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¿Cuántos Balones de Oro tiene Maradona? La pregunta es común. La respuesta es sencilla, “los mismos que tiene Pelé”. Así de fácil, ninguno. No es un hecho aislado, varios cracks históricos nunca conquistaron el máximo galardón individual del balompié. Y no fue por falta de méritos, sino por razones que, vistas en retrospectiva, necesitan de un análisis político.
El lunes pasado, France Football celebró nuevamente su tradicional gala. Un evento que hoy es mucho más que la coronación de un futbolista: es un espectáculo global que reconoce también al fútbol femenino, a los jóvenes talentos y a la diversidad étnica en medio de un mundo hiperglobalizado. El foco estuvo en Ousmane Dembélé, que tras un año espectacular con el PSG recibió el Balón de Oro y dejó en evidencia su resurrección deportiva. Aitana Bonmatí repitió como la mejor del mundo en mujeres por tercera vez, confirmando su hegemonía. En el apartado de jóvenes, Lamine Yamal volvió a imponerse como el talento emergente y Vicky López se llevó el premio femenino, con la colombiana Linda Caicedo ocupando un brillante segundo lugar.

La gala no siempre fue así. El Balón de Oro nació en 1956 con la idea de reconocer al mejor jugador del planeta, pero en realidad durante décadas fue un premio reservado a europeos que jugaban en clubes de Europa. En otras palabras: ni Pelé, ni Maradona, ni Garrincha, ni muchos de los mejores jugadores latinoamericanos de la historia podían competir. El filtro era claro: el mundo del reconocimiento futbolístico estaba diseñado desde París, con criterios europeos que excluían sistemáticamente al resto. Solo en 1995 se abrió el galardón a futbolistas de cualquier nacionalidad, aunque ya para entonces varias leyendas habían quedado fuera de la “historia oficial” del premio.
Los grandes cracks sin “Balones de Oro”
Si uno tuviera que dar una lista de grandes cracks que nunca ganaron el Balón de Oro, la nómina sería larga. Y polémica. Porque escoger “al mejor” rara vez es una decisión unánime. Lo fue en los últimos quince años con el duelo Messi–Cristiano, pero antes y después el premio siempre generó discusiones. Incluso hoy: el año pasado, sin ir más lejos, para muchos el Balón de Oro debía ser de Vinícius Jr tras su temporada de ensueño con el Real Madrid, pero el galardón terminó en manos de Rodri, el cerebro del Manchester City. La polémica, lejos de restarle brillo, es parte de su tradición.
Varios futbolistas marcaron época sin ganar nunca el Balón de Oro, aunque sus méritos lo justificaban. Ferenc Puskás, artillero histórico del Real Madrid y de Hungría, ícono de los años 50 y 60, increíblemente nunca premiado pese a su impacto; Paolo Maldini, símbolo del Milan y de la elegancia defensiva, que estuvo dos veces entre los finalistas sin llegar a la cima; Thierry Henry, goleador letal del Arsenal de “Los Invencibles” y de la selección francesa, que perdió la votación de 2003 ante Nedved; Eric Cantona, figura del Manchester United en los 90, cuya genialidad dentro del campo quedó opacada por su carácter indisciplinado; Xavi Hernández, cerebro del Barcelona y de la selección española campeona del mundo, eclipsado por la era Messi-Cristiano; Andrés Iniesta, autor del gol más importante de la historia de España en 2010 y emblema de un estilo irrepetible, pero relegado en las votaciones; y Neymar, máximo goleador histórico de Brasil, brillante en su mejor etapa con Barcelona y PSG, aunque las lesiones y la irregularidad lo alejaron del galardón.
Sin embargo, dentro de esa lista hay dos nombres que sobresalen: Pelé y Maradona. Esta no será una nueva discusión sobre quién es más grande ni si Messi, con sus ocho Balones de Oro, los superó. Lo relevante es entender por qué estos dos genios nunca recibieron el trofeo.

La respuesta es política: durante décadas, el reglamento del Balón de Oro solo permitía que lo ganaran jugadores europeos o naturalizados en Europa. Fue una discriminación directa que dejó a Maradona y a Pelé fuera de cualquier posibilidad. El cambio recién llegó en 1995, cuando ya era demasiado tarde para ellos.

Los Olvidados del fútbol mundial
Por eso podemos hablar de “Los Olvidados”, aludiendo a la célebre película de Luis Buñuel filmada en México. En ella, el director retrató a los marginados de la modernidad, los que quedaban fuera del relato oficial del progreso. Intentamos una analogía arriesgada, pero no menos similar a lo que ocurrió con el Balón de Oro: el eurocentrismo del galardón produjo sus propios olvidados, figuras que por nacer y jugar fuera del marco europeo nunca accedieron al reconocimiento máximo. El sistema estaba diseñado para sostener la idea de Europa como centro del fútbol.
El fútbol sudamericano, sin embargo, nunca necesitó de ese galardón para saber que de aquí salían los mejores del mundo. La calle, las canchas polvorientas y los estadios repletos dieron suficiente legitimidad a los ídolos que brillaron sin trofeos dorados. Otro ejemplo claro es Romário, otro de los mejores de la historia que fue ignorado en el Balón de Oro porque todavía pesaban las viejas reglas.

Con la globalización del fútbol, y sobre todo con la irrupción de Messi, el Balón de Oro ganó una nueva dimensión. Ya no era solo un premio francés: se volvió un termómetro global para determinar quién es “el mejor de la historia”. El marketing, los derechos televisivos y la internacionalización de los clubes europeos consolidaron su prestigio. Hoy ningún debate sobre la grandeza de un futbolista se libra sin contar cuántos Balones de Oro tiene.
Pero, en esa historia, permanecen “Los Olvidados”. Pelé, Maradona y tantos otros fueron reyes sin corona. Futbolistas que marcaron una era y que jamás necesitaron de un premio europeo para ser reconocidos como lo que son: leyendas universales. El Balón de Oro podrá haberlos excluido, pero la memoria del fútbol los rescató para siempre.
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