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Un revolcón administrativo que se trasladó a la cancha. En diciembre, Boca Juniors cerró un 2019 en el que no pudo levantarse del golpe de perder la final de la Copa Libertadores ante River Plate en Madrid. El supuesto profeta era Gustavo Alfaro, quien privilegió los resultados sobre las maneras, una premisa que gobierna muchos equipos a nivel mundial, pero que no podía darse el lujo de tener en Boca. Boca es otra cosa.
El equipo ganaba, pero sufriendo, sin un fútbol vistoso que levantara a los hinchas de sus sillas. El vestuario era una caldera, el DT argentino no tuvo la espalda para manejar los egos en el vestuario y le cedió el control a pesos pesados del vestuario como Carlos Tévez, Darío Benedetto, Wanchope Ávila y Nahitán Nández. Una de las razones por las cuales los colombianos fueron borrados del equipo titular. Tras caer en semifinales de la Libertadores, otra vez, ante River, la suerte de Alfaro estaba echada.
Para 2020, con las elecciones en las que participaron los 38.000 socios de Boca en La Bombonera, empezó la reingeniería del cuadro xeneize. Jorge Ameal, nuevo presidente, quien ya había tenido ese cargo hasta 2011, año en el que dejó a su equipo campeón, el mismo en el que River descendió, se fue por la puerta grande. Nueve años después llegó a enderezar un rumbo en poco tiempo: apenas quedaban siete fechas de la Superliga Argentina.
«Este es un torneo de siete fechas», las palabras de Miguel Ángel Russo cuando asumió su cargo como entrenador. De 21 puntos posibles, consiguió 19 para un rendimiento del 90,4%. Detrás de la llegada Russo y estos resultados está la Comisión Directiva de lideró Juan Román Riquelme –vicepresidente segundo y encargado del fútbol de la institución- con tres exjugadores más: Jorge «Patrón» Bermudez, Raúl Cascini y Marcelo Delgado.
Russo, con la espalda que no tuvo su antecesor, calmó los humos del vestuario. Y uno de sus primeros decretos fue contar con los tres colombianos como titulares: Frank Fabra, Sebastián Villa y Jorman Campuzano, todos claves en el título y estos dos últimos, figuras del logro junto al Toto Salvio y Carlos Tévez, la portada de la gesta.
Porque el Apache, quien reconoció que dejó de disfrutar el fútbol, con las críticas que lo sucumbieron por dejar Boca para ser el mejor futbolista pagado del planeta en China, a sus 36 años, de la mano de Russo, se recuperó y a punta de goles se convirtió en el protagonista del Boca modelo 2020. De hecho hizo el gol del título ante Gimnasia.
Uno de los primeros decretos de la Comisión Directiva, en contravía con la corriente del fútbol mundial, fue la de utilizar un volante 10 en todas las divisiones menores hasta el primer equipo. Una posición en vía de extinción, pero que es sagrada en la institución, que espera tener una identidad en los próximos años en una nueva era, que según los exjugadores directivos, le dará muchas alegrías a Boca Juniors.
Más atrás, siempre enfocado por las cámaras, apareció Juan Román, siempre serio, parco, mirando, tomando su mate. El hombre detrás de la reingeniería de Boca Juniors: El Último 10.