venda jugadores. Acá no piensan en campeonatos, sólo en hacer jugadores y poderlos vender. Es normal que pase eso y por eso no lo censuro.
¿En qué sueña con el Quindío?
Sacarlo del descenso y después clasificarlo entre los ocho. Desde que inició el campeonato hemos estado adentro. Hay que darlo todo en estas cinco fechas para no salir.
¿No piensa en título?
No sueño despierto. Hay que ir paso a paso. Sólo creo en que hay muy buenos jugadores, que sería un buen animador del campeonato y, si nos metemos, analizaremos el nuevo objetivo.
Estuvo por fuera de los banquillos por un año y medio, ¿qué hace cuando no está activo?
Cuando no he trabajado me he ido a España, Italia, Argentina; me graudé de técnico en Chile en uno de esos períodos. Eso sí, todo de cuenta mía y sin deberle un peso a nadie. A donde he ido, me han dejado trabajar, vivo pendiente del fútbol. Algún día diré que no quiero más el fútbol, pero ojalá esté bien lejos ese momento.
¿Qué tiene para que lo vuelvan a llamar a dirigir?
A nadie le pido trabajo. Hace 40 años me tuvieron en cuenta para jugar con Once Caldas y desde ahí todos me han llamado. No me le regalo a nadie y por eso todos valoran mi trabajo. Mientras estoy fuera, leo mucho y no me alejo del fútbol.
¿A qué le atribuye su carácter?
Ese temperamento no lo venden en el Ley, en el Jota Gómez ni en el supermercado. Lo traigo de mi madre, Adiela Lozada, quien murió hace tres años. A ella le tocó, sin saber hacer nada, hacer de todo para darles de comer a sus siete hijos. Y nunca le pidió un peso a nadie, y a los siete nos sacó adelante. Desde los 11 que salí de quinto de primaria me tocó trabajar, no supe qué era un padre, a quien lo perdí cuando tenía ocho años, me tocó sufrir, me tocó saber qué es no tener zapatos. Pero gracias a Dios viví eso. Tengo ese don. No cualquiera trabaja 40 años en el fútbol. No todos pueden ser honestos y trabajadores.
Hay muchos que no piensan igual en el fútbol colombiano.
A un jugador que se gana 40 millones de pesos y se aburre porque entrena a doble jornada, no lo acepto. Así soy yo. Este oficio es muy lindo como para que alguien lo estropee y sea tan displicente con él. A nadie le permito vagancia, no permito que no sienta una camiseta y que irrespete a la afición.
¿Se pudo graduar después de que se salió en quinto de primaria para trabajar?
No. De ahí estudié en el Sena, en donde no le exigían a uno ser bachiller y pude graduarme como técnico automotor. Por eso entré a trabajar en la Central Hidroeléctrica siete años. Aunque jugué y trabajé los últimos dos, hasta que me dieron un contratico en el Once Caldas, y gracias a Dios me pude dedicar al fútbol.
¿De qué equipo es hincha?
Del Cali y nunca lo voy a negar. Tuve la oportunidad de recoger pelotas en el estadio de Manizales y en una oportunidad Álex Gorayeb, dirigente del Cali, me puso la mano en la cabeza y él me miraba y yo decía: “Uy, qué señor tan grande”. Y como los colores verde y blanco siempre me llamaron la atención me empezó a gustar.
¿Es un sueño cumplido haber jugado y dirigido en ese club?
Sí. Desde niño siempre soñé con jugar ahí y gracias a Dios tuve la oportunidad de hacerlo y de representarlo bien en las cuatro veces en las que estuve.