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Liverpool atraviesa su peor crisis deportiva en mucho tiempo. Un equipo acostumbrado a competir con autoridad ahora se mueve entre dudas, golpes anímicos y un rendimiento que contrasta de manera radical con el mostrado durante la temporada pasada, en fue campeón de la Premier League con autoridad.
El golpe más reciente llegó este fin de semana con una derrota estruendosa en Anfield. El 3-0 ante Nottingham Forest -goles de Murilo, Savona y Gibbs-White- encendió las alarmas que aún faltaban por sonar. Una caída así, en casa y ante un rival que estaba en zona de descenso, deja la duda de si ya pasó lo peor o si todavía lo más grave está por venir.
El equipo que durante los últimos años nos acostumbró a verlo pelear en la parte alte hoy aparece ubicado en el puesto once. Sus derrotas revelan un desplome futbolístico difícil de explicar para un plantel tan costoso y vasto en talento como el que dirige el neerlandés Arne Slot, quien hace apenas unos meses levantaba el trofeo de la liga inglesa.
“No fuimos suficientemente agresivos en los duelos ni en las disputas”, advirtió Virgil van Dijk tras la caída. ante el Forest “En estos momentos difíciles aparecen los nervios y eso agrava cada error. Todos debemos asumir responsabilidad”. El plantel está golpeado y no ha encontrado la manera de reaccionar ante la crisis.
El número de derrotas no es un detalle menor si se considera el contexto inmediato. La temporada pasada, en la que Liverpool se coronó campeón de la Premier League, apenas se quedó sin sumar en cuatro encuentros. En esta edición, sin llegar al tramo crítico del calendario, ya acumula seis tropiezos.
Parecía que el triunfo reciente ante Real Madrid (1-0) por Champions era el inicio de una nueva historia pero fue apenas un espejismo para Slot y sus dirigidos. El neerlandés no encuentra cómo revertir la caída, ni cómo recuperar las sensaciones del arranque de temporada.
La inversión del Liverpool no ha rendido frutos inmediatos
La presión deportiva se mezcla con otra también muy pesada, la económica. La institución de Merseyside invirtió entre 482,9 millones y 489,7 millones de euros para esta campaña. Un gasto así, en la élite del fútbol, requiere respuestas inmediatas, pero esas apuestas no han estado a la altura de las expectativas.
El fichaje más alto fue el sueco Aleksander Isak, comprado al Newcastle por 125 millones de libras. Su impacto es mínimo. Tras nueve partidos apenas suma un gol y una asistencia. No parece adaptado y cuando al equipo termina un partido sin marcar, él se convierte en el principal señalado.
Florian Wirtz, la segunda gran apuesta, llegó desde Leverkusen por 100 millones de libras. Su fútbol creativo se ha visto intermitente. Aunque ya suma tres asistencias, el mediapunta alemán todavía no marca y no ha logrado brillar como sí lo hace en su selección.
Hugo Ekitike, quien parecía la primera opción ofensiva antes de que Isak se sumara al plantel justo antes del cierre del mercado, arrancó la temporada con buenas sensaciones pero se apagó. El francés no marca desde septiembre y ha perdido confianza.
Los laterales nuevos, Jeremie Frimpong y Milos Kerkez, tampoco han aportado el salto esperado. No han superado el nivel que ya ofrecían Connor Bradley y Andrew Robertson. Su rendimiento irregular ha debilitado las bandas, un recurso clave en la identidad de Liverpool. En resumen, los fichajes no justifican la inversión realizada.
A esto se suma el bajón de figuras que fueron pilares del título pasado. Mohamed Salah, el mejor jugador de la Premier 2025-26, cayó de 0,65 goles por partido a 0,29. Cody Gakpo también perdió chispa: de 0,36 goles por partido pasó a 0,23.
El vació que dejó Luis Díaz
Quienes llegaron tampoco pudieron llenar el vació que dejaron los que se fueron. El caso más evidente es el de Luis Díaz. Su salida se entiende en parte porque el equipo tenía que cuadrar caja tras gastar tantos millones en el mercado de verano. Más allá de las razones lo cierto es que Bayern Múnich disfruta hoy de la mejor versión del guajiro, que incluso jugando fuera de posición marcó diferencias. En Liverpool no apareció un sustituto confiable.
Lucho, además, vive un momento estelar. Se encamina a la que podría ser su temporada más goleadora: ya suma 11 tantos y la campaña aún no llega a la mitad. En la 2021-22 había marcado 22. Su explosión en Alemania solo hace más evidente el error estratégico que significó dejarlo salir de Anfield.
Volviendo a Liverpool, la caída es general. Línea por línea el equipo muestra inseguridades antes impensables. Esto contrasta con el arranque de temporada, cuando acumuló cinco victorias al hilo -algunas con goles sobre la hora- y parecía encaminado a otra campaña sólida. Hoy, sin embargo, son seis derrotas en siete salidas.
“Si las cosas van bien o van mal es siempre mi responsabilidad. He tratado de ajustar unas cuantas cosas que no funcionaron. Tenemos jugadores calidosos. Es mi trabajo sacar lo mejor de ellos. No estoy al momento. Es mi responsabilidad”, es el balance de Slot en medio de la crisis.
Las próximas semanas serán decisivas para Liverpool y para Slot, cuya continuidad empieza a depender de una reacción inmediata. Si el equipo no muestra señales claras de recuperación, la institución podría verse forzada a tomar una decisión drástica. No solo está en juego el prestigio deportivo, sino también hay una inversión gigantesca que exige resultados.