
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En la cancha 1 del Aspire Zone, Colombia encara hoy su partido más importante en el Mundial Sub-17. La Tricolor, dirigida por Freddy Hurtado, es tercera del Grupo G con dos unidades. Corea del Norte, líder de la zona, se presenta como el rival más complejo que han enfrentado hasta ahora los jóvenes tricolores. Perder podría significar la eliminación, empatar no asegura nada y ganar, el escenario ideal, se antoja difícil.
Corea del Norte no es un adversario del que se conozca demasiado, pero merece respeto. En el ámbito profesional, el país asiático ha tenido apariciones puntuales: jugó los Mundiales de 1966 y 2010, sin continuidad en la élite. De hecho, ni siquiera clasificó a la última Copa Asiática. En su continente está lejos de potencias como Japón, Corea del Sur e Irán. Sin embargo, en categorías juveniles la historia es otra.
En la sub-20, los norcoreanos suelen ser animadores frecuentes del torneo asiático, pero es en la sub-17 donde más destacan. Han tenido participaciones regulares en mundiales y muestran un orden táctico que pocos equipos igualan. Su mejor resultado mundialista ha sido llegar a cuartos de final.
La potencia prejuvenil
Vale aclarar que el dominio más visible de Corea del Norte en el fútbol juvenil se da del lado femenino. Allí son una verdadera potencia: cuatro títulos mundiales sub-17 y tres sub-20 las respaldan. El pasado sábado, su selección femenina venció a Países Bajos en la final del Mundial Prejuvenil de Marruecos 2025, resultado que ratifica su proceso exitoso.
En contraste, el proyecto masculino no ha alcanzado ese éxito, aunque su estructura deportiva es la misma. El secreto del rendimiento norcoreano en categorías prejuveniles está en su sistema de detección temprana de talentos. En ese país, el deporte no es solo un pasatiempo, también es una herramienta política y de propaganda nacional.
Medios como The Guardian y The Soccer Dispatch han documentado que desde edades tempranas niños y niñas con condiciones atléticas son seleccionados en escuelas especializadas. Luego son enviados a centros de entrenamiento administrados por el Estado, donde practican a diario. No existen clubes privados ni academias independientes: el Gobierno controla todo el proceso, lo que permite concentrar recursos y dirigir los mejores talentos hacia la competencia internacional.
En esas academias, la formación es altamente disciplinada. Los jóvenes futbolistas entrenan durante largas jornadas, con énfasis en la obediencia táctica, la resistencia física y el trabajo en equipo. Esa fórmula limita la creatividad individual, pero genera equipos organizados. En un torneo sub-17, donde la madurez táctica marca diferencias, esos detalles son cruciales.
Ahí radica la gran paradoja del fútbol norcoreano: son competitivos de niños, pero se estancan al crecer. El aislamiento del país —la dictadura más hermética del mundo— impide que sus jugadores desarrollen carreras internacionales. A diferencia de los jóvenes de Corea del Sur o Japón, los norcoreanos muy rara vez son transferidos a clubes del exterior. El Gobierno es estricto con los permisos de salida y la mayoría de futbolistas pasa toda su carrera en territorio nacional.

Su liga doméstica, la DPR Korea Premier Football League, es semiprofesional. Los equipos pertenecen a ministerios, fábricas o instituciones militares, desde luego, todas estatales. La falta de competencia constante y exposición internacional hace que el salto al profesionalismo sea casi imposible. Por eso, aunque Corea del Norte forma juveniles disciplinados, los futbolistas que se han destacado en el exterior se pueden contar con ambas manos.
El Mundial de los norcoreanos
La selección sub-17 actual refleja esa mentalidad: no tiene figuras conocidas, pero sí un bloque sólido. En su debut en el Mundial de Catar goleó 5-0 a El Salvador, y en la segunda fecha empató 1-1 con Alemania, vigente campeón de la categoría. Colombia, por su parte, aunque también empató con los europeos no pudo con El Salvador, el rival más débil de la zona, lo que la deja ante una imperiosa necesidad de sumar.
Un triunfo clasificaría a la tricolor a la próxima ronda, pero un empate la dejaría a merced de los otros resultados. Freddy Hurtado y su plantel, liderado por Cristian Orozco y Santiago Londoño, no tienen margen de error. Aún así, hay confianza en el cuerpo técnico del combinado nacional. “Nos vamos a quedar el mes y seguro que con el fútbol de mañana lo vamos a hacer”, anticipó ayer el estratega tricolor.
El reto será doble para los colombianos, pues no solo tendrán que abrir el marcador pronto para que la desesperación por el inevitable paso de los minutos no les juegue en contra, sino también descifrar a un rival bien organizado. Los atacantes tricolores no quieren que las grandes oportunidades desperdiciadas ante Alemania y El Salvador les vuelvan a pasar factura, por lo que este compromiso es para matar o morir. La cancha 1 del Aspire Zone de Catar será el escenario de una final anticipada para el equipo de todos.
🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?: Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador