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Estados Unidos agrandó su leyenda en el fútbol femenino con su cuarto título en ocho ediciones del Mundial. Las norteamericanas, con goles de Megan Rapinoe, de penalti, y de Rose Lavelle, le ganaron a Holanda la final del la edición realizada en Francia.
Lyon se vistió de gala con las dos aficiones más coloristas del torneo, pero la igualdad en las tribunas no se trasladó al césped, con un equipo estadounidense netamente superior.
Queda por saber si Donald Trump invitará a las futbolistas estadounidenses a la Casa Blanca, ya que la capitana Rapinoe, elegida mejor jugadora del Mundial, comprometida en la lucha contra las discriminaciones, ya anunció que no acudiría a esa recepción, igual que la defensa Ali Krieger, y criticó al presidente norteamericano.
“Esto es increíble. Hay que pensar en todos los que han trabajado por esto, en todas las jugadoras. Tenemos a todas nuestras familias aquí. Esto es realmente extraordinario y surrealista”, declaró Rapinoe al final del partido.
“Esto es una recompensa. Es el día más importante. Estamos locas de alegría, pero también muy cansadas. No nos rendimos nunca, estamos unidas y nos entregamos al máximo para ganar”, añadió la goleadora.
El primer tanto del partido llegó de penalti, precisamente cuando Rapinoe aprovechó una falta dentro del área de Stefanie van der Gragt a Alex Morgan.
La central holandesa elevó mucho su pie izquierdo, tocando el hombro de la delantera estadounidense, por lo que la árbitra francesa Stephanie Frappart, con ayuda del VAR, señaló el castigo.
Rapinoe, que ya había marcado dos tantos de penalti, sumó su sexta diana, con lo que empató en el primer puesto de la tabla de goleadoras con su compatriota Morgan, ambas también con tres asistencias, aunque fue Rapinoe la que se llevó la Bota de Oro al haber disputado menos minutos que su compañera (394 frente a 445).
La delantera de 34 años, con el cabello teñido de rosa, fue declarada mejor jugadora del partido, algo que se hizo una costumbre en el Mundial después de haberse llevado este trofeo individual en octavos contra España y en cuartos frente a Francia, donde también marcó.
En semifinales contra Inglaterra, Rapinoe no pudo jugar debido a molestias musculares.
La final de este domingo fue la cereza en el pastel para Rapinoe, que acaparó los principales reconocimientos individuales (Balón de Oro y Bota de Oro).
Estados Unidos nunca se ha bajado del podio en los ocho Mundiales disputados, con cuatro títulos (1991, 1999, 2015 y 2019), un subcampeonato (2011) y tres terceros puestos (1995, 2003 y 2007).
A ese dominio aplastante hay que unir además cuatro oros olímpicos, en seis ediciones disputadas.
Además de estar en tres finales consecutivas, su entrenadora Jill Ellis es la primera que gana dos veces seguidas un Mundial, tanto en categoría femenina como masculina, desde que lo hiciera el italiano Vittorio Pozzo en 1934 y 1938.
“Este es realmente un grupo de jugadoras formidables y de personas excepcionales. Pusieron su corazón y su alma en esta aventura. No tengo palabras para agradecérselo lo suficiente. Es fantástico”, resumió Ellis.
Nota del editor: el titular de esta nota fue modificado para eliminar el sesgo machista que tenía en su versión inicial