
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Kylian Mbappé, ¿quién puede dudar de su talento? El francés, para muchos, es hoy el mejor jugador del mundo. El más desequilibrante. Su capacidad para romper defensas y convertir goles es indiscutible. En 2025 cerró con 65 tantos en el año calendario, cinco más que Harry Kane, e igualó un récord simbólico en Real Madrid: la marca de Cristiano Ronaldo, que había firmado 59 dianas en un mismo año vestido de blanco. Números de leyenda. Pero cifras que contrastan con una pregunta incómoda: ¿por qué un talento tan descomunal no ha logrado explotar en el club más grande del planeta?
La respuesta obliga a mirar hacia atrás. Mbappé fue un prodigio desde adolescente. En Mónaco estalló como una supernova y, junto a Radamel Falcao García, lideró aquel equipo irreverente que conquistó Francia y deslumbró a Europa. Poco después, con apenas 19 años, fue campeón del mundo en Rusia 2018 siendo protagonista absoluto. Velocidad, personalidad, gol. Parecía destinado a dominar una era.

Sin embargo, su carrera tomó un desvío inesperado. En PSG se convirtió en figura total del fútbol francés, rompió registros y acumuló títulos locales, pero nunca logró llevar al club a la Champions League. El golpe más duro fue no dominar Europa ni siquiera cuando compartió equipo con Lionel Messi y Neymar. Demasiadas estrellas, poco equilibrio. Y la fractura definitiva llegó con Luis Enrique: el técnico español no encontró encaje para Mbappé dentro de su modelo colectivo, basado en presión alta y compromiso defensivo. La negativa del francés a participar en esas fases terminó por aislarlo futbolísticamente.
Ese desgaste precipitó su salida hacia Real Madrid. Un club que ya era campeón de Champions al momento de su llegada y que había ganado cinco de las últimas diez ediciones del torneo. Madrid era el lugar natural para su consagración definitiva. Paradójicamente, mientras Mbappé aterrizaba en España con la etiqueta de máxima estrella global, PSG por fin encontró su identidad sin él y terminó levantando su primera Champions con Ousmane Dembélé como líder, un jugador perfectamente alineado con la idea de Luis Enrique: sacrificado en defensa, vertical en ataque, constante en la presión. El mosquito terminó ganando el Balón de Oro, otra obsesión incumplida que Kylian tiene pendiente.

El contraste, con todos esos elementos, es brutal. Mientras París celebraba, Mbappé acumuló frustraciones en Madrid. Hasta ahora solo ha ganado la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental de la FIFA. Perdió la Liga la temporada pasada, cayó en Champions y también en la Copa del Rey. Resultados impensables para un equipo construido para arrasar.
Esta temporada tampoco arrancó mejor: Real Madrid ya perdió la Supercopa de España y sigue luchando por sostenerse en Liga. En la Copa del Rey sumó una humillante eliminación a manos del Albacete. En Champions aún tiene margen y este martes enfrenta a las 3:00 p.m. a Mónaco, precisamente el club en el que Mbappé nació como estrella. El equipo compite, sí, pero la presión interna es tan alta que ni siquiera eso salvó a Xabi Alonso, despedido tras la derrota en Arabia contra Barcelona en la disputa por el primer título del año.
Desde entonces, Mbappé quedó en el centro del huracán. En España lo señalan como líder de un supuesto motín contra Alonso por un gesto que marcó la ruptura: tras perder la final, el entrenador pidió hacer pasillo a Barcelona y el francés se negó, persuadiendo a sus compañeros de no hacerlo. El episodio, que quedó en video ante los ojos del mundo, fue interpretado como una muestra de poder dentro del camerino.
Ojo a este vídeo porque me tiene llorando, Xabi Alonso llama a los jugadores para que le hagan el pasillo al Barça, y Mbappé le dice que para adentro, y como un corderito le hace caso. No he visto jamás un entrenador con menos aura y menos autoridad que él. Menudo meme. pic.twitter.com/1fSDuNYiJs
— Torren (@Torren__) January 12, 2026
La prensa lo enfrentó directamente ayer, en ronda de medios. Mbappé respondió con tono serio: “Decir que Xabi Alonso no ha triunfado en el Real Madrid no es verdad. Se fue antes de que se decidan todos los títulos. Ha perdido solamente uno, que es la Supercopa, el resto estamos vivos. Hemos perdido la Copa después”.
Luego, el francés añadió elogios a Alonso, que fueron interpretados como hipocresía: “Va a ser un grandísimo entrenador. Me gusta su visión del fútbol, su obsesión por los detalles”.
Pero también dejó entrever tensión: “No voy a hacer el tonto, claro que han pasado cosas. Es la vida de un gran club. Hay muchas cosas que se dicen que no son verdad”. Fue una respuesta cargada de molestia, más defensiva que convincente.
La crisis no es solo deportiva, también emocional. En el último partido en el Bernabéu la afición pitó al equipo, especialmente a Vinícius Jr. Mbappé salió en defensa del grupo: “Entiendo que nos silben, pero no debería ser a unos más que a otros. La culpa es de todos”.
Ahí está el enigma. Mbappé es el mejor jugador del mundo en el club más grande de la historia, pero no logra dominar. Siempre parece depender del sistema, del entrenador, del entorno. En PSG ya se dijo que el problema era de los técnicos; en Madrid, que se repite. La paradoja es devastadora: cuando el jugador más determinante no encaja ni siquiera en una maquinaria histórica que multiplica talentos, la crisis deja de ser individual y se convierte en estructural. Hay un contexto. Real Madrid tiene al mejor… pero aún no tiene al líder que tanto esperaba.v
🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?: Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador