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“Un’estate italiana (Un verano italiano)” es quizá la mejor canción en la historia de los mundiales. Sus melodías colman de emociones a quienes contaron con la fortuna de vivir Italia 1990 en presente y hasta a los que lo han repasado en libros, fotografías históricas y videos memorables aquel campeonato global, que comenzó el viernes 8 de junio de ese año con la derrota de Argentina 1-0 ante Camerún con un gol de François Omam-Biyik.
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La selección albiceleste fue protagonista de ese certamen. Venía de ser campeona del mundo con un Maradona inspirado tanto en el combinado de su país como en el Napoli de Italia. Por eso, la Copa del Mundo del 90 era especial para él y, aunque no poseía la gambeta en velocidad del 86, su talento excepcional para entender el juego hizo que Argentina fuera de nuevo candidata, pese a la derrota inicial contra el cuadro africano.
Los dirigidos por Carlos Salvador Bilardo se clasificaron uno de los mejores terceros tras superar 2-0 a la desaparecida Unión Soviética, y empatar 1-1 con Rumania. En octavos de final le ganaron a Brasil con el recordado tanto de Claudio Paul Caniggia a pase de Diego Armando Maradona. En cuartos comenzó la exhibición de Sergio Goycochea, exarquero de Millonarios, con su actuación en la definición desde el punto blanco de penalti.
(El récord de Walter Zenga en Italia 1990)
En semifinales, Argentina enfrentaba a Italia en el estadio San Paolo de Nápoles, la ciudad que ya amaba a Maradona por darle al Napoli su gloria. Razón por la que los napolitanos estaban divididos entre los que apoyaban a la Argentina de su ídolo y los que querían que ganara la selección de su país. Al minuto 17, Salvatore Schillaci, autor de goles claves para Italia en ese Mundial, aprovechó un rebote y abrió el marcador.
Los argentinos le alegaron en varias oportunidades al árbitro francés Michel Vautrot y continuaron luchando. Al 67′, de nuevo Caniggia peinó un centro que terminó en el arco italiano. Celebración argentina y 1-1. Debieron definir por penales. Italia entregaba sus ilusiones a Walter Zenga y Argentina, a “Goyco”, quien volvió a ser clave. Detuvo dos lanzamientos y puso al combinado suramericano en la final del Mundial, que perdió 1-0 ante Alemania tras un polémico penalti que decretó el juez mexicano Edgardo Codesal y que cambió por gol Andreas Brehme.