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Se acerca la Eurocopa y la Copa América. Así que todas las federaciones que sueñan con reclamar un poco de gloria, una porción de historia, un pedacito de euforia, están cubriendo a sus seleccionados con nuevos vestidos, con mejores y más modernos yelmos de guerra.
Los partidos se definen en el campo desnudo, pero la indumentaria intimida, confiere habilidad, confianza y paz; crea armonía y hermandad, y unifica. La prenda correcta puede ser inmortal, puede mover masas e invocar un grito infinito de gol y podrá descansar en el ropero de un fanático fiel para siempre, esperando a ser invocada en los partidos importantes.
Así de significativo es y la selección de Dinamarca lo sabe. La Asociación Danesa de Fútbol (DBU), de la mano con Hummel, lanzó oficialmente la camiseta que su seleccionado va a utilizar en la Eurocopa. La marca de ropa deportiva danesa y la federación buscaron la forma de representar a todo un país, de agradecer cada pequeña fracción de generosidad, cada gesto de auxilio, de apoyo, de devoción y de fe.
Incluyeron deliberadamente y sin temor a lo que opinara el mundo los nombres de los 1.535 clubes de fútbol que integran la DBU, que conviven y compiten dentro de vasto territorio danés, en el interior de la camiseta. Todo un país involucrado en una sola prenda, con un solo objetivo. Desde Hummel, una marca local, hasta los cientos de jugadores jóvenes que alimentan sus sueños a diario, corriendo detrás de la pelota.
“Tenemos un claro deseo de ser el equipo completo de Dinamarca, inspirar a los niños y jóvenes y mostrarles cómo el fútbol puede unirnos. No se trata sólo de ganar, aunque esa sea la función principal de la selección nacional, sino que el fútbol puede hacer una cantidad increíble de cosas y estamos conectados en este gran sistema futbolístico de Dinamarca. Cuando un niño pisa el campo de fútbol local, no solo es miembro de un club; se convierte en parte de una historia más amplia sobre el fútbol danés que va desde las comunidades locales hasta la selección nacional; nunca debemos olvidarlo ni darlo por sentado” afirmó Peter Moller, director de la DBU.
Eurocopa 1992 y el milagro danés
En 1992 la mitad de la selección de fútbol de Dinamarca estaba de vacaciones. Los que jugaban fuera del país, en clubes extranjeros, estaban todos dispersos por el mundo. Sumergidos en pasiones ajenas al fútbol, con las piernas tranquilas, hibernando. Pero la Eurocopa estaba sufriendo una serie de estocadas críticas, ya que el continente atravesaba conflictos internos.
Alemania, máxima campeona del torneo, participaba por primera vez, desde la fundación del torneo en 1960, de, pues, desde 1949 hasta 1990 estuvo separada en dos razones políticas y geográficas, Alemania Occidental y Oriental.
Al mismo tiempo, Yugoslavia, dolida, salía expulsada del torneo debido a las sanciones internacionales que había recibido por la Guerra de los Balcanes. La Unión Soviética, que se caía a pedazos, se presentaba al torneo como la Comunidad de Estados Independientes. La organización se sumía en un caos precario y bizarro del que no se podía sacar ventaja.
Mientras estaban en casa los jugadores daneses ignoraban su sino y cuando fueron convocados, los 20 jugadores sintieron un escalofrío. Algunos no estaban preparados, tenían las extremidades entumecidas y otros simplemente no querían saber nada del asunto, pero la concentración se hizo con o sin su consentimiento, en la sede de la federación danesa.
Todos llegaron al lugar, a 20 kilómetros de Copenhague, con una frustración disfrazada y una vergüenza creciente. Faltaban unos pocos días para que se jugara la Copa y no estaban preparados, muchos esperaban que el motivo fuera diferente, que fuera algo más vulgar o sin importancia, pero Richard Moller Nielsen disipó la duda con suma rapidez, apenas estuvieron todos reunidos en el centro del campo. Irían a la Eurocopa, e irían a ganarla.
Cumplir con dicha profecía no fue fácil. Tuvieron que atravesar muchas ofensas durante la Copa, desde la mirada sonriente del equipo anfitrión, cuando los derrotaron en el segundo partido de la fase de grupos, hasta el rígido enfrentamiento contra Inglaterra, del que sacaron un punto, a pesar del temor y los temblores frígidos previos al choque.
También los vigentes campeones los menospreciaron, la Naranja Mecánica apenas si los volteó a mirar. Fue apenas faltando dos minutos, cuando Países Bajos empató el marcador, que los ojos de Ruud Gullit, Marco Van Basten, Ronald Koeman y todos sus compañeros estelares empezaron a dilucidar que enfrente tenían un equipo competente. Tanto así que la final se les terminó escapando desde los once pasos.
El Milagro Danés, como fue llamada la Copa, cuenta la hazaña de la primera, última y única vez, hasta ahora, que Dinamarca ha ganado la Eurocopa. Kim Vilfort recibió el balón tras un rebote que carecía de peligro. No miró hacia atrás, sabía que nada bueno o esperanzador podía surgir de los compañeros que se habían quedado rezagados y que lo miraban alejarse despavorido en dirección contraria.
Los defensas alemanes fueron cogidos por sorpresa. Kim corrió, inalcanzable, hacía el área rival, investido por una fuerza sobrenatural; enganchó y los defensas que iban a derribarlo se estrellaron entre sí con una expresión de duda. Luego disparó con la pierna izquierda con tanta furia que el balón se negó a permanecer dentro del arco, entró y salió erupcionado por una mano invisible.
Vilfort selló la victoria 2-0 al minuto 78, mientras algunos de sus compañeros caían al suelo invadidos por el llanto y la incredulidad. Dinamarca se proclamó campeona de Europa y nadie podrá jamás arrebatarle tamaña gloria.
Vestirán ahora, su nueva indumentaria desde el próximo partido contra Suiza, el 23 de marzo y luego contra las Islas Feroe el 26, y contra Eslovenia, ya en la Eurocopa, en su debut, el 15 de junio, y así por el resto del torneo. Hasta donde logren llegar.
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