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Cada vez que Osvaldo Ardiles agarró la pelota en las gradas se escuchaba “England, England, England”. Ese día, el 3 de abril de 1982, el argentino defendía la camiseta de Tottenham, tal como llevaba haciéndolo casi cuatro años atrás. Los hinchas de Leicester, rival de esa tarde, fueron más allá del fútbol e intentaron intimidar al mediocampista coreando el nombre de su país y así recordarle la guerra que estaba ocurriendo en Las Malvinas.
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Los aficionados de Tottenham dejaron de lado su patria y defendieron a Ardiles. En las gradas también se escucharon cánticos que decían “Argentina, Argentina”. “Jamás olvidaré lo que pasó aquella tarde. Mientras argentinos e ingleses se mataban, los hinchas del Tottenham nos dieron una lección”, dijo el mediocampista tiempo después en una entrevista en la que también recordó la bandera que decía “Argentina can keep the Falklands, we’ll keep ‘Ossie’” (Argentina se puede quedar con las Malvinas, nosotros nos quedamos con ‘Ossie’).
Fue La Guerra de Las Malvinas la que provocó que Osvaldo Ardiles saliera de Inglaterra y tuviera uno de los años más difíciles de su vida. Había llegado a Europa en 1978 luego de ganar el mundial de Argentina y haber sido una de las figuras de Huracán, equipo con el que surgió como futbolista profesional y con el que logró dos subcampeonatos, uno en 1975 y otro en 1976.
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Antes de ese difícil 1982, Ardiles había logrado consagrarse en Tottenham al ganar dos veces la FA Cup en las temporadas 1980-1981 y 1981-1982, así como la Charity Shield en 1981. Y con él estuvo Ricardo Villa, compañero en el conjunto londinense y un respaldo importante en esos meses en los que la guerra los tocó y les hizo preguntarse si era traición a la patria jugar en un equipo perteneciente al país que está matando a los suyos.
“Fue un poco incómodo estar en el país que está en lucha con el tuyo, pero me trataron muy bien, con mucho respeto”, dijo Villa en una entrevista para TyC Sports.
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Ese mismo abril del 82 Osvaldo supo que José Leonidas Ardiles, su primo y piloto de la Fuerza Aérea de Argentina, había fallecido en Las Malvinas. “A mí un día me dijeron que mi primo estaba combatiendo en las Islas Malvinas y a los dos o tres días que había desaparecido, pero no se sabía si había muerto”, dijo en una entrevista para Infobae.
Sumado a eso, en aquel entonces salió en un diario inglés que Ardiles iría a la guerra, información que fue falsa y terminó perjudicando aún más el entorno del argentino. “Salió en primera plana que yo iba a pelear contra los ingleses, que iba a matar ingleses. Partían del hecho que yo había hecho el servicio militar acá y que era un reservista, por lo cual teóricamente yo podía ser llamado a combatir. A través de eso hicieron toda esa historia de que yo iba a matar ingleses. Fue muy duro”, dijo el mediocampista para Estudio Fútbol.
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La tensión se hizo insostenible y Osvaldo Ardiles decidió irse de Tottenham. Aunque el club no lo vendió, el argentino terminó cedido a préstamos por un año al Paris Saint-Germain. Sin embargo, al año siguiente volvió a Tottenham, donde estuvo hasta 1988 y logró un título más: la Copa de la UEFA en la temporada 1983-1984. Al finalizar su carrera pasó por el Blackburn Rovers y el Swindon Town.
En una entrevista para El Gráfico, Osvaldo Ardiles contó que: “Tuve que poner muchas cosas en la balanza. Recibí ofertas para ir a Italia y a España, no por algo temporario como lo de Francia, sino en forma definitiva, ganando lo mismo que en Inglaterra. Eso significaba cortar directamente con el Tottenham y mis cuestionamientos, ir a la solución más fácil: me concentraba en lo futbolístico y nada más. Pero también pesaba en mí el hecho de que a Inglaterra le debía mi afianzamiento futbolístico definitivo, porque yo creo que fue ahí donde alcance un nivel más o menos indiscutido. Inclusive después de ganar el Mundial del 78 yo era discutido en la Argentina. La gente me mira con otros ojos recién cuando empiezan a llegar noticias desde Inglaterra, como si dijeran: “bueno, si juega allá debe ser bueno…“. Por una parte, entonces, estaba el club que no quería dejarme ir, y por la otra la situación de las Malvinas. Argentina es el país que más quiero, e Inglaterra el que me había dado mucho. Quizás resulte poco diplomático decirlo en estas circunstancias, pero es la verdad. Ahí empezó mi lucha interior. ¿Qué hago? ¿Me lavo las manos, me desentiendo del problema o trato por intermedio del fútbol de conseguir un acercamiento, por mínimo que sea entre los dos países? Creo que fue esto último lo que me decidió. En todo este tiempo, con Ricardo, conseguimos un gran respeto para el futbol argentino, y pienso que siguiendo esa línea puedo ayudar a los míos, porque algún día los dos países van a entablar relaciones nuevamente, y yo me sentiría muy feliz si por medio del fútbol pude hacer algo”.