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Real Madrid nunca fue profeta en Alemania. Las estadísticas lo anticipaban, pues en 21 partidos en tierras teutonas, sólo ganó uno hace más de diez años en Leverkusen. Esta vez, el Múnich —o la bestia negra del club merengue— lo derrotó 2-1 con un gol de Mario Gómez en los últimos minutos, en el juego de ida de la semifinal de la Champions League, disputado en el Allianz Arena.
En el primer tiempo, Real Madrid lució desdibujado, sin reacción y con pocas ideas en el ataque, contra un rival al que nunca superó al visitarlo. El equipo dirigido por José Mourinho sólo creó una jugada de gol clara en los primeros 45 minutos, tras el remate de Karim Benzema (7’) que aruñó el portero Neuer.
El Múnich, por el contrario, se apropió del balón desde el primer minuto. Con un equipo largo, pero bien parado, atacó por las bandas con el francés Ribery y el holandés Robben. Y a los 17 minutos, tras un cobro de esquina, vieron los frutos. Un rebote generado por Sergio Ramos dejó el balón en el pie de Ribery, quien definió rastrero al palo derecho de Iker Casillas. El equipo teutón nunca perdió cuando el francés anotó por Champions League (seis goles).
Pero la cara del Madrid cambió para el segundo tiempo. Al menos hubo más vertiginosidad en los ataques y los alemanes, acaso, entraron en un estado de confort, de relajamiento. Y precisamente un contragolpe español desnudaría tal actitud. Ozil, ex Bremen, filtró un pase para Cristiano Ronaldo, que solitario, definió con displicencia al cuerpo de Neuer. Pero ese rebote, luchado por la punta contraria por Benzema, se convirtió en un pase largo una vez más a Ronaldo y éste filtró a la mitad para que la tocara el alemán Ozil, quien ayer en su partido número 100 con el Madrid completó 14 goles y 47 asistencias.
Parecía que el juego finalizaba empatado a 1-1, el mejor negocio para el Real, pues Mario Gómez había desperdiciado un balón debajo del arco y sin portero, tras un rechace erróneo de Sergio Ramos. Pero fue el mismo delantero, de ascendencia española quien pudo reivindicarse y sellar el triunfo final 2-1, tras un pase por el costado izquierdo y definición con la punta del guayo.
La próxima semana en el Santiago Bernabéu, el partido de vuelta no será apto para cardíacos. Será a otro precio, pero la estadística, finalmente, sí influye. Y la bestia negra de los merengues, por ahora, lo ha empezado a intimidar de nuevo.