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‘Al Qaeda no entrará a Siria’

En Damasco hay miedo porque las protestas contra el régimen sirio están siendo infiltradas por extremistas.

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Para los analistas de ese país es claro que la guerra sectaria se está convirtiendo en un conflicto regional.

“No puedo ni pensar que nos convertiremos en Arabia Saudita con su mentalidad retrógrada. Soy sirio, no me siento árabe. Árabes, ellos”, reflexiona Alí fumando narguile en el mítico Havana Café de la capital siria, clásico reducto de políticos e intelectuales durante seis décadas. “Claro que estoy preocupado; tengo esposa, hijos, madre, hermanas. Pero miedo jamás”, afirma este ingeniero electrónico, de 36 años.

Los sirios están viendo por la televisión estatal las imágenes de las víctimas que yacen descuartizadas en medio de los escombros, y un temor desconocido comienza a convivir con ellos. Después de la explosión de dos carros bomba frente al cuartel de seguridad y una comisaría en la norteña ciudad de Alepo, que dejó un saldo de 28 personas fallecidas y 235 heridos, se siente un impacto psicológico en la población que no se había dado antes.

“Al Qaeda nunca ingresará a Siria. No entrará a Siria. Eso significaría la destrucción de nuestra cultura y convivencia. Son monstruos fanáticos. Mashnum, mashnum (locos)”, dice Nabeel espantado, mientras junto a su familia visita el monte Casiún, que se eleva imponente. Desde él se puede observar toda la ciudad.

“No tengo miedo, sé que esta situación pasará. Pero nosotros sabemos que los países del golfo y los extremistas están detrás de estos atentados”, aunque reconoce que en el país eran necesarias las reformas democráticas y justos los reclamos que se iniciaron hace 11 meses. La amenaza es concreta. Según fuentes de inteligencia de Estados Unidos, terroristas de Al Qaeda estarían detrás de las explosiones. Luego de los atentados, el 11 de febrero se difundió por internet un video de ocho minutos donde el sucesor de Osama bin Laden, Ayman al Zawahiri, hace un llamado a la yihad —guerra santa— para derrocar al presidente Bashar al Asad.

En el mensaje, Al Zawahiri convocó a los musulmanes de los países vecinos de Jordania, Turquía y Líbano a levantarse y apoyar la rebelión contra Al Asad. Pero el anuncio de la llegada a Siria de salafistas —aliados de los opositores sirios— fue hecho por el jeque Adnan en la página web yihadista de los wahabitas saudíes. “En los enfrentamientos con los grupos armados, las fuerzas de seguridad sirias han arrestado a tres oficiales qataríes, 47 militares turcos y también a jordanos, iraquíes, pastunes y chechenos que han sido traídos desde Afganistán infiltrados en Siria”, confirma el doctor Bassam Abu Abdullah, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Damasco.

El académico, de vasta trayectoria en el exterior, asegura que “no han podido resquebrajar la unidad nacional, pese a la intensa campaña mediática y abiertas exhortaciones a la sedición por canales satelitales noticiosos y religiosos desde el exterior, especialmente desde Arabia Saudita”. Respecto a la incisiva ofensiva, ahora más abierta, la cual tiene a Qatar y a los saudíes como principales puntas de lanza, Abdullah expresa que “se les está acabando el tiempo y no han logrado sus objetivos”.

Así mismo reconoce, desde el vestíbulo de uno de los hoteles más típicos de la ciudad, que debido a la corrupción “que se enquistó en Siria” y a las actitudes caudillistas de algunos dirigentes locales se generó descontento, y parte de la gente protestó honestamente demandando reformas. “El régimen ha cometido errores”, añadió, “pero lo que estamos viviendo no es una revolución. Quieren dividir el eje que formamos con Irán y Hezbolá contra Israel, nada más. ¿Acaso Qatar y Arabia Saudita son ejemplos de libertad y derechos humanos?”, se pregunta.

Pero aclara que esas manifestaciones, que comenzaron en Daraa, en marzo de 2011, fueron utilizadas por fuerzas externas para desatar y azuzar un conflicto interno en Siria, incluso con el empleo de mercenarios y comandos bien entrenados de organizaciones radicales de salafistas, wahabitas y miembros de la Hermandad Musulmana. Entre los capturados —asegura el doctor Abdullah— hay sirios extremistas de esta hermandad que estaban radicados en Líbano.

Por ello existe justificada preocupación entre los ciudadanos sirios, pues todavía son imborrables las imágenes de los muertos, los heridos y el destrozo provocado por los ataques suicidas sin precedentes en la milenaria urbe de Alepo. La preocupación es obvia. Amigos y parientes se llaman, se envían mensajes telefónicos para advertirse que tengan cuidado, y se aconsejan no salir innecesariamente.

Cada vez es más claro que la guerra sectaria se está convirtiendo en un conflicto regional temido durante mucho tiempo. Los atentados en Damasco y Alepo, los asesinatos selectivos —como los del director de la Media Luna Roja siria en Idleb, el doctor Abdel Razaq Jbeiro, y el sacerdote ortodoxo Basilius al Nasser— y la intensificación de la violencia en el norte de Líbano, que viene directamente de las hostilidades sectarias en Siria, sugieren que el gobierno de Al Asad se enfrenta también a sus antagonistas más allá de las fronteras.

Los grupos armados han centrado sus acciones en ataques selectivos contra profesionales —incluidos técnicos extranjeros— que se han convertido en objetivos militares, además de los ataques a blancos económicos como gasoductos, oleoductos y torres de electricidad.

Además de que el líder ideológico de Al Qaeda convocó específicamente a los musulmanes de Irak para apoyar el levantamiento, en Jordania —otro país fronterizo, al sur de Siria— la influyente Hermandad Musulmana emitió un llamado a las armas alegando que es un deber para los musulmanes del mundo oponerse al gobierno de Al Asad, instándolos a una guerra santa, utilizando cualquier medio necesario. “Apoyar al pueblo sirio y al Ejército Libre de Siria es un deber, ya que se enfrentan a la injusticia y la opresión del régimen”, dijo el grupo en su página web.

Según analistas, al igual que Irak y Afganistán, es probable que Siria se esté convirtiendo en el campo de entrenamiento para una nueva era de conflicto internacional. Mientras tanto, la presión internacional contra el régimen de Al Assad continúa y aumenta el número de civiles muertos.

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