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Llegaba el momento de decirles adiós a las canchas y para que esa despedida fuera menos dolorosa, quiso alejarse lo más posible del entorno y Estados Unidos fue el destino elegido. Pero ni siquiera en Nueva York pudo gambetear esa pasión hecha pelota, porque el club Long Island Rough Riders le dio todas las facilidades para que siguiera entrenando y jugando.
“Como la sede era cerca de donde vivía, me era fácil llegar a las prácticas en las noches”, recuerda Wílmer Cabrera, quien en Norteamérica, antes que dejar el fútbol, terminó proyectándose más en él, al vincularse con la Liga Profesional (MLS) a comienzos de 2007 y “al mismo tiempo trabajaba como entrenador en las juveniles de diferentes clubes de los órdenes regional y estatal, hasta que acepté la invitación para ser asistente técnico de la selección nacional Sub 18”.
En apenas meses, Sunil Gulati, presidente de la Federación Estadounidense, se convenció de darle el buzo de DT para la prejuvenil y en noviembre de ese año, “honrado acepté semejante reto, cuyo primer y fundamental objetivo fue el Mundial de Nigeria”.
Y justo en la Copa que comenzó ayer, este piloto comercial de helicópteros, graduado en 1999 en Cali, espera despegar como entrenador porque “en la aviación como en el fútbol no hay límites y así como uno nunca deja de ser futbolista, jamás dejaré de ser aviador, porque ambas cosas las llevo en la sangre”.
Por ahora, a sus 42 años recién cumplidos, “no está en los planes volar porque la dirección técnica me ocupa las 24 horas del día”. Y si fuesen necesarias más, lo haría encantado, porque “desde un principio supe que tenía liderazgo para manejar un grupo y la buena comunicación para enseñar y compartir con los jugadores todo lo que viví como futbolista”.
Vivencias le sobran, pero las que más recuerda por estos días son las de sus inicios, ya que como formador de nuevas generaciones tiene presente a “técnicos como Alonso Rodríguez en la selección Bogotá o Finot Castaño y Hugo Gallego en las juveniles de Colombia, quienes me enseñaron mucho y me dieron las bases fundamentales para tener un mejor futuro”.
Luego, con suficientes horas de vuelo a nivel profesional, encontró en “Diego Umaña, Gabriel Ochoa, Francisco Maturana y Hernán Darío Gómez las herramientas necesarias para ir puliendo cosas y tengo muchas cosas de ellos que incorporé a mi personalidad para podérselas transmitir a mis dirigidos”.
Y ahora que está al comando, se define como un “técnico disciplinado, tal cual soy como persona y fui de futbolista. La gente puede conocer al entrenador de acuerdo con su personalidad y a través de ella moldea su equipo, así que soy serio, trabajador, me gustan las cosas bien hechas, ordenadas, no le dejo nada a la improvisación y estoy pendiente de cada detalle”.
Igual acepta que como DT no puede ser ajeno a la turbulencia propia de los resultados y “son ellos los que lo mantienen a uno o lo llevan a otras partes, por eso siempre se debe tener la maleta lista y estar atento a lo que venga para seguir trabajando y, sobre todo, mejorando”.
Eso mismo les inculca a los jóvenes que ha seleccionado y con quienes convive desde hace varios meses, gracias al programa de residencia de la Federación, “que se aplica con todas las categorías menores en el campus de la Academia IMG en Bradenton, Florida. En la Sub 17, por ejemplo, son 40 muchachos los que tengo a cargo, los cuales conviven allí, entrenan en la mañana, estudian en la tarde y hacen todo juntos, lo que permite desarrollarlos mejor, porque como en ese Estado no se marcan las estaciones, se puede entrenar todo el año con un clima aceptable”.
Preparación entonces no le ha faltado y casi en su recta final, más de un sentimiento terminó chocando en su corazón el pasado 12 de agosto, cuando en el Broward County Regional Park de Lauderhill, Florida, Wílmer enfrentó a la prejuvenil colombiana por invitación suya. Experiencia que calificó como “muy linda, pero en mi profesión, sea cuál sea el rival, lo que quiero es imponerme. Son ellos o yo, y en ese sentido voy a defender a Estados Unidos primero que todo, porque el fútbol es competitivo y así se tenga a la mamá de uno al frente, uno quiere ganar”.
Al final el duelo con la tricolor terminó igualado a un tanto y tres días después volvieron a empatar a dos en el Central Broward Regional Park. Ambos juegos exigieron a sus dirigidos y les advirtieron lo que pueden encontrar desde mañana en África, donde espera que “la presión y los nervios normales del debut después se cambien por la tranquilidad y la felicidad de disputar su primer Mundial, porque es una experiencia única que viví como jugador en los años 85 (Unión Soviética) y 87 (Chile)”.
Ya han pasado varios años desde entonces, y así como superó varios exámenes en su carrera e incluso para hacerse piloto, ahora le esperan unas cuantas escalas en Nigeria que determinarán su destino inmediato en los banquillos.
Como jugador disputó cinco Copas del Mundo: dos juveniles y tres de mayores (Italia 90, USA 94 y Francia 98).