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¿Cómo fue el proceso de escribir un libro sobre un deporte que usted acepta que no conocía bien?
Yo me acerqué a este tema porque dando una clase de historia del deporte me encontré con una falencia grande en la investigación historiográfica del los deportes practicados por mujeres. Escogí el fútbol porque la mayoría de mis estudiantes eran futbolistas y porque me parecía inconcebible que no existiera una investigación juiciosa sobre el deporte más practicado en Colombia. Por supuesto fue difícil porque no entendía cuando me explicaban sobre la estructura yo no sabía qué era el córner, por ejemplo, pero todas las personas que entrevisté, no sólo me entregaron sus testimonios y me contaron sus experiencias, sino que también se sentaron con paciencia a explicarme cuestiones deportivas y administrativas. Recuerdo que Liliana Zapata cogió mi cuaderno de notas y me dibujó las estructuras de las ligas para que yo pudiera entender lo que ella me estaba contando. También otras mujeres que eran entrenadoras al momento de la entrevista, me llevaron a los lugares de entrenamiento, para poder hablar con algunas tuve que ir a ver entrenamientos, también me invitaron a entrenar. Entonces, fue difícil porque no sabía mucho sobre fútbol, pero fue al mismo tiempo fácil porque todas las personas con quienes hablé sentían interés en esta investigación y no dudaron en explicarme.
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Usted habla en varias partes del fútbol practicado por hombres como un elemento de cohesión e identidad nacional, y afirma en un primer momento que eso incluye perpetuar justamente dinámicas de desigualdad social y otros malestares que tenemos como sociedad. Es difícil, pero, ¿cómo se cambia, más allá de las acciones institucionales, en las familias y en la cotidianeidad este hecho que rodea al fútbol en cuanto a exclusión y desigualdad?
Yo no creo que el fútbol practicado por hombres en sí mismo sea un elemento que construya y perpetúe desigualdades de género. Yo considero que las estructuras políticas, económicas y deportivas perpetúan las desigualdades cuando impulsan solo el fútbol practicado por hombres y exaltan ciertas características que se les atribuyen a los hombres-cis y que se presentan en contraposición con otras formas de existir en el mundo. Yo creo que son las futbolistas las que van a cambiar las estructuras del fútbol, no yo como académica que investiga. Sin embargo, mi esperanza sí es que haya transformaciones en esas estructuras, que el fútbol se entienda como un deporte popular y no se impida o se estigmatice que algunas personas lo practiquen, también considero que es urgente que haya un pago igual a los y las futbolistas profesionales. La brecha salarial en este deporte es abismal y aunque esto es un problema en todos los trabajos – que a las mujeres les pagan menos – en el fútbol lo argumentan como algo que debe ser así, que las mujeres apenas están empezando, que no se vende tanto cuando son mujeres, a mí me parece escandaloso. En el fútbol van diciendo, cuando no es cierto, que están empezando y si se vende menos es porque está estigmatizado aún. Es fundamental dejar de pensar que si las mujeres practican fútbol su trabajo vale menos, es central darle el reconocimiento y los derechos laborales que se merecen y además necesitamos que en las familias, en los colegios, en las universidades, en las canchas de los barrios todas las personas puedan practicar este deporte sin prejuicios.
¿Cree usted que el fútbol está ligado a la política y a las transformaciones sociales? Se lo pregunto porque, por ejemplo, en Colombia ha sido este deporte el que más ha crecido -reconociendo que con muchas trabas- con respecto a otras disciplinas, y sucedió en las últimas décadas con el crecimiento de los discursos y luchas feministas.
