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Carlos Valdés miró al cielo y pensó en su madre. Después de marcar el único gol del partido de vuelta de la Superliga colombiana entre Santa Fe y Millonarios, por allá en 2013, pensó en aquella mujer que murió cuando él apenas tenía 17 años. Para Valdés, ella lo era todo. Ese partido era especial —estaba marcado además por su regreso al cardenal tras un paso por el fútbol estadounidense—, sintió que su presencia lo acompañaba. “Sentí que ella estaba conmigo; en ese momento fue dedicarle el gol y recordar que estaba ahí”, menciona con nostalgia. Le gusta evocar ese momento.
Luego de anotar, Valdés corrió al tiro de esquina y abrió sus brazos, y fue justo en ese momento cuando a su mente llegó el rostro de la mujer que lo acompañaba en todo momento, incluso desde el cielo. Entonces, levantó ambas extremidades formando un ángulo de 90 grados y, con los dedos índices, señaló hacia lo alto. A pesar de los abrazos de Wílder Medina —eufórico por el gol—, sus codos y bíceps permanecían firmes como un roble. Cuando ya estaba a menos de un metro del banderín, con los colores rojo y blanco, del tiro de esquina, se arrodilló, aún con los brazos sostenidos hacia el cielo capitalino. Sus compañeros se unieron al sentimiento y se arrodillaron junto a él, todos formando un círculo.
El gol fue un poco extraño. Omar Pérez ejecutó un tiro libre desde más de 30 metros, a media altura, buscando el corazón del área. Yulián Anchico se lanzó en palomita y apenas logró rozar el balón, que pasó entre las piernas de Rafael Robayo y, tras un bote en el piso, le quedó servido a Carlos Valdés. El defensor controló con la izquierda y definió con la derecha, dejando a Luis Delgado, entonces arquero del conjunto embajador, tendido en el césped.
El defensa central vallecaucano recuerda esa acción como uno de los momentos más importantes de su carrera: “Esa final y ese gol son uno de los mejores recuerdos que guardo de mi paso por el equipo. Debutar de nuevo en Santa Fe, en una final contra Millonarios y marcar gol, si me lo preguntas, antes del partido, era el escenario ideal. Santa Fe trabajaba muy bien la pelota quieta. No fue un centro alto, fue bajito. Anchico intenta peinarla, casi hace una cortina; la pelota pasa entre varios y yo tengo la fortuna de desprenderme bien de la marca. Con el control ya había eludido al arquero; él pensó que la pelota iba a pasar de largo, pero cuando la paro, veo el espacio, el palo totalmente libre, y ahí la meto”.
Ese día Santa Fe venció 1-0 a Millonarios. En el partido de ida el conjunto cardenal se había impuesto 2-1, para un global de 3-1, que le permitió conquistar su primer título de la Superliga. Hoy, el equipo bogotano busca extender su buena racha en finales de este torneo: todas las Superligas que ha disputado (cuatro) las ha ganado. Para Valdés, quien hoy se dedica al análisis deportivo en medios de comunicación, aquel Santa Fe campeón tiene diferencias claras con el actual, aunque ambos comparten una misma exigencia: ganar.

“Si hablamos puntualmente de la Superliga, Santa Fe de 2013 tenía quizá más individualidades. Era un equipo con jugadores de mayor capacidad técnica, que intentaba jugar más con la posesión de la pelota y dominar a los rivales desde ahí. Tal vez no era tan vertical como los equipos de hoy”, recordó el exdefensor, y contrastó ese modelo con el presente del club: “Hoy veo un Santa Fe mucho más competitivo desde lo físico, quizá con menos individualidades, pero con un mejor comportamiento colectivo. Es un equipo que tiene una gran necesidad y una gran obligación de seguir ganando”.
Sobre el rival, Valdés advirtió que Junior es un equipo que no se da por vencido, incluso cuando parece dominado. “Junior siempre es muy peligroso. A veces parece que va por debajo, que lo están dominando, y al final termina saliendo adelante por medio de su jerarquía y sus individualidades. Más allá del resultado en Barranquilla, no hay nada sentenciado”.
Y añadió: “Es una final, y ese contexto es totalmente distinto. Muchas veces el jugador se sobrepone a las circunstancias adversas y termina dando más de lo que normalmente da”.
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El exjugador cardenal también se refirió al momento en el que se disputa la Superliga, un factor que, a su juicio, incide en la percepción del torneo. “Si la Superliga se disputara justo al final de la temporada o en pleno desarrollo del campeonato, los equipos llegarían con mayor ritmo de competencia. Pero ahora se juega prácticamente en la primera semana de trabajo, en plena pretemporada, y desde el escenario deportivo no es lo óptimo”, explicó. Sin embargo, fue enfático en que el título no pierde valor: “Son campeonatos que cuentan para la historia de los equipos. A veces parecen no ser importantes, pero cuando los pierdes, pesan y sirven para criticar o complicar proyectos deportivos”.
Valdés analizó el cruce como una serie equilibrada, marcada por las circunstancias de cada equipo. “Es muy parejo. Junior es el reciente campeón y demostró su capacidad ganando un cuadrangular muy completo. Santa Fe, por su parte, viene de un buen proceso, aunque el remate no fue el esperado. Hoy juega en casa, en la altura, y eso equilibra”.
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Finalmente, cerró su análisis mencionando la forma en la que se disputan estas finales, en las que el resultado no siempre premia al mejor equipo. “No siempre gana el que mejor juega, sino el que mejor gestiona las emociones y la presión. Ese equipo será el que tenga más posibilidades de levantar el título”.
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