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Antes de que comenzaran los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Franco Previtali fue el enviado del Atalanta de Bérgamo a Suramérica para buscar nuevos talentos. En Colombia, más exactamente en Barranquilla, quedó sorprendido con Iván René Valenciano, un joven de veinte años que tenía un cañón en su pierna derecha, además en el uno contra uno, a pesar de no ser tan rápido, era potente y se llevaba lo que se le atravesara.
“Yo llegué a Barranquilla después del preolímpico, cuando mi representante, Gustavo Mascardi, nos contó a mi papá y a mí que había una oferta del Atalanta de Italia. No hubo que pensarlo mucho. De una aceptamos”, recuerda Iván René Valenciano en diálogo con El Espectador.
Luego de que el equipo nacional terminó su participación en los Juegos de Barcelona, un avión privado, alquilado por Atalanta, llegó hasta la ciudad española para llevar a Iván René a Bérgamo, en donde debía presentar los exámenes médicos y firmar contrato.
Acompañado por su padre, Ariel, y un emisario de Gustavo Mascardi, llegó a Bérgamo, en donde lo esperaban cinco periodistas cuyas preguntas casi no entendió y luego fue a hospedarse a un hotel de la ciudad. Al día siguiente, lo llevaron en helicóptero a Tívoli, en donde estaba comenzando la pretemporada del equipo, por esos días era dirigido por el italiano Marcelo Lippi.
Pero esa noche, antes del viaje para comenzar la pretemporada, el colombiano quiso deshacer el negocio y regresar a Barranquilla, a jugar en Júnior, su equipo, el que llevaba en el corazón. “Lo primero que sentí al llegar fueron ganas de salir corriendo. Nada me convencía. Yo tenía una idea en la cabeza que no fue. Esa noche, en el hotel, le dije a mi papá que regresáramos a nuestra casa, que no me sentía bien”, recuerda el Bombardero.
Fiorentina, con Luis Fernando Muriel, recibirá este miércoles a Atalanta, de Duván Zapata (3:00 p.m., DirecTV) en el juego de ida de la semifinal de la Copa Italia.
Un emisario del club supo de su deseo de no cerrar el negocio, así que inteligentemente lo contactó con el uruguayo Paolo Montero, quien hacía parte del equipo. Amablemente, el defensa charrúa lo pasó a recoger en su carro, le dio una vuelta por la ciudad y le habló de las bondades de Bérgamo y del equipo. Lo motivó a seguir y le ofreció todo su respaldo. “Nos tomamos un café, hablamos de todo y me convenció”, destaca Iván, quien comenzó a entrenar con el equipo de Lombardía.
Claro que su primer encuentro con el técnico Marcelo Lippi no fue del todo agradable. “Yo no te pedí, a ti te trajeron los directivos. No voy a contar contigo”, le dijo. Fueron pocas palabras pero suficientes para desmotivarse. Ni siquiera anotar siete goles en un partido amistoso de pretemporada fueron suficientes para que el entrenador viera las bondades del colombiano.
El tiempo pasó y Valenciano pensó más en su comodidad y en la de su familia que en ganarse un lugar en el equipo. “No me llevé a Italia a mi perro, porque en ese momento no tenía”, dice entre risas. “Viví con mi papá, mi mamá, mis hermanos, un primo, una tía, otra tía. Fuimos a vivir todos a Italia”. Lo hizo para no extrañar tanto la tierra.
No hizo goles oficiales, pero se enamoró de Bérgamo, una ciudad pequeña y diferente a las tradicionales italianas como Roma, Milán o Turín. “Es una ciudad muy católica, en la que hay muchas iglesias. Se vive muy bien y de una manera tranquila. Muy familiar. La gente te hace sentir local”, recuerda.
Hoy, esos caminos que recorrió sin éxito son los mismos por los que transita el caleño Duván Zapata, quien vive un gran presente con el equipo. Ha marcado 17 goles en la temporada, siendo el cuarto máximo artillero de la Serie A y uno de los delanteros más efectivos de Europa. “Lo que él está viviendo me alegra. No es fácil ser goleador en un club chico. Creo que está demostrando que merece una oportunidad en un equipo de mayor envergadura. Él sí está aprovechando su oportunidad”, dice el exfutbolista, quien rememora que apenas jugó una temporada (1992-1993) en Italia porque recibió una oferta de Júnior, en la que le pagaban el mismo sueldo de Europa.
“Tal vez esa fue una pésima decisión. Yo también pude ir en ese momento al fútbol español, pero preferí la casa. Quizá todo hubiese sido diferente”, se lamenta quien es el segundo máximo artillero en la historia del fútbol colombiano, con 217 goles.
“Atalanta es un equipo de obreros. El jugador más talentoso ahora es el Papu Gómez. Hacer esa cantidad de goles ahí es algo muy importante. Duván está para cosas mucho más grandes. Con la selección merece una oportunidad, la va a descoser”, sentencia el artillero costeño de 46 años, quien vivió en la ciudad que hoy es la casa de Zapata, el delantero de moda en Colombia.