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Las Eliminatorias Sudamericanas rumbo al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026 llegaron a su fin este martes, tras dos años de intensa competencia que recorrieron cada rincón del continente. Los cupos directos fueron para Argentina, Ecuador, Colombia, Uruguay, Brasil y Paraguay.
El pulso por la repesca terminó a favor de Bolivia, que hizo la tarea al ganarle 1-0 a Brasil en El Alto y se vio beneficiada por la aplastante victoria 6-3 de la tricolor sobre Venezuela en Maturín. Ahora les toca esperar hasta marzo para ver si llegan a la cita orbital tras medirse con selecciones de otros continentes.
Fue un camino de dos años, exigente y lleno de historias que, como siempre, dejó mucho para rescatar, pero también para criticar y hasta lamentar. También jugaron su parte la elevación de Quito y El Alto, la humedad de Barranquilla, el calor de Guayaquil y Maturín, la presión del Monumental en Buenos Aires o el Centenario en Montevideo, más la mística del Maracaná.
Lo bueno
Fueron dos años de proceso que no solo consolidaron la tabla, sino que le dieron a cada selección la oportunidad de crecer en circunstancias diversas. El primer aspecto positivo fue justamente la continuidad del formato. En tiempos en los que la FIFA cambia formatos y multiplica partidos, Sudamérica mantuvo su sistema de todos contra todos.
En ese recorrido, la campeona del mundo, Argentina, inició su recambio generacional. El adiós de Ángel Di María y la cada vez más cercana despedida de Lionel Messi marcaron esta etapa. El 10 supo despedirse ante su público con un doblete y ahora trabaja para llegar de la mejor manera al Mundial.
La albiceleste encontró en jugadores como Julián Álvarez, Enzo Fernández y Thiago Almada un nuevo núcleo competitivo. Cada vez depende menos de Messi, y la prueba más clara fue la final de la Copa América 2024, en la que el equipo se impuso con solvencia sin que el “10” tuviera que cargar solo con el peso del título.
En el caso de Colombia, la clasificación fue una bocanada de aire fresco. Ocho años después de su última participación mundialista, la tricolor volvió a celebrar un cupo. Sí, es cierto que esta vez hubo más cupos y menos dramatismo; sí, las formas no siempre convencieron; pero el objetivo principal —volver a la fiesta más importante del fútbol internacional— se logró.
James Rodríguez se consolidó como el líder del equipo, demostrando que aún le queda fútbol para guiar al grupo, y Luis Díaz ratificó que es una garantía de gol y desequilibrio. Otras piezas como Camilo Vargas, Jhon Lucumí, Daniel Muñoz, Jefferson Lerma, Richard Ríos y Jhon Arias se han afianzado entre los titulares.
También dejó un buen sabor de boca la última doble fecha para el público tricolor el hecho de ganar, gustar y golear en ambos cotejos. Todavía no hay un delantero centro definido, pero el póker de Luis Javier Suárez, más los dos tantos de Jhon Córdoba, ilusionan a la hinchada. Además se logró un tercer lugar en la tabla, por encima de Brasil, lo cual no es común.
La nueva generación de Ecuador, segunda en la tabla, también merece un lugar en lo positivo. Pese a haber arrancado con tres puntos menos por la sanción del caso Byron Castillo, el equipo de Sebastián Beccacece mostró que con Moisés Caicedo y Piero Hincapié tiene presente y futuro.
También cumplió la selección de Uruguay, que bajo la dirección de Marcelo Bielsa logró su cuarta clasificación consecutiva a una cita orbital. En el medio del proceso un nombre de peso, como el de Luis Suárez, dio un paso al costado. Ahora el liderazgo celeste recae en Federico Valverde.
Finalmente, Paraguay volvió al Mundial tras 16 años de ausencia. Lo hizo de la mano de Gustavo Alfaro, un técnico que entendió cómo revitalizar un equipo que llevaba años sin encontrar rumbo. Con orden defensivo, intensidad y jugadores jóvenes, la albirroja regresó al escenario más grande del fútbol.
La emoción al final la escribió la pelea por el repechaje. Venezuela, la única selección de Sudamérica que nunca ha jugado un Mundial, vio como su ilusión murió al final, mientras Bolivia, históricamente el combinado más modesto en cuanto a figuras, sacó réditos de su localía en El Alto.
Lo malo
El aspecto negativo más evidente fue la pérdida de emoción y de exigencia. Con seis cupos directos y uno al repechaje asignados a Sudamérica, las posibilidades de clasificación se ampliaron tanto que los boletos directos ya estaban definidos antes de la última fecha.
Colombia, por ejemplo, disputó la última jornada ya clasificada, algo impensable en los antiguos formatos. Con el sistema anterior, la tricolor habría tenido que salir a buscar puntos en su visita a Venezuela, con Uruguay, Ecuador y Paraguay peleando todavía por los cupos directos y el repechaje.
En cambio, esta vez la fecha final, salvo para Venezuela y Bolivia, fue prácticamente un trámite. Ese detalle le restó dramatismo a la jornada decisiva. Antes era común tener que sacar la calculadora y estar pendiente de varios partidos a la vez, sabiendo que un gol en Asunción podía cambiar lo que pasaba en Quito o en Maturín.

Y si se habla de la selección del altiplano, no se puede ignorar el hecho de que La Verde haya pasado de jugar en La Paz (3.600 m) a hacerlo en El Alto (4.090 m). Se trata de condiciones muy hostiles que han sido incluso consideradas como antideportivas por parte de algunos actores del fútbol sudamericano.
Brasil también merece especial atención porque estuvo lejos de ser el equipo que cada cuatro años está llamado a ser protagonista. Con más de la mitad de las selecciones ya clasificadas, la verdeamarilla encaró tranquila una fecha que, en otras circunstancias, cuando los cupos eran solo 4.5 como antes, habría jugado con calculadora en mano.
De hecho, la selección brasileña finalizó en un quinto lugar que ni el más pesimista de sus hinchas habría esperado. Todavía no se ve la mano de Carlo Ancelotti, a quien la federación le apostó tras culminar su exitoso ciclo al frente del Real Madrid. Su arribo marcó un nuevo enfoque, pero necesita trabajo para ser considerado un candidato a ganar el Mundial.
Colombia tuvo un bajón durante meses. Entre finales de 2024 y la primera mitad de 2025, el equipo atravesó un lapso preocupante sin victorias. Pasó de ocupar el segundo lugar de la tabla a caer a la mitad de la clasificación, en una racha que encendió las alarmas.

Aunque logró recomponerse, quedó claro que el plantel sufrió y que la irregularidad y el cierre de los partidos siguen siendo problemas recurrentes. Si hablamos de rendimiento, la caída se notó, a pesar de que la imagen mejoró sobre el cierre. En la primera mitad de las eliminatorias, los colombianos lograron el 59.2% de los puntos, mientras que en la segunda fue del 44.4%
Lo feo
El capítulo de lo feo comienza con los procesos fallidos de algunas selecciones. Perú y Chile, que en los procesos rumbo a Rusia 2018 y Catar 2022 lucharon hasta el final, hoy quedaron muy por debajo de las expectativas. Que en un formato con más cupos quedaran eliminados tan anticipadamente es un golpe duro para su fútbol.
La constante rotación de técnicos, la falta de consolidación de nóminas, la dependencia de figuras envejecidas como Paolo Guerrero o Alexis Sánchez y los pobres resultados llevaron a que ambas selecciones encararan las últimas fechas más por cumplir calendario que por competir de verdad.
También hubo polémicas en la logística y organización. Un ejemplo fue lo ocurrido en junio de 2025, cuando la selección de fútbol de Bolivia estuvo detenida durante varias horas en el aeropuerto de Maturín, Venezuela. “Retuvieron a nuestra selección nacional sin ningún tipo de contemplación”, explicó su portavoz.
Se sumaron incidentes como el espionaje al entrenamiento de Colombia previo a su choque contra Bolivia en El Alto, lo que generó malestar en el cuerpo técnico cafetero y levantó sospechas sobre prácticas antideportivas. “Es lamentable que te manden a espiar. No sé de donde salió, quién era, pero lo identificamos”, denunció Lorenzo.
Este apartado también incluye la represión a los hinchas. A finales de 2023, se vivieron escenas lamentables en el Maracaná de Río de Janeiro, cuando la policía cargó con violencia contra los simpatizantes argentinos que se encontraban detrás de uno de los arcos.
En lo que respecta a la selección Colombia, lo feo fue la salida de Jhon Durán de la convocatoria. Se habló de una supuesta pelea con Néstor Lorenzo en el camerino durante el empate 0-0 contra Perú, algo que la federación desmintió, pero que fue confirmado por varios periodistas. Aunque la verdad completa nunca salió a la luz, el episodio dejó dudas en el aire.
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