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La selección de Arabia Saudita confirmó su presencia en el mundial el jueves tras la victoria de Japón contra Australia. Los halcones verdes lograron su sexta clasificación a la cita orbital y su segunda consecutiva. No obstante, se presume que la estadía de los árabes en territorio catarí estará marcada por la hostilidad pues los anfitriones no tienen un buen recuerdo reciente respecto a los saudíes.
Todo empezó como consecuencia de la primavera árabe. Mientras los cataríes apoyaron la ola revolucionaria, los saudíes se opusieron a ella. Además, estos últimos y sus aliados consideraron que el Gobierno de Catar estaba financiando a los Hermanos Musulmanes, una organización islamista considerada como terrorista por países como Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU).
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Un agravante en la situación entre ambos bandos fue la cercanía de Catar con el gobierno iraní, el máximo rival político de Arabia Saudí. En el 2017 las tensiones llegaron a tal punto que Riad rompió relaciones con Doha. Eso implicó que los cataríes fueran excluidos del espacio aéreo y marítimo de la mayoría de países árabes.
En medio de esa crisis, Arabia Saudita, Yemen, Mauritania, los EAU, Bahréin y Egipto pidieron en una carta a la FIFA que reemplace a Catar como anfitrión del mundial ya que lo identificaban como una “base del terrorismo”.
Sabotaje a beIN Sports
El bloqueo afectó a beIN Sports, la principal cadena deportiva de Catar. En medio de la coyuntura diplomática surgió en Arabia Saudí beoutQ (que significa fuera Catar), una emisora de televisión pirata que operó desde territorio saudí.
El servicio enfrentó críticas de beIN, organismos deportivos y gobiernos por su infracción a gran escala de los derechos de autor. Los ejecutivos del canal acusaron a beoutQ de “robo a escala industrial” de sus contenidos y advirtieron que el servicio “normalizaba la piratería”. Citando el impacto del servicio, beIN se negó a renovar sus derechos de Fórmula Uno y de la Serie A italiana por su decisión de disputar futuras ediciones en Arabia Saudita. Tras lograr una compensación volvieron a transmitirlos.
En agosto de 2019 beoutQ cesó sus operaciones y, aunque afirmó que el motivo eran unas “actualizaciones”, nunca volvió al aire. En octubre de 2021, después de que se apaciguara la crisis diplomática, beIN afirmó que Arabia Saudita planeaba levantar la prohibición del servicio beIN Sports.
Cuando la hostilidad llegó a las canchas
En medio del conflicto se cruzó la Copa Asiática del 2019, disputada en los EAU, país aliado del reino saudí. Dubái queda a poco más de una hora de Doha, pero por el bloqueo aéreo, la selección catarí tuvo que hacer escala en Kuwait para llegar a disputar la copa.
El recibimiento para Catar en el emirato fue hostil. Sin embargo, su selección tuvo copa para el recuerdo. Cuando llegaron a la semifinal quedaron emparejados con EAU, un partido muy tenso por el ambiente político que había. En los actos de protocolo apenas se escuchó el himno catarí por la silbatina de los emiratís.
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A pesar de la hostilidad de los locales, Catar goleó con un contundente 4 a 0. Los hinchas lo tomaron muy mal y les arrojaron zapatos a los jugadores visitantes, un gesto muy ofensivo en la cultura árabe. No contenta con el resultado, la federación emiratí buscó una sanción contra Catar por usar jugadores extranjeros, pero la Federación Asiática de Fútbol la desestimó. Días más tarde, Catar se coronó campeón continental ante Japón.
Arabia Saudí, EAU, Bahréin y Egipto restablecieron relaciones con Catar el año pasado. Tras el fallido bloqueo Catar se volvió más autónomo y más fuerte en materia de defensa. Incluso, los vínculos de Irán con Doha se fortalecieron. El año pasado los monarcas de ambos países se reunieron con el fin de mejorar la situación. No obstante, las causas de la tensión todavía siguen sin resolverse.
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Las secuelas de casi cuatro años de conflicto diplomático tuvieron efecto en la Copa Árabe de la Fifa del año pasado. Allí Catar recibió a 16 selecciones del mundo árabe, entre ellas la saudí. Los hinchas de los halcones verdes destacaron por su ausencia y los locales no perdieron la ocasión de cobijar a sus vecinos con abucheos. Por ese antecedente, los saudíes saben que en noviembre Catar no los esperará con los brazos abiertos.