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A David Leonardo Castro Cortés lo apodaban el Bombardero de Kennedy. Creció en las canchas del suroccidente de Bogotá y pasó por Caterpillar, uno de los clubes más representativos de la capital en materia formativa. Sus condiciones lo llevaron a Millonarios, con el que debutó como profesional.
En el cuadro embajador se estrenó en 2008, en una época difícil para la institución. De ese tiempo conserva amistades, como la de Rafael Robayo, y el recuerdo agradecido hacia el técnico que más lo marcó, Óscar Héctor Quintabani, quien no solo le dio minutos en Bogotá, sino que años después lo acogió en Cúcuta.
El camino local de Castro lo llevó también por Equidad y Águilas, además de su paso por el extranjero. En Perú defendió los colores de Alianza Lima y CNI, y en Bolivia vistió la camiseta de Universitario de Sucre. Fue en el altiplano donde una buena actuación en la Copa Libertadores de 2015 le abrió una puerta que cambiaría su destino. En ese entonces, apareció una oportunidad al otro lado del mundo, en Sudáfrica: “Lo hablé con mi familia y fuimos como para ver qué nos encontrábamos. Era una prueba de dos semanas y al final fueron siete años”.
El Mamelodi Sundowns, equipo de un suburbio del mismo nombre a las afueras de Pretoria, lo recibió. El club estaba presidido por el magnate minero Patrice Motsepe, quien construyó una nómina ambiciosa con lo mejor del talento local y un puñado de suramericanos. El objetivo era la gloria continental.
Aunque llegó sin dominar el idioma, se untó del país que lo acogió, aprendió sobre su historia —incluidas las huellas de Nelson Mandela— y encontró una manera distinta de vivir el fútbol. En Sudáfrica, lo habitual era que los equipos entraran cantando a cada estadio y que el baile acompañara tanto la victoria como la derrota. La pasión, aunque profunda, se expresaba con alegría, no con violencia.
Se sorprendió por las advertencias que recibió sobre la seguridad en Pretoria. “Me decían que tuviera cuidado, pero yo crecí en Bogotá”, respondía para minimizar esos comentarios. Anécdotas de sus viajes por el continente hay muchas, entre ellas una de cuando fue al Congo y su equipo prefería comprar solo fruta porque la carne y el pollo no les inspiraban confianza.
Allí, entre destinos exóticos y choques culturales, Castro comenzó a descubrir otro mundo. “Uno cree que ha visto pobreza, pero lo que se ve en África es otra cosa. Había lugares en los que la gente le suplicaba a uno por ayuda”, recuerda.
En cada viaje descubrió la diversidad del fútbol africano. “Cuando nos tocaba jugar en países como Ghana o Nigeria lo más duro era el clima, el calor era muy fuerte. En el norte, en Túnez o Egipto también era duro, sobre todo porque allá los equipos eran todavía más técnicos”.
En Mamelodi Sundowns no tardó en adaptarse y salió campeón de todo. En el ámbito local alzó la Copa de la Liga y la Premier League. Se convirtió en el primer colombiano en ganar la Liga de Campeones de África (CAF Champions League), logro que considera pasó muy inadvertido en Colombia. También conquistó la Supercopa de la CAF.
La altitud de Pretoria (1.339 m. s. n. m.) jugaba a favor de los suyos. “Nosotros sabíamos que si sacábamos un buen resultado de visitantes, en la altura nos los llevábamos”.
En medio de su éxito, ocurrió un episodio curioso: un club lo contactó para hacerle una oferta, pero en realidad lo habían confundido con el otro Leonardo Castro, el delantero que en ese momento era figura del Medellín y hoy milita en Millonarios.
Su historia con Mamelodi terminó de manera abrupta a finales de 2017, por un desacuerdo contractual, pero no abandonó Sudáfrica: fichó por el Kaizer Chiefs, uno de los rivales directos de su antiguo equipo.
En nuestro país, un traspaso como ese habría sido escandaloso, pero allá fue recibido con naturalidad. “En Colombia tenemos una pasión muy loca. A mí me impresionaba que los hinchas acá, de diferentes equipos, podían ver el partido en paz, mezclados en las tribunas”.
El cambio le permitió tener el Soccer City Stadium —donde España levantó la Copa del Mundo en 2010—, como casa. En Johannesburgo dejó también su huella. Rozó la gloria continental en 2021, pero cayó en la final de la Champions africana frente al Al Ahly egipcio, el club más laureado del continente.
En total, Leonardo Castro disputó 185 partidos, marcó 45 goles y dio 18 asistencias durante su paso por África. Cuando su contrato terminó, a mediados de 2022, volvió a Colombia y tanteó con varios equipos, pero ninguna oferta lo convenció. “Me sorprendió que el salario que había cuando me fui no hubiera cambiado mucho a cuando regresé”, confiesa. Los seis meses que pasó libre los aprovechó para compartir con su familia después de tantos años fuera.
Desde 2023 juega para el Greenville Triumph, en Carolina del Norte, Estados Unidos. Vio en ese club —uno de cuyos dueños es el astro brasileño Ronaldinho— una oportunidad ideal para cerrar su carrera. En suelo estadounidense no solo se consolidó como pieza clave del equipo, sino que también obtuvo su licencia de entrenador, preparándose para el futuro después de colgar los botines.
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