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Las lecciones del “Tata” Martino

El estratega argentino entró a la historia de la Copa América al convertirse en el primer técnico en llegar a dos finales de este torneo con selecciones diferentes: primero con Paraguay en 2011 y ahora con Argentina.

Gerardo Martino asumió la selección de Argentina en reemplazo de Alejandro Sabella. EFE
Gerardo Martino asumió la selección de Argentina en reemplazo de Alejandro Sabella. EFE
Foto: EFE - FELIPE TRUEBA

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“En algún momento lo veremos dirigir a la selección argentina, porque es un grandísimo entrenador”. Con esas cortas pero contundentes palabras Lionel Messi despedía a Gerardo Martino del Barcelona FC cuando éste anunció su salida del equipo azulgrana en mayo de 2014. No había cumplido un año al frente de la institución y los malos resultados deportivos hacían que el entrenador tomara un vuelo de regreso a su Argentina natal. Sólo cosechó el título de la Supercopa de España frente al Atlético de Madrid cuando recién llegó al banquillo. Sus expectativas de conseguir grandes cosas con uno de los clubes más grandes del mundo se derrumbaban con el pasar de la temporada.

Si bien salió afligido del Barcelona, nunca lo hizo con la cabeza agachada o por la puerta de atrás. Desde que era jugador, y también en su etapa como director técnico, se había enfrentado a innumerables dificultades, sorteándolas con profesionalismo y carácter. El Tata, a pesar de su fracaso con el club catalán, siempre supo que vendrían retos más grandes en su carrera y que ese no era el final.

Así fue. Tres meses después fue presentado como nuevo timonel de la selección de Argentina. Era agosto de 2014 y llegaba para relevar a Alejandro Sabella, quien acababa de salir subcampeón del mundo. Martino ya sabía lo que era sentarse en el banco de una selección nacional y que a ese nivel las cosas son a otro precio. Por eso desde el primer momento definió sus metas. La primera de ellas: coronarse campeón de la Copa América 2015.

Al Tata Martino y al equipo albiceleste todavía les falta un escalón para alcanzar ese objetivo. Por tal razón, el próximo sábado 4 de julio estarán dispuestos a dejar todo sobre el gramado del estadio Nacional de Santiago de Chile, cuando se encuentren con el combinado local. En efecto, es un partido a muerte, ya que desde hace 22 años Argentina no celebra un título internacional.

En la edición de 1993, en la cual consiguieron su último campeonato continental, derrotaron a México 2-1 en el partido definitivo. Una final disputada en territorio ecuatoriano, que se jugó casualmente el 4 de julio de 1993 y en la que Gabriel Batistuta fue el gran protagonista al anotar un doblete.

Para el Tata el camino con Argentina en esta Copa América ha sido positivo. Acumula un saldo de tres victorias y dos empates. Pero más importante aún resulta la consolidación progresiva de un proyecto integral, en el que el seleccionado nacional ha ido recuperando su identidad. La mística, como la llaman los hinchas. Martino sabe que debe ratificar con títulos el subcampeonato obtenido en el Mundial de Brasil 2014. Por eso la Copa América es una gran oportunidad para que sus dirigidos y todo un país se convenzan de su proyecto.

Él quiere imponerle su sello a esta selección, con un fútbol fluido y contundente. Ya lo hizo cuando estuvo al frente de la selección de Paraguay y terminó como subcampeón de la Copa América de Argentina en 2011. Con los guaraníes también llegó hasta cuartos de final del Mundial de Sudáfrica en 2010. En aquella instancia puso contra las cuerdas a la selección de España, que a la postre se coronaría campeona del mundo.

Para muchos, el haber llegado hasta la final de esta edición de la Copa América puede ser una revancha para el Tata por lo sucedido con el Barcelona, pero su idiosincrasia, lo que demuestra dentro y fuera de las canchas, indica lo contrario. Más bien esta es una de sus lecciones. Así como cuando rechazó una jugosa oferta para dirigir a la selección de Colombia en 2011 y se vinculó con el Newell’s Old Boys de su alma, que estaba en un serio riesgo de descender de categoría. Lo salvó y demostró que el amor puede más que el dinero. Un valor que en los tiempos actuales del fútbol parece haberse perdido.

“Estamos todos muy contentos porque estos chicos van a jugar en menos de un año una segunda final importante. Sentimos mucha felicidad por ellos, pero también sabemos que el partido es contra Chile, que juega de local, y por eso tendremos que trabajar para tener alguna posibilidad de ganar el partido. Lo asumiremos con la mayor responsabilidad. Sabemos que estamos a punto de hacer historia”, aseguró con sobriedad el Tata Martino. Todos en Argentina, empezando por él, saben que es posible alcanzar la gloria. Lo único que quieren es que llegue la hora del partido, que llegue la hora de la verdad.

 

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