Yo creo que el hecho de encontrarse con personas que tiene intereses parecidos de manera grupal y organizada alrededor de algo – la práctica de fútbol- va a significar que se construyan espacios de debate y reflexión. El fútbol además se reconoce por tener lo que llaman el tercer tiempo, que es el espacio de socialización después de los partidos y por ser un deporte barato, al final sólo se necesita un balón y las canchas las han construido, en muchos casos, con la imaginación de dónde están los arcos. Por lo tanto, creo que cuando mujeres y disidencias se juntan en torno a este deporte, del que se les ha querido sacar históricamente, va a haber una pregunta sobre lo que es justo y lo que no, va a haber interés por hacer libremente lo que se desea. Entonces, creo que el fútbol, al ser un espacio que se ha querido impedir de manera sistemática a las mujeres, es un deporte que para su simple práctica exige organización, decisión y en algunos casos lucha para practicarlo, así que seguirá siendo un espacio de transformación.
La prensa es uno de los insumos más importantes en el libro “A las patadas”. ¿Cuál es su opinión frente a la función que cumplen los medios de comunicación en el deporte femenino?
Los medios de comunicación tienen un rol central en la forma como se construyen imaginarios sociales. Es evidente también la relación que hay de los medios de comunicación con partidos y posiciones políticas. En el tiempo que revisé prensa, por ejemplo, la revista Semana tuvo una época donde publicó algunas noticias de fútbol practicado por mujeres, pero cuando hubo un veto de parte de la Liga de la Decencia en Bogotá, dejaron de publicar sobre el tema por décadas. Los medios de comunicación son partícipes de la invisibilización e infantilización del fútbol practicado por mujeres.
¿Por qué es tan importante pensar en el concepto del cuerpo femenino al hablar de fútbol?
Porque el cuerpo ha sido uno de los argumentos para impedirles a las mujeres y los cuerpos feminizados que practiquen fútbol. Las prohibiciones que hubo en países como Alemania Federal y Brasil se dieron con el argumento de que era perjudicial para las mujeres practicar este deporte pues, por ejemplo, se podía salir el útero, los cuerpos supuestamente se masculinizaban y las mujeres perdían su deseo “natural” de ser madres. En Colombia, han sido las políticas públicas en torno a los deportes las que han construido las clases de educación física en los colegios y han hecho que haya unos deportes adecuados y otros no según las características que se les otorgan a los cuerpos.
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¿Cree usted que el fútbol está ligado a la política y a las transformaciones sociales? Se lo pregunto porque, por ejemplo, en Colombia este deporte es el que más ha crecido, aunque con muchas trabas, con respecto a otras disciplinas.
Yo creo que el hecho de encontrarse con personas que tienen intereses parecidos de manera grupal y organizada alrededor de algo —la práctica de fútbol— va a significar que se construyan espacios de debate y reflexión. El fútbol además se reconoce por tener lo que llaman el tercer tiempo, que es el espacio de socialización después de los partidos, y por ser un deporte barato, al final solo se necesita un balón y las canchas las han construido, en muchos casos, con la imaginación de dónde están los arcos. Por lo tanto, creo que cuando mujeres y disidencias se juntan en torno a este deporte, del que se les ha querido sacar históricamente, va a haber una pregunta sobre lo que es justo y lo que no, habrá interés por hacer libremente lo que se desea.
Usted dedica una buena parte a explicar cada una de las ligas regionales que componen el fútbol femenino en Colombia. Hay unas más desarrolladas que otras. ¿Qué decir de esa fragmentación y qué retos cree usted que hay que asumir para la integración de las ligas y las categorías para las garantías de las mujeres en este deporte?
Mi investigación se centró en cuatro ciudades, Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga, entonces son las ligas de esas regiones las que logro vislumbrar. Faltan muchas más ligas por investigar y por reconocer sus aportes. Ahora, las nombro porque fueron de los espacios institucionalizados en los que pudieron participar las futbolistas y más que una fragmentación porque creo que tiene que ver es en cómo está estructurado el fútbol. Lo que considero central anotar es la falta de recursos y es ahí donde debemos hablar de garantías para las mujeres. Las narraciones en este apartado son duras: cómo las han puesto a dormir en moteles, cómo llegan a canchas con grietas y peligrosas para ellas, cómo han tenido que unirse entre ligas para poder repartirse la comida para poder comer en los torneos. Yo creo que cada liga es distinta, la de Antioquia está muy bien organizada y, por ejemplo, sí tienen un archivo sobre las mujeres futbolistas. La de Bogotá en sus inicios se nutrió de jugadoras de la Universidad Nacional, La del Valle del Cauca intentó en los años 70 abrir un espacio para las futbolistas. La de Santander apoyó a las jugadoras ayudando a encontrar trabajos que les permitieran seguir en la ciudad. Aún así, las condiciones han sido muy precarias, en los torneos se ha pasado hambre y se ha dormido mal, y es posible que esto esté ligado con una poca financiación del deporte, en general. Es necesario revisar esos espacios y preguntarle a las futbolistas qué necesitan, cómo se imaginarían ellas unos escenarios dignos y seguros para la práctica deportiva.
Hace poco hubo una charla de fútbol femenino en el que se tocó el tema de la menstruación como un punto a tener en cuenta a la hora de formar/educar a hombres y mujeres para el buen desarrollo del fútbol femenino. ¿Qué piensa usted de este tema como unas de las vertientes de la salud para las mujeres en el deporte?
Me parece maravilloso que se hable de menstruación, ya es hora que en la medicina alopática se ocupen un poco más por los cuerpos de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Muchísimas personas sufren de endometriosis, ovario poliquístico, miomas uterinos y lo que se sabe al respecto es muy poco. Entonces, sí, creo que entre más vertientes de la salud empiecen a entender que su labor es acompañar lo que las personas necesitan y no normar lo que estos cuerpos deben hacer, muy bienvenido el debate sobre la menstruación. Ahora bien, si vamos a hablar sobre la formación deportiva, hablemos también de acoso sexual, hay que enseñarles a los entrenadores a no acosar, por ejemplo.
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Otro punto que me parece importante es el de la lesbofobia. Todo tipo de tabús han frenado y estigmatizado el fútbol femenino. ¿Cómo hablar también de este tema alrededor del fútbol? (Incluso podemos hablar de la homofobia o la transfobia, elementos que también señala usted en el libro)
En el fútbol practicado por mujeres ser lesbiana es un tema relativamente abierto, muchas futbolistas hablan de sus novias y muchas están casadas con mujeres. Sigue siendo un tema de estigmatización porque seguimos viviendo en sociedades profundamente lesbófobas y homófobas, pero las futbolistas, acostumbradas a tener que lucharse cada centímetro de la cancha lo hablan abiertamente. Aún así, a muchas mujeres y niñas se les impide o estigmatiza por practicar este deporte, por la lesbofobia de la sociedad. Por otro lado, creo que es mucho más difícil para los hombres hablar del tema, son muy pocos los futbolistas homosexuales que han hablado de esto abiertamente. Ahora, el transodio es un tema que en los deportes (como en la sociedad colombiana) es muy fuerte y tiene que ver con la labor que se les ha atribuido a los deportes organizados de construir cuerpos. Por eso, con los mismos argumentos que han relegado a las mujeres de ciertos deportes, como el fútbol, a los hombres negros de ciertos deportes, como en Brasil en la primera mitad del siglo XX cuando era prohibido que jugaran fútbol, las supuestas capacidades de los cuerpos son puestas en debate con el único fin de alimentar las políticas y los discursos transfóbicos que están ahora apoyando el debate sobre quién puede practicar qué deporte, siendo el único trasfondo la discriminación. Podemos hablar de deporte sin género, que se practique sin importar el género y para garantizar igualdad de condiciones que se piense en otras categorías, como altura, por ejemplo. Entonces, creo que es un tema que tenemos que seguir hablando, ni todas las futbolistas son lesbianas, ni todos los futbolistas son heterosexuales, y las personas trans tienen que tener todos los derechos garantizados, entre ellos, practicar los deportes que deseen.