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La edad no parece ser un problema para Gerardo Pelusso, que se muestra eléctrico al borde de la línea de cal y verborrágico fuera de los márgenes del campo de juego. Lo deja claro en la entrevista exclusiva con El Espectador. A los 61 años, el entrenador uruguayo condujo a Santa Fe a la final de la Copa Sudamericana y está ante una posibilidad histórica: conseguir el primer título internacional del equipo cardenal.
Y aunque perdió la Copa Águila ante Júnior de Barranquilla, sigue vivo en el campeonato local, donde esta tarde (5:00 por RCN), justamente ante su verdugo costeño, puede lograr la clasificación a las semifinales de la Liga. De todo habla el profe en este mano a mano imperdible.
Hace cinco meses que llegó a Colombia, ¿qué balance hace?
Encontramos lo que fuimos a buscar. Nosotros habíamos estudiado a Santa Fe, el plantel que tiene, la política deportiva, su estabilidad económica… Venía con buenas presentaciones a nivel internacional y yo veía que había una proyección para superarlo. Esto que nos está pasando era lo que vislumbrábamos.
No es casualidad, entonces, que el Santa Fe haya llegado tan lejos, ¿no?
No es casualidad. Ojo, no lo digo porque estamos nosotros. Tomamos un buen plantel y sabíamos que se podía potenciar la base. Y los hechos nos dieron la razón.
¿Cambió mucho su equipo de aquel que dirigía Costas?
Sí, ha cambiado. Y lamentablemente. Porque lo que hizo Gustavo Costas fue fantástico. Y lo que tenía armado, muy bueno. Cuando nos sentamos a conversar con el presidente, le dije que el mejor refuerzo era que no se fuera ningún jugador. Pero en el inicio del campeonato se fueron dos futbolistas muy importantes al Medellín (Luis Carlos Arias y Daniel Torres). Y enseguida, se nos lesionó Dairon Mosquera. Después, cayó Sergio Otálvaro. Luego, Ómar Pérez. Entonces, tuvimos que subir a chicos de las inferiores que fueron muy importantes para el plantel, pero sufrimos bajas que nos hicieron cambiar el equipo base.
Y en este contexto, ¿cree que se puede ganar la doble corona?
Todo se puede lograr. El tema es saber si nos da la fuerza. Yo creo que nos vamos a quedar con uno de los dos títulos. Si logramos los dos, sería fantástico. Pero va a ser difícil. Nosotros venimos con una cantidad de partidos muy grande. Hay que rotar el plantel y tenemos jugadores lesionados. Algunos los estamos recuperando, pero no está fácil. Con Huracán jugamos el partido número 40 desde el 5 de julio. Pero el equipo sigue corriendo y respondiendo. Eso es bueno.
Ómar Pérez es un jugador destacado. Costas siempre decía que se lo llevaría a todos lados. ¿Qué le genera dirigirlo?
Ómar es Riquelme con la camiseta de Santa Fe y pelado. Con un carácter diferente, claro. Es un líder futbolístico dentro y fuera de la cancha. Tuvimos la mala suerte de que se lesionó. Sufrió una rotura de meniscos, pasó una operación y lo tuvimos que recuperar. Fue bastante rápida, no lo aconsejable, porque había que jugar enseguida, pero ya está con nosotros y eso es importante.
¿La situación más brava que tuvo que atravesar en Santa Fe, al margen de las lesiones, fue echar a Luis Quiñones?
No quiero ni acordarme. La verdad, Quiñones nos traicionó a todos. Cometió muchos errores y lo perdonamos. Sus compañeros lo arroparon, lo trataron como a un niño y cuando más lo necesitamos, nos falló. Un jugador así no se puede tener en un plantel. ¿Es una pérdida? Sí, claro. Pero más nos dolió perder a Dairon Mosquera, a Otálvaro o a Ómar Pérez que a Quiñones. Y el equipo sin él siguió adelante y ganando.
¿Es una suerte de revancha esta serie de cuartos de final ante Júnior por lo que sucedió en la Copa Águila?
No, de ninguna manera. Quisiera hablarle en nombre de todo el grupo, pero yo no sé lo que tiene guardado adentro cada jugador. Tenemos que reconocer que nos ganó un gran equipo y lo felicito. Pero estoy convencido de que si nosotros hubiéramos jugado en condiciones normales, no habríamos perdido. Las fechas de las finales coincidieron con Eliminatorias. Y nosotros perdimos cuatro jugadores convocados a selecciones nacionales. Entonces, dimos mucha ventaja. Y tuvimos que jugar igual.
¿Y qué evaluación hace del futbolista colombiano? Siempre se destacó por su técnica depurada, pero se le recriminó su fortaleza mental.
Creo que ha progresado y que es cada vez más profesional. Y yo pienso que el día que se haga hincapié en las divisiones inferiores y se trabaje en la formación del jugador, competimos todos por el segundo puesto. Son un diamante en bruto. Ellos tienen una genética impresionante en la población negra. Sin ir más lejos, cuento lo que me dijo Eduardo Rivera, el entrenador de Sportivo Luqueño y gran amigo: «Así no vale, me trajiste seis basquetbolistas. En el juego aéreo no tengo ninguna posibilidad». Y me lo dijo el técnico de un equipo paraguayo, con lo que todo eso significa. Pero además de ser grandes, son rápidos, fuertes. Y la cultura del pueblo colombiano es de alegría. Es de la salsa, de la música, de jugar así.
Entonces, ¿hoy Santa Fe es la mixtura de la garra charrúa y el talento colombiano?
Estamos tratando es de darle un sello competitivo al equipo. Ya lo tenía, pero lo mejoramos. Es decir, que si tenemos que jugar, vamos a jugar; pero si tenemos que guerrear o sufrir, también lo vamos a hacer. Porque el fútbol no es juego lindo y nada más. Hace rato que yo veo equipos colombianos que se lamentan del juego aéreo porque los rivales le ganan con dos centros. Si hay un problema en el juego aéreo y tengo que poner tres jugadores de dos metros, lo voy a hacer.
¿Qué se le dice a Morelo, que hace dos meses no convierte?
Nada. Hay que apoyarlo y trabajar con él. Cuando a un goleador se le cierra el arco, es difícil. ¿Y qué le vas a decir? ¿Que tiene que hacer un gol? El tipo lo sabe. Si no la mete, se siente frustrado. En un año y medio, le dio 50 goles a Santa Fe. Además, el gol no sólo es responsabilidad de Morelo; lo hace el equipo. Lo empujan todos. Revisen los goles más importantes de Santa Fe. Le ