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Para ganarle al Real Madrid en la Champions hay que tener una noche perfecta. Y este martes el Bayern Múnich jugó uno de sus mejores partidos de la temporada, pero estuvo lejos de la perfección. Por eso el empate 2-2 les dejó a los alemanes un sabor a derrota, más allá de que la serie, que se define el miércoles 8 en el Santiago Bernabéu, esté igualada.
Ya no hay calificativos para explicar la mística del equipo merengue en el torneo de clubes más importante del mundo, su capacidad para superar los momentos complicados y agredir al rival cuando lo necesita. En el Allianz Arena de Múnich, el equipo de Carlo Ancelotti no se vio tan mal como hace dos semanas en Manchester, ante el City, pero igual sufrió.
Especialmente en los arranques de los dos tiempos. En el primero porque el Bayern intentó sin éxito pasarle por encima y le generó tres opciones claras de gol. El equipo alemán no marcó y el Real se acomodó poco a poco, se apoderó de la pelota y en su primera llegada al arco rival, se puso en ventaja con un gol de Vinícius Jr., ante un pase magistral de Tony Kross.
Después, en el primer cuarto de hora del complemento, el Bayern brilló le dio vuelta al marcador, con una gran acción individual de Leroy Sané, con complicidad del arquero Andry Lunin, y un gol de tiro penalti de Harry Kane. Pero el Madrid se repuso rápido del doble golpe y mantuvo la calma, hizo un par de modificaciones y comenzó nuevamente a dominar el partido.
Fue así como Vinícius se inventó una jugada por el costado izquierdo y habilitó a Rodrygo, quien fue derribado en el área por el coreano Kim Minjae. Penalti que Vini ejecutó con jerarquía para el 2-2 final, que deja la llave igualada, más allá de que el Madrid tenga la ventaja de definirla en casa.
Cinco veces campeón de Europa, el Bayern demostró que también afronta de manera espacial la Champions y le plantó cara al equipo más ganador en la historia de la competición. El cuadro bávaro dejó de lado la mala campaña, en la que perdió al Bundesliga con el Bayer Leverkusen, y jugó como el grande que es, de la mano de sus veteranos Manuel Neuer, Joshua Kimmich y Thomas Muller.
El Madrid logró su cuarta visita consecutiva sin caer en esta Champions, apostándole a la defensa colectiva, a la solidaridad de sus jugadores, a sumar esfuerzos para evitar ser agredido, porque aunque solo de destaque su producción ofensiva, el trabajo de marca de Vini, Rodrygo y el inglés Jude Bellingham fue notable. Claro, el Bayern tiene menos armas que el Manchester City y por eso el conunto merengue no se vio tan mal como en la llave de cuartos de final.
La serie, aunque pinta de blanco, no está definida, más allá de que la tendencia en el favoritismo aumentó. Hasta antes del juego de ida, las apuestas favorecían al Madrid 60-40. Ahora están 70-30. Sin embargo, como siempre, esas cifras son tendencias respaldadas en estadísticas y números, pero la única verdad del fútbol está en la cancha.
Para destacar la tranquilidad con la que el equipo español manejó la adversidad, haber sufrido dos goles en apenas tres minutos. Y el coraje de los alemanes que buscaron la victoria con sus mejores armas y nunca bajaron los brazos ante un equipo que pareciera siempre tener la suerte a su favor.
Individualmente dos jugadores se destacaron. Vinícius por su desequilibrio. Sigue teniendo la irreverencia de sus primeros años en Madrid, pero ha madurado como persona y crecido como futbolista. Toma mejores decisiones, ayuda en marca y con la pelota es incontrolable. También brilló Tony Kross, el equilibrio del equipo, la brújula, más allá de que dejó la cancha promediando el segundo tiempo para darle paso a otro crack de características similares Luka Modric.
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