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En Uruguay el fútbol se vive por el peso significativo que ha tenido en su historia. Palabras como “garra”, “huevos” y “agallas” tienen un valor diferencial en el sur del continente, en ocasiones, más que en la técnica y en el trato al balón. Esa forma de sentir el deporte, que patentó la selección celeste con el grito ¡Uruguay nomá!, la llaman desde hace más de un siglo la garra charrúa.
Ese ADN competitivo, que cuenta con una mezcla de orden, carácter y rebeldía, ha viajado por el continente, y en Bogotá encontró un hogar particular. Independiente Santa Fe y Uruguay han construido un vínculo que no es casual. Con la llegada de Pablo Repetto ya son nueve los entrenadores uruguayos que han pasado por el banco cardenal en la historia.

El primero fue Juan Ricardo Faccio en 1983. Después llegaron los ciclos de Julio Comesaña, en los noventa y a comienzos de 2000. Más adelante, nombres como Gregorio Pérez, Guillermo Sanguinetti y Alfredo Arias intentaron dejar su huella con procesos irregulares. Pablo Peirano logró estabilidad por un tiempo y estuvo cerca de darle alegrías a la hinchada cardenal, pero salió de la institución tras perder la final contra Bucaramanga en El Campín y una prematura salida de la Copa Libertadores. No obstante, hay dos apellidos que quedaron grabados en rojo y blanco: Gerardo Pelusso y Jorge Bava.
Pelusso fue el estratega de la noche más internacional de Santa Fe. En 2015 condujo al equipo a la conquista de la Copa Sudamericana, el primer título continental del club. Aquel equipo tenía orden, oficio y una convicción inquebrantable en los momentos límite. Supo sufrir y golpear en el momento justo. Fue una versión muy cercana a esa mística uruguaya que entiende los partidos como batallas largas.
Bava, en cambio, protagonizó una historia breve, pero gloriosa. Llegó en marzo, tomó un equipo en marcha y, tres meses después, celebró la décima estrella cardenal. Nueve años llevaba Santa Fe esperando volver a ser campeón de Liga. Bava lo consiguió y se fue poco después, atraído por una mejor oferta desde Paraguay. Su ciclo fue corto, pero eficaz y recordado.

Hoy el turno es de Pablo Repetto. Fue anunciado en diciembre y comenzó trabajos a principios de enero. Su inicio no ha pasado inadvertido. En apenas sus primeros partidos levantó la Superliga frente a Junior, el gran favorito en la serie. Sin embargo, la Liga cuenta otra parte de la historia. Repetto está invicto, pero el balance es agridulce, con un triunfo y cuatro empates, que ha dejado sensaciones encontradas en la hinchada. El título contra Junior alimentó la ilusión, pero los empates reiterados invitan a la cautela.
El técnico ha pedido mesura, y en diálogo con El Espectador comentó: “Es muy temprano, porque nosotros comenzamos el 2 de enero. Llevamos un mes y hemos jugado seis partidos. Tuvimos una preparación corta también. Creo que el margen es amplio”. Repetto insiste en que el crecimiento debe ser progresivo, especialmente porque varios jugadores llegaron sin continuidad.
“Tenemos refuerzos que vienen faltos de ritmo, creemos que van a mejorar a nivel individual y mejorar en lo colectivo. En la idea de juego, estamos trabajando en eso, estamos a contrarreloj, porque tenemos que jugar seguido”, añadió. El calendario no le ha dado respiro. Incluso reconoció que ha debido priorizar el análisis en video por encima del trabajo en campo. “A veces tenemos que hacer más hincapié en la parte de los videos que en la cancha, porque no hay mucho tiempo. El tiempo ha sido más para recuperar que para trabajar”.
En lo táctico, tampoco se aferra a un estilo definido y, por el contexto, ha probado varios modelos en el campo. “Generalmente jugamos con un delantero y uno atrás de él. Por diferentes circunstancias utilizamos un esquema que quizá no es el que más nos gusta. No nos atamos a algo”, explicó.
Dentro de ese proceso aparece otro uruguayo, Franco Fagúndez, uno de los refuerzos del semestre proveniente del fútbol mexicano y que no llegó con ritmo competitivo; sin embargo, Repetto confía en las cualidades del delantero, a quien ya tuvo en su paso por Nacional de Uruguay y Santos Laguna de México.
Su adaptación a Bogotá no ha sido sencilla. “Los primeros días me costaron mucho, tema de la altura, dolor de cabeza. Era dura la falta de aire, pero hoy en día estamos mucho más acostumbrados”, contó.
Más allá de lo físico, el volante resaltó el respaldo del grupo. “Desde que llegué me hicieron sentir uno más. Me hicieron mantener la calma, que no me apresurara. Es lindo sentirse respaldado por gente con trayectoria como Hugo Rodallega, Daniel Torres y Andrés Marmolejo. Estoy muy feliz de estar acá y por la oportunidad”.
El entorno, además, no ha sido el más cómodo. El estado de la cancha de El Campín generó polémica y aplazamientos. Al respecto, el delantero uruguayo no se quejó ni quiso usarlo como excusa: “La cancha sí está fea, está fea para los dos equipos, tenemos que seguir trabajando”, dijo Fagúndez. Repetto, más institucional, agregó: “Son cosas que no escapan a lo nuestro. Esperemos que se hagan las mejoras necesarias”.
Santa Fe vive en una tensión particular. Viene de vencer con autoridad al favorito y sumar un título, que, por cierto, lo convirtió en el máximo ganador de Superligas en el fútbol colombiano. Además, está invicto, solo cuatro equipos más tienen esa distinción en este arranque de Liga. Sin embargo, los empates reiterados lo tienen fuera de los puestos de clasificación. La hinchada celebra la Superliga, pero exige más, aun cuando se acerca el debut en Copa Libertadores.
La conexión con Uruguay es una apuesta histórica por una manera de competir. Orden táctico, carácter en las finales y paciencia en los procesos. Por eso Repetto insiste en que lo importante no es solo ganar ahora, sino construir un equipo que crezca y se permita soñar con un nuevo título con ADN uruguayo.

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