
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Aunque se habla de un respaldo oculto, todo el mundo lo sabe. Y a las mayorías no les molesta. Y de hecho festejan que un club pequeño, que solo tiene 30 años de historia, sea el nuevo campeón de Turquía. Para entender la hazaña de Istanbul Basaksehir hay que hablar del presidente de ese país, Recep Tayyip Erdogan, el hombre detrás de la hazaña y que pretende perpetuarse en el poder a punta de una demagogia tan bien estructurada que sus mandatos y decisiones tienen una apariencia democrática. Una estructura y un funcionamiento popular con base en la tiranía y en el manejo de las masas, de sus creencias, de sus sentimientos y, lo más importante, de sus sueños.
Erdogan, que realza cada vez que puede sus orígenes humildes para tener empatía con las gentes, nació en Dumankaya, una población cercada de montañas y de plantaciones de té. Y allí comenzó una carrera política que lo ha tenido como alcalde de Estambul y ahora como máximo mandatario de los turcos. Pero, ¿qué tiene que ver este personaje con el título de Basaksehir? Mucho, por no decir todo, pues cuando estuvo a cargo de la ciudad más grande de Turquía impulsó a un club que tenía apenas los recursos para sobrevivir.
En ese entonces, cuando era parte de la segunda división del fútbol de ese país, Erdogan se encargó de que las empresas públicas se hicieran patrocinadoras de la institución, sobre todo la de las aguas municipales, de donde salieron los fundadores del equipo en 1990. Con la ayuda estatal (Belediyespor quiere decir el equipo del ayuntamiento, es decir, de todo el mundo), Istanbul BB llegó a la primera división en la temporada 2007-2008 y con el ascenso apareció la construcción del Basaksehir Arena, estadio con capacidad para 17.500 espectadores, escenario no muy grande, pero propio.
Erdogan entendió que en un país de tantas divisiones (la mayoría es islamista) una forma de lograr unidad, pero sobre todo control, era a través del fútbol. Y por eso quería hacerse más visible, que lo heroico del título fuera relacionado con él, que cuando se hablara del club, las personas pensaran en su apellido y la historia del hombre humilde que surgió a pesar de la opresión y de las clases dominantes.
El poder político, a través del partido AKP (Partido de la Justicia y el desarrollo islamista), también perpetuó en el juego. Y lo que parecía un espacio de liberación, alejado de todo pensamiento y doctrina, terminó siendo otra manera de control. Por eso no es raro que la barra más importante del Istanbul BB se llame 1453 haciendo alusión al año en el que los turcos otomanos conquistaron Constantinopla.
Su ubicación, desde sus orígenes, también es estratégica. Al estar en Basaksehir, el barrio más europeo de Estambul y donde vive la mayoría de votantes de la AKP, garantiza el apoyo incondicional como otra manera de retribución. Porque en Turquía si usted vota a favor de las reformas constitucionales comandadas por el AKP eso se verá reflejado en bienestar, en centros de salud y escuelas. En otras palabras, si se necesita algo, el partido está ahí.
Un proyecto deportivo con base en los dólares
Desde que Istanbul BB llegó a la primera división el mensaje de los directivos, para cualquiera que llegara era claro: hay que salir campeones. Por eso este título en la temporada 2019-2020 puede que sea una sorpresa para los de fuera, pero no para quienes están dentro, pues durante la última década se ha trabajado para eso, para fortalecer la sede de entrenamiento, los contratos y la parte publicitaria. Hace un par de años, bajo el mando del entrenador Okan Buruk, llegaron Gael Clichy, el francés que brilló en Arsenal y Manchester City, Martin Skrtel, Demba Ba y la estrella más representativa, Robinho.
Esos nombres, y lo que significaron al interior del equipo, ayudaron a dar un salto de calidad y a que el equipo lograra dos subcampeonatos antes de ser el ganador. “Es un proyecto a largo plazo y por ahora queremos ir creciendo de manera paulatina para ser reconocidos en Europa”, dijo Erdogan cuando le preguntaron por la reciente consagración.
En cuanto a números el año fue muy bueno: 20 triunfos, nueve empatados y apenas cuatro perdidos para un total de 69 puntos, siete más que el segundo (Trabzonspor) y nueve más que el tercero (Sivasspor). Además, tres de los suyos en los primeros 10 puestos de los máximos goleadores (D.Ba, Visca y Crivelli).
El presidente sonríe, el partido de gobierno también. El primer paso ya fue dado: son apenas el sexto club en ganar la liga turca, casi siempre dominada por Galatasaray, Fenerbahce y Besiktas, y el más nuevo en hacerlo. Ahora se habla de que para la Champions que viene Mesut Özil podría ser la gran contratación, incluso İlkay Gündoğan, futbolistas de primer nivel a quienes habría como pagarles sus estrafalarios salarios gracias a los 21 patrocinadores que tienen en la actualidad, pero, sobre todo, gracias al apoyo del gobierno.
En twitter @CamiloGAmaya