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Este martes, en el Parque de los Príncipes, hubo goles hasta para regalar en la primera semifinal de la Champions League. Los balones parecían caer de todas partes, los festejos se perdieron rápido en los siguientes festejos y pararse de la silla fue imposible. Más que los arqueros —o los amantes de la táctica, el orden y el catenaccio—, la que sufrió terriblemente fue la vejiga. ¡Qué tardecita para los que nos gusta el fútbol!
Las ofensivas de PSG y Bayern Múnich, en un partido que no dio respiro y terminó 5-4 a favor de los parisinos, estuvieron tan afinadas, que daba la impresión de que, incluso, si al que le tocaba estar debajo del arco era al cronista —con panza incluida—, la pelota iba a ir inevitablemente a la red. Ni cuando se acabó el juego entendimos lo que pasó, golpe vino y golpe fue. No tuvo pinta de ser la semifinal del torneo de clubes más importante del mundo. Más se asemejó a un sueño, a la “Medianoche en París”, de Woody Allen. Un partido sin contexto que recordaremos para siempre, aunque pasen los años.
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No parecía así de arranque. Los dos equipos empezaron tímidos y estudiosos. No sorprendió a nadie, pues así se juegan estos compromisos. La línea es delgada y cualquier error puede costar muy caro. Eso creíamos, pero fuimos ingenuos. El que rompió la monotonía fue Luis Díaz. ¡Cómo no iba a ser así! Balón al pie, larga carrera y regate incontrolable. El guajiro se metió en el área del campeón reinante de Europa con un descaro que a William Pacho le debió parecer insultante. Por eso lo derribó y le hizo penalti. Una falta que fue como el shot de aguardiente que inicia la tomata y que hace que después uno no se acuerde de nada. De ahí vino el primero del partido, lo hizo Harry Kane (17’), engañando al arquero, y después parpadeamos y ya iban 5-4. ¡Y tan tímidos que se veían!
¿Cómo pasó todo? PSG reaccionó rápido y, al rato, ya iban 2-1 con goles de Kvaratskhelia (24’) y Joao Neves (33’). Eso a pesar de que cuando estaban abajo en el marcador Ousmane Dembelé falló una de esas que nos hizo recordar más sus épocas de Barcelona que las del Balón de Oro. Sin embargo, el mosquito se reivindicó al marcar el tercero de penalti (45+5’), tras una mano absurda de Alphonso Davies, y el quinto, con un remate bestial (58’).
Cuando llegó el primero de la gran estrella de PSG antes de irse al descanso, Bayern había empatado el juego 2-2 con un gol de antología de Michel Olisé (41’), que fue imposible de frenar para la defensa de los parisinos. El francés, esta vez como enemigo en su propia tierra, se internó en el área y descolocó al golero ruso Matvéi Safónov. No obstante, cuando Dembelé logró su doblete, los de Múnich parecían en la lona, pues tras el descanso que terminó con el 3-2 recibieron rápido al minuto 56 el 4-2, obra del descarado de Kvaratskhelia, y a los dos minutos, de la nada, perdían 5-2 gracias al segundo del Balón de Oro.
Dejamos bien registrados los minutos para que el lector desprevenido —que se perdió el que por momentos pareció el partido del siglo— entienda el vaivén del juego. Dentro del mismo partido pocos daban crédito a la candela que se veía. Y es que para ese momento el 5-2 era inexplicable, pues minutos antes de los dos goles del PSG, el que dominaba tras el reinicio era Bayern Múnich.
Los alemanes, perfectamente, pudieron, aturdidos por los dos cachetazos, haber perdido el norte, pero los que hemos seguido los pasos de los de Múnich toda la temporada, sabemos que el equipo de Vincent Kompany tiene resiliencia para remontar resultados. Sí, su defensa tan adelantada les da pesadillas. Los parisinos lo supieron aprovechar a la perfección, guiados por un obsesivo de la estrategia, capaz de ver todas las grietas, como Luis Enrique, un entrenador que sigue demostrando su capacidad. Pero así como sufren, adelante, los alemanes gozan de lo lindo.
El que los despertó fue otro francés, Dayot Upamecano. El defensor central debió ser vilipendiado por más de un hincha local, desaforado en las gradas, cuando hizo el descuento al minuto 65 en un cabezazo que llegó luego de un cobro de falta. Sin embargo, debieron insultar aun más fuerte al nuestro, a Luis Díaz, después de que el colombiano bailó al capitán Marquinhos en una baldosa.
Fino, al 68, “Luchito” bajó un balón largo de taco. Y con el control, excelso, encaró al brasileño, que había sufrido a Olisé toda la noche y parecía traumado de tanto regate. El guajiro olió el miedo y lo fue llevando con puras fintas hasta su área, donde con un amague le venció la marca y quedó libre para disparar y clavarla al palo cruzado. ¡Golazo del colombiano!
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Composure at the highest level: Lucho 🥶👌 pic.twitter.com/eyD5hW7PdZ
— FC Bayern (@FCBayernEN) April 28, 2026
Fue el último tanto de una noche caótica en la que, todavía, pudieron llegar más festejos. Tengan en cuenta que, después, PSG estrelló una en el palo y Pacho le sacó en la línea a Kimmich un cabezazo que iba a ser el empate. Cuando el reloj marcó las 12 en París, el partido ya había terminado. Nadie se fue aburrido. Ni allá, ni acá. Pero sí hay susto, sobre todo para los cronistas que ahora en las páginas web deben actualizar los artículos “en vivo”. Porque si así fue la ida, cómo será la vuelta en Múnich el próximo miércoles 6 de mayo. Ese día, que para muchos se va a sentir como la verdadera final, uno ganará el tiquete al Puskás Aréna de Budapest, en Hungría, y el otro se irá para la casa.

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