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Ya no luce esa melena que le acariciaba los hombros hace tres décadas, cuando Julio César Falcioni era mucho más que un joven pintón. Los años pasaron y pocos rastros quedan de aquel arquero de América de Cali, donde jugó nueve años y ganó cinco títulos en cadena. Hoy, Pelusa, sobrenombre que adquirió en aquellos buenos viejos tiempos, es el entrenador de Boca Juniors, uno de los clubes más importantes del continente. Y a los 54 años le llegó el desafío más importante de su carrera como técnico, esa que empezó cinco años después de su retiro en Once Caldas. Se sentó en un banco caliente como pocos. Y en este breve tiempo en el que dirige al equipo xeneize, tuvo que lidiar con la presión que significa dejar afuera a Juan Román Riquelme, el histórico ídolo del equipo. Y ese ciclo que parecía encaminarse a un lecho de rosas en el comienzo de la temporada, cuando Boca se imponía a puro ritmo en los torneos de verano, ya empieza a recibir cuestionamientos. No sólo por la determinación del entrenador, la de prescindir de su máxima estrella. Los resultados que se habían cosechado en los amistosos estivales, por ahora, no tienen correlato en el campeonato doméstico. Aquel enamoramiento de los hinchas tuvo su cortocircuito en La Bombonera, hace dos fechas, cuando su equipo no pudo vencer al recién ascendido All Boys. Y este sábado, las alarmas se prendieron con mayor intensidad, al caer nuevamente (1-0) con San Lorenzo. Su permanencia ya está en tela de juicio. De todos modos, Falcioni confía en su proyecto, ese que lo llevó a ser campeón del fútbol argentino hace dos años, cuando dirigía a Banfield. Por eso asegura en Casa Amarilla, el búnker de Boca, a orillas del Riachuelo, a pasitos de Caminito: “Soy consciente de que Boca tiene que ganar todo lo que juega. Y, a pesar de los últimos resultados, estoy convencido de que estamos por el buen camino. No tengo dudas”. Vale esa confianza. En especial, porque Boca hace tres años que no gana un título. Y en un equipo que se acostumbró a ganar todo en los últimos diez años, la sequía resulta muy pronunciada y genera impaciencia. ¿Boca tiene suficiente jerarquía para volver ser campeón, pese a esta nueva caída ante San Lorenzo? El equipo tiene todo para ser protagonista y estoy seguro de que lo será a lo largo del torneo. Los campeones se definen en las cinco o seis fechas finales. A ese objetivo apuntamos. Queremos llegar con chances a ese sprint final. Es nuestro objetivo. Después de ganar el torneo de verano en Mar del Plata, aseguró que tiene el mejor plantel del fútbol argentino. ¿Es una estrategia de motivación o en serio cree que cuenta con los mejores jugadores? No es ninguna estrategia. Estoy convencido de que tengo lo mejor para afrontar este torneo. El grupo es muy dotado en el aspecto técnico. Y de la manera en la que estamos trabajando, seguro que está listo para dar batalla y jugarle de igual a igual a cualquiera. ¿Y cómo ve a los jugadores en estas fechas? Porque no parecen los del verano. La ayuda de los jugadores es fundamental para poner a Boca en el lugar que se merece, en el que tiene que estar. Para nosotros es vital que estén bien. Si no, los resultados no van a ser los que esperamos. Necesitamos compromiso y disciplina. ¿Está conforme con el nivel que mostró el equipo hasta ahora? A pesar de los partidos que perdimos, en estos partidos que jugamos fuimos uno de los equipos que más situaciones de gol fabricaron. Lamentablemente, convertimos poco. Pero tenemos un equipo sólido, que busca, encuentra espacios y que es protagonista. Creo que mereció más de lo que recibió. No tengo dudas de eso. Seguro que vamos a salir de este momento. ¿Con qué sistema táctico está más a gusto? Da la sensación de que Riquelme lo exige a jugar con un enganche y usted prefiere dos líneas de cuatro. Se cambia el sistema táctico porque no puedo contar con Riquelme. No hay otro jugador con sus características y por eso hay que buscar el mejor funcionamiento con los otros futbolistas del plantel. Pero todos saben que el sistema que más me gusta es el 4-4-2, es el que jugó en el verano y el que más me conformó. La semana pasada Riquelme dijo que estaba en condiciones de jugar. Cuando Román esté bien, seguramente volverá a jugar. Para que pueda volver a estar en el equipo, lo que tiene que hacer es seguir trabajando. Tuvo un resentimiento, una inflamación en una rodilla, y sólo trabaja en el gimnasio y con el kinesiólogo. En lesiones como la suya, una vez que el jugador se recupera, luego necesita tiempo para fortalecer la zona, así que por eso no puede estar con el grupo. No hay nada raro. Se dijo que estaba en conflicto con él… No estoy peleado con Riquelme. Ni hubo ninguna discusión ni nada por el estilo. Simplemente, tengo que tomar decisiones en cuanto a lo que creo que es mejor para el equipo. ¿Es difícil dirigir un vestuario caliente como el de Boca? El vestuario es de los jugadores y ellos son los que tienen que cuidarlo. Desde que estoy, no he visto una pelea. Pero Boca está en un lugar de preferencia. Y cuando gana es noticia, pero cuando pierde genera mucha más repercusión. Es así. Asume un riesgo importante al sacar jugadores históricos. ¿No le importa lo que diga la gente? La historia de un jugador es muy importante y no hay que desconocerla. Pero yo estoy convencido de que el momento y el rendimiento siempre son lo que prevalece. Con la historia no se juega. Y yo voy a poner el equipo que esté en las mejores condiciones para jugar. Su camino a Boca Boca siempre coqueteó con Falcioni. La primera vez fue en 1981, cuando Pelusa atajaba en Vélez Sársfield. Entonces, Hugo Orlando Gatti era el número uno xeneize. El tren pasó y siguió de largo, casualmente con destino a Colombia. Después, su apellido volvió a vincularse con La Bombonera y sus alrededores. Pero entonces la oposición de Diego Maradona, hombre de consulta del fallecido presidente Pedro Pompilio, inclinó la balanza a favor de Alfio Basile. También estuvo cerca cuando se fue Carlos Ischia, exjugador y entrenador de Júnior de Barranquilla. Pero el pulso se lo ganó Claudio Borghi. Le costó llegar a Boca, ¿no? El técnico o el jugador que dicen que no quieren jugar en Boca estarían mintiendo. Cualquier persona vinculada al fútbol sueña con estar en esta institución, que es una de las más grandes del mundo. Y ahora que se me dio, estoy muy feliz. Ojalá pueda cumplir con las expectativas. ¿Y le cambió la vida cotidiana ser entrenador de uno de los equipos más populares de un país futbolero? No, yo sigo siendo el mismo de siempre. Ni Boca ni nadie va a alterar mi manera de ser. Estoy en una etapa de madurez y no voy a cambiar a esta altura de la vida. Sigo yendo a los mismos lugares de siempre, me sigo juntando con mis familiares… En fin, lo normal. ¿Se ve dirigiendo en Colombia? Me han ofrecido volver allá, donde estuve diez años de mi vida y fui muy feliz en el aspecto deportivo y personal. Hace tres años, cuando me invitaron a una fiesta de América de Cali, me trataron de maravillas. La gente es espectacular. Pero quiero dirigir muchos años en Boca y ganar todo lo que se pueda. Ese es mi principal objetivo.