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Pintó muy bien, pero se destiñó

De presentarse el cambio de estratega, Eduardo Lara sería el primer candidato. El futuro de Jorge Luis Pinto es incierto. Los jugadores se quejan de sus determinaciones. Luis Bedoya y los miembros del Comité, tienen la última palabra.

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To be or not to be, sacar al técnico Jorge Luis Pinto o dejarlo en el cargo, esa es la difícil decisión que debe encarar el Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol, este martes, tras las dos derrotas ante Uruguay y Chile en el marco del último combo de la eliminatoria hacia Sudáfrica.

Catorce meses después de la última crisis, a raíz de la paupérrima actuación en la Copa América de Venezuela, el técnico vuelve a estar en la picota pública y son más los partidarios de su salida que sus defensores, incluidos los miembros del Comité Ejecutivo, quienes en definitiva serán los que tomen la determinación.

Tras la debacle en la Copa América, Pinto logró convencer al Comité de la necesidad de renovar la plantilla y que sus estrictos métodos disciplinarios aplicados en jugadores jóvenes y no contaminados servirían para indicar el deseado cambio. Producto de sus ideas, fueron literalmente borrados del grupo Iván Ramiro Córdoba, Mario Alberto Yepes y Miguel Calero. La llamada a calificar servicios de los generales de cuatro soles fue bien recibida por un gran sector de la opinión que encontraba repugnante el ambiente sindicalista de los mencionados y que recordaban que pertenecían a una generación que había fracasado en dos oportunidades en su intento de asistir a un Mundial.

Hoy, un año y dos meses después, Pinto enfrenta una nueva crisis. Un ambiente enrarecido y de crispación interna, producto de sus desavenencias con algunos jugadores que no están a gusto con sus exigencias de orden físico, sus determinaciones tácticas, convocatorias y su forma de ser.

El temperamento

Nacido en San Gil, el técnico tiene un temperamento clásico santandereano, enseñado a llamar a las cosas por su nombre. Pinto se diferencia de lo que pregona el afamado entrenador brasileño Luiz Felipe Scolari cuando dijo que "los seleccionadores deben ser primero unos políticos y luego unos entrenadores".

Pinto no negocia principios, se aferra a ellos y cree que él es propietario de la verdad y de ese comportamiento, ególatra y pendenciero, derivan sus principales problemas. En muchas cosas, construye su camino igual que el Presidente de la República, peleando con todos y siendo el único depositario de la verdad.

Cuando Pinto decidió que jugaría en Bogotá, dijo tener la fórmula en la parte fisiológica para que el equipo sacara ventaja del factor altura. Inventó una estación intermedia de la concentración y los jugadores pasan primero por Rionegro. El resultado no ha sido positivo. La sede en territorio antioqueño no ha representado ninguna ventaja para el equipo que, en la cancha se ha visto equiparado, y a veces superado, por rivales que llegan sobre la hora y no tienen problemas con la altura.

La concentración en Rionegro ha sido uno de los motivos para la polémica con algunos jugadores que se quejaron de una pésima preparación para el partido con Uruguay cuando el equipo debió entrenar en canchas embarradas, que les rompieron las piernas.

Fabián Vargas tuvo un altercado con el técnico cuando decidió retirarse de una práctica porque "tenía rotas las piernas, me iba a lesionar". Y algunos allegados al cuerpo técnico aceptan que la determinación de concentrar en Rionegro no "ha sido buena, el grupo se resiste a ella".

Tampoco le gusta al grupo la concentración en Bogotá en terrenos de la Policía. Se conoció que la noche previa al partido con Uruguay los jugadores no tuvieron un buen descanso pues debieron afrontar música con gran volumen y fiestas en su entorno.

A todo lo anterior, el técnico se mantiene obstinado en sus determinaciones y no acepta negociar temas con el de la concentración en Rionegro y en Bogotá. "Sólo ahora vienen con esos cuentos, cuando se pierden dos partidos. Cuando se le ganó a Argentina nadie se quejaba", expresó Pinto.

No resulta para nada curioso que cuando se fracasó en la Copa América, varios jugadores dijeron que el ritmo de trabajo en Barranquilla, previo al torneo, fue desmedido y que habían llegado en malas condiciones físicas.

La parte técnica

Pinto se precia, con razón, de ser un estudioso del fútbol. El técnico se mantiene vigente, observa videos, se nutre de conocimientos. El problema no es que esté desactualizado, el asunto es que los jugadores no le entienden y no están de acuerdo con sus ideas.

En la Copa América intentó apretar arriba a Paraguay, su pésimo planteo táctico costó un lapidario 5-0 y contra Chile hizo tal cantidad de movimientos que terminó por desbarajustar lo mejor, y lo único, que había tenido el equipo en la primera fase de la eliminatoria: una buena defensa.

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Un análisis serio permite observar que Pinto ha tenido que meter mano en las alineaciones iniciales, corrigiendo para los segundos tiempos, lo que lleva a la conclusión que equivoca el planteo, regala 45 minutos y después es difícil remontar los partidos. En los últimos dos partidos sacó a José Amaya para el juego frente a Uruguay, porque necesitaba estatura y Carlos Sánchez fue uno de los peores y el gol vino en una jugada aérea. Contra Chile se inventó a Amaranto Perea como lateral y desarmó la defensa, en la que la pareja Aquivaldo-Portocarrero no había jugado nunca junta, por lo que el eje de la zaga fue una coladera.

El único jugador que sabía que Yulián Anchico iba a ser titular era el mismo Anchico, por eso cuando dio la nómina ante Chile todos los jugadores se preguntaron de donde había salido ese invento. Y ubicar a Giovanni Hernández como volante de armado tirado en función de marca a la zona izquierda fue un pecado grave y significó abrirle la puerta al equipo chileno.

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Los jugadores ya no confían en sus determinaciones tácticas, producto de la inseguridad y la desconfianza que asalta a un estratega que sufre de insomnio y no cree en nadie. Su cuerpo técnico, en especial su asesor José Eugenio Hernández, es un cero a la izquierda a la hora de tomar las determinaciones. Su jefe lo ha relegado a un tercer plano y el único dueño de la verdad es Pinto.

Varios jugadores confiesan:"No le entendemos lo que quiere. Nos regaña por todo y las prácticas carecen de ritmo, son demasiado interrumpidas por sus gritos y su lenguaje no es claro".

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Incierto futuro

A pesar del mal ambiente, de la guerra intestina con algunos coroneles, de las dos derrotas en el último combo, del horrible planteo táctico y del pésimo partido contra Chile, algunos integrantes del Comité Ejecutivo no están decididos a licenciar a Pinto y desean abrir un compás de espera hasta el próximo doblete, en octubre, cuando se enfrentará a Paraguay y a Brasil.


Colombia ha cambiado de técnico a mitad de camino en los últimos dos fracasos mundialistas. Una conjura entre periodistas y los dirigentes Álvaro González y Gustavo Moreno llevó a sacar a Luis García, quien tenía al equipo clasificado para meter a Francisco Maturana, responsable directo del fracaso. Y con dos puntos de doce posibles, el Comité liquidó a Maturana, en la última eliminatoria, para colocar a Reinaldo Rueda, quien a pesar de hacer una magnífica campaña no alcanzó a clasificar.

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El otro punto de un relevo inmediato es encontrar un personaje dispuesto a medírsele a ese toro indómito de una eliminatoria donde las cosas no pintan bien. Matemáticamente, Colombia todavía tiene chance y se encuentra a tres puntos de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay.

Los técnicos acreditados en el país se encuentran trabajando, como es el caso de Óscar Quintabani, en Millos, o Hernán Darío Gómez, en Santa Fe. El único candidato visible que podría tener aceptación sería el comandante de las divisiones menores, Eduardo Lara, quien tiene la ventaja de conocer el 70% de este grupo, pues fue él quien los llevó al estrellato en la Sub-20.

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Colombia tiene cinco partidos en condición de local (Paraguay-Bolivia-Peru-Ecuador-Chile) pero debe visitar a Brasil-Argentina-Uruguay y Paraguay. Haciendo los 15 de local y ganando en Venezuela de visitante se conseguiría el tiquete, pues las estadísticas indican que 27 puntos son suficientes.

Empero, el tema pasa por otro orden y es la ausencia de un fútbol colectivo y ofensivo. Los 10 puntos de la selección son demasiado botín para tan poco volumen de juego y tan escasa producción atacante. Cuando Chile anotó el primer gol en Santiago, los jugadores se miraron y prácticamente aceptaron la derrota, pues ellos son conscientes de que cuando les marcan un gol no hay fórmulas ofensivas para emparejar.

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El tema, pues, resulta bien complicado y el ser o no ser que deben afrontar Luis Bedoya y su Comité Ejecutivo, será trascendental para el futuro. En algo sí parecen estar de acuerdo los dirigentes consultados: "Si lo vamos a sacar es ya y si lo vamos a sostener es para el resto de la eliminatoria".

Pinto dice que no…

Mientras que los jugadores de Colombia dicen, en secreto, que tienen fricciones con Jorge Luis Pinto, el técnico nacional niega cualquier clase de problemas. "Es cierto que hay jugadores a los que le falta madurez. Nuestro grupo es relativamente nuevo, muchos de ellos tan sólo llevan seis o siete partidos con la selección, pero los tratamos con mucha sutileza y no han existido inconvenientes, por lo menos que yo conozca", dijo Pinto a los medios. Él reitera que no está dispuesto a renunciar y que espera que la Fedefútbol tome decisiones.

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