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Hace unos días, el 11 de febrero, Óscar Washington Tabárez estuvo en el estadio Campeón del Siglo de Peñarol. ¿La razón? Un homenaje para el hombre que comandó al equipo en la obtención de la quinta Copa Libertadores en 1987.
El entrenador uruguayo se limitó a agradecer y con cierto pudor camuflado en alegría recibió la camiseta de uno de los equipos más importantes de Uruguay. La prensa de ese país destacó el suceso y lo catalogó como algo más que merecido para un hombre que se ha dedicado, en todo su tiempo y en todo el lugar, a engrandecer el fútbol charrúa.
Tabárez, que este miércoles cumplió 74 años, lleva 15 al mando de la selección uruguaya, y durante esta década y media ha dejado huella por ser un formador nato, por procurar que las nuevas generaciones vean que el juego va más allá de las canchas y por buscar siempre el recordar otras épocas de antaño como una forma de volver.
“Muchas gracias a las directivas de Peñarol por este homenaje”, dijo El Maestro antes de hacer un silencio reflexivo previo a la siguiente intervención. “Fue un año perfecto para nosotros y uno que marcó mi vida”.
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Y entonces El País de Uruguay recordó que Tabárez ha revolucionado la manera de entender el deporte y que la prioridad, más allá de los resultados, es pensar en la formación de los jugadores. De ahí la calidez con la que lo saludan los más jóvenes, que hacen parte de las selecciones menores, por el trato, las enseñanzas, el respeto.
“Les pone atención como lo hace con Cavani o Suárez. Para él todos son iguales”, dijo alguna vez Celso Otero, su asistente y quien se mueve por la línea técnica durante los partidos mientras que Tabárez observa todo sentado.
El síndrome de Guillain-Barré lo obliga a llevar un par de muletas, incluso a andar en un carrito eléctrico para poder ir de un lado para el otro. Eso sí, la lucidez se mantiene, y de cuando en cuanto suelta frases álgidas, profundas, o bromas punzantes. Hasta se refiere a los últimos libros que ha leído, a los cuentos que más le han gustado y si la charla se extiende se refiere al libro Esperándolo a Tito y otros cuentos del escritor Eduardo Sacheri.
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Recientemente, sus cercanos, aseguraron que está obsesionado por la depresión en los jóvenes deportistas y los factores que pueden llevar a extremos trágicos. Y por eso trata de aplicar todo lo que aprende página tras página así a quienes dirige ya sean hombres reconocidos y con mucha experiencia.
De los 74 años que tiene, 40 los ha pasado en el mundo del fútbol con más de 200 encuentros como seleccionador y siendo el DT que más tiempo ha durado con en este lado del Atlántico (asumió como entrenador de la Celeste en 2006). Incluso ya hace parte del libro de los récords al ser el estratega con más Mundiales disputados con una misma selección (Italia 1990, Suráfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018).
El apelativo de maestro es más que real, pues fue profesor de las escuelas El Cerro, Paso de la Arena y La Teja, donde se dedicó a la educación primaria. “Trabajar con niños es gratificante porque sientes que estás aportando para el futuro más cercano”, dijo en una entrevista con El País.
Un fugaz paso por Deportivo Cali
En 1988, y luego de salir campeón de la Libertadores con Peñarol (le ganó a América en la final), Tabárez llegó a Deportivo Cali junto a su asistente Obdulio Trasante. Con hombres como Carlos El Pibe Valderrama en su nómina, el uruguayo procuró imponer un estilo diferente, que quizá no gustó mucho, y por eso después de 19 partidos, dejó su cargo. “Era complicado organizar en un mes a un club que tenía del otro lado a un rival que lo ganaba todo, que era de los mejores del continente. No debí aceptar, pero cuando eres joven te sientes fuerte y no hay reto que no asumas”, diría después.
Uno de los sucesos más recordados de esta etapa fue que estaba al mando del conjunto verde cuando El Pibe Valderrama se despidió de la institución para ir al Montpellier de Francia. “Era un futbolista tan inteligente y tan veloz con la mente que por eso le ganaba al resto”, dijo el 10 de la selección de Colombia.