
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Antes de que Josep Guardiola se convirtiera en el entrenador famoso que ganó 14 títulos en cuatro años con el mejor equipo de la historia (el Barcelona 2008-2012), se fue a quizás la ciudad más futbolera del planeta: Buenos Aires. Allí habló con César Luis Menotti sobre sus ideas de juego. Pero le faltaba dialogar con alguien más: Marcelo Bielsa.
(El Barcelona de Guardiola: orígenes y revolución de una obra eterna)
El catalán condujo un carro por más de 300 kilómetros para llegar a la casa rural cerca de Rosario donde lo esperaba el Loco. Hablaron once horas seguidas de fútbol. Coincidieron en los gustos de ambos: un juego de ataque, de tener la pelota y agredir siempre al rival no dejándolo salir de su campo. El juego posicional fue eje de la charla y hasta las sillas hicieron las veces de delanteros. David Trueba, cineasta amigo de Guardiola y único testigo de la charla, tuvo que marcar a una de ellas en una ejemplificación de movimientos.
Una de las frases que más le quedó sonando a Pep fue cuando Bielsa le dijo que sus equipos “pueden jugar peor o mejor, pero el talento depende de la inspiración, y el esfuerzo depende de cada uno de los jugadores. La actitud no es negociable”. Ese mensaje sobre el esfuerzo lo repitió en diversas ocasiones en su periplo como técnico del Barça.
Tras el extenso diálogo futbolero y enriquecedor, en el momento de despedirse, Bielsa le preguntó a Guardiola:
—”¿Por qué usted, que conoce toda la basura que rodea el mundo del fútbol, incluido el alto grado de deshonestidad de ciertos individuos, aún quiere volver ahí, y meterse además a entrenar? ¿Tanto le gusta la sangre?”.
—Necesito esa sangre.
También en las cercanías de Rosario, el sendero de vida de Mauricio Pochettino cambió gracias a Bielsa. Junto a Jorge Griffa, quizás el entrenador más importante en la historia de las categorías menores de Newell’s Old Boys, el Loco estaba de noche disfrutando de un asado. En el ameno cruce de palabras, alguien dijo que en Murphy vivía un corpulento centro delantero de 14 años que estaba a punto de ser contratado por Rosario Central.
Le puede interesar: La peripatesis de Marcelo Bielsa en Leeds
“Nos vamos para allá”, dijo Bielsa. La puerta de Héctor Pochettino y Amalia Trossero, padres del jugador, sonó a las dos de la mañana. Griffa y el Loco entraron, conversaron sobre la agricultura a la que se dedicaba la familia del joven y preguntaron si podían ir a la habitación de él a conocerlo. Al verle las piernas se colmaron de impresión. Una voz expresó: “Son las piernas de un futbolista”.
Bielsa y Griffa se llevaron a Mauricio Pochettino para Newell’s, club con el que debutó (como defensor) en el profesionalismo en 1988 y con el que salió campeón en 1991 y 1992 bajo la dirección técnica del hombre que después lo llevaría al Mundial de Corea y Japón 2002 y del que aprendería diversos conceptos que aún aplica como estratega del París Saint Germain.
Este martes (2:00 p. m., Espn), dos admiradores del actual DT del Leeds United se enfrentan en el partido decisivo de una de las semifinales de la Uefa Champions League. Guardiola y Pochettino, dos entrenadores con algo de locura.