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Santiago Beltrán, arquero de River Plate, ya había enviado su lanzamiento desde el punto penal a la bandeja más alta de la tribuna Centenario del estadio Más Monumental en Buenos Aires, Argentina. Era el último cobro del equipo de la banda cruzada. Si el rival convertía, todo terminaba. Más de 80.000 hinchas del cuadro de Núñez se agarraron la cabeza al mismo tiempo. El equipo millonario ya se había jugado todas sus cartas y solo faltaba que su rival le diera la estocada final para consumar el fracaso continental. En ese instante, esos que se congelan en el tiempo y en la historia, apareció en escena Weimar Banny Asprilla Mena. El portero de Independiente Santa Fe tomó el balón y, como pudo, lo posicionó en el maltratado punto penal, que luego de 21 cobros, siete de ellos errados, estaba lejos de ser un lugar seguro para cobrar una pena máxima. Asprilla sintió el peso de la responsabilidad en el cuerpo y entonces se puso las manos sobre la cadera, miró al cielo, en busca de un momento de paz, y probablemente recordó lo que dos semanas antes les tocó vivir a él y a su familia por cuenta de un cruel terremoto.
Oriundo de Quibdó, Chocó, Weimar Asprilla llegó al profesionalismo de la mano de Orsomarso en la segunda división del fútbol profesional colombiano. Hizo su debut en 2021. Deportivo Independiente Medellín, el dueño de su pase, lo había cedido. En el Poderoso de la Montaña nunca pudo sumar minutos, aunque sí apareció como segundo arquero en seis partidos de la Copa Sudamericana 2022. Tras jugar en el departamento del Valle, un año más tarde, los caminos del fútbol lo llevaron a Valledupar y también a Real Cundinamarca. Ahí permaneció hasta finales de 2024. En ambos clubes firmó actuaciones consistentes en momentos cumbre de la temporada, como los cuadrangulares de la B, ganándose la titularidad.
No obstante, su momento estelar llegó en Tigres, otro equipo del Torneo Betplay. En la escuadra bogotana se consolidó como un guardameta de proyección y para el segundo semestre de 2025, Santa Fe le puso las garras encima. Lo firmó por tres temporadas para ser el suplente de Andrés Mosquera Marmolejo, guardián consolidado del arco rojo y campeón de la Liga con el club cardenal.
Desde el banco, en 2026 sumó su primer título: la Superliga, que el León le ganó en el estadio El Campín y por goleada a Atlético Junior. No obstante, fue en medio de un partido este semestre contra Boyacá Chicó, el 8 de agosto, que cambió todo. Mosquera Marmolejo salió lesionado, forzando la entrada de Asprilla, que no solo ayudó a su equipo a sumar sus primeros tres puntos en la Liga, sino que también sostuvo el cero en la portería.
Pasado el nerviosismo de tener que salir al rescate del equipo en un momento complicado, llegó el que hasta ahora ha sido el rival y el encuentro más importante de Independiente Santa Fe en el año: River Plate por los octavos de final de la Copa Sudamericana. Sin embargo, nada se compararía con el tormentoso cotejo que le planteó la vida la mañana del 10 de agosto. Ese día, un sismo de magnitud 7,4 sacudió San José del Palmar, Chocó, expandiendo la onda destructiva a buena parte del país, especialmente Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, su tierra natal y donde residía su madre. Su papá estaba en Bahía Solano, un municipio pequeño pero muy famoso por el avistamiento de ballenas, pero ese día le tocó vivir una verdadera película de terror. El terremoto no dejó ajeno a nadie, ni siquiera al hijo del alcalde, quien perdió la vida en el temblor.
Ese lunes, a Weimar Asprilla también se le movió el piso,pero no con la dimensión que lo hizo donde sus seres queridos estaban. Con esa angustia tuvo que salir a entrenar. Con el corazón en una mano y el alma en la otra; sin conocer exactamente el estado de su casa y de su familia. Tiempo después, Asprilla supo todo lo que el movimiento telúrico dejó en ese lugar donde comenzó a construir sus sueños, que, sin saberlo, iba a comenzar a cumplir más pronto que tarde.
“Mis papás corrieron con suerte de salir a tiempo. Se perdieron muchas cosas materiales, pero en este momento lo importante es que ellos están con vida y con salud”, le dijo Weimar Asprilla a Señal Colombia en medio de una entrevista hecha en el centro de acopio que dispuso Santa Fe después de la tragedia.
Dos semanas después de ese momento, Weimar Banny Asprilla Mena llegó a Buenos Aires. Ahí estaba, a unos pasos de hacer historia con Santa Fe. Miro el balón en el punto penal, respiró profundo, mascó su chicle, dio unos cuantos pasos cortos, acomodó el cuerpo y lanzó un disparo al medio del arco. Casi de inmediato el Más Monumental, el estadio más grande de Suramérica, se enmudeció. Tan solo se escuchó, de fondo, el grito de los casi 2.000 hinchas del Expreso Rojo que viajaron a Buenos Aires con la fe que solo el hincha entiende, y que después Asprilla mostró en su camiseta de celebración. “Jehová es bueno, fortaleza en el día de angustia; y conoce a los que en Él confían”, Nahum 1:7.
Así se configuró la hazaña albirroja en Argentina. Weimar Asprilla encontró revancha de lo que la vida y la naturaleza le quitaron. Así se hizo el héroe más inesperado de una noche que comenzó a cobrar honra y sentido en la mañana del 10 de agosto.

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