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A diferencia de James Rodríguez, que fue directo con Zinedine Zidane y le dijo al entrenador de Real Madrid que no quería concentrar y viajar para quedarse en el banco, Gareth Bale no pronunció palabra. Y por eso se volvió habitual verlo en las tribunas, con un tapabocas y sin saber qué hacer, tratando de matar el tiempo y los 90 minutos en los que no es usado por el DT francés a pesar de que ahora, por la modificación en el reglamento, hay cinco cambios.
Este lunes, en el duelo ante Granada, las cámaras lo enfocaron y él, sabiendo que lo harían, tomó un papel, lo envolvió y como si tuviera unos binoculares simuló estar muy pendiente del encuentro.
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A esto se suma lo que hizo en el duelo ante Alavés cuando tomó su tapabocas y se tapó los ojos para no enterarse de nada de lo que estaba sucediendo en el terreno de juego (como si estuviera tomando una siesta).
El mensaje es claro: Bale está aburrido en el Madrid, cumple con hacer lo que le piden, que en realidad es estar en el banco de suplentes, y espera que llegue pronto el mercado de pases para mirar su próximo destino y cerrar una historia en la que hubo momentos buenos, otros mejores, lesiones, polémicas y ahora todos instantes malos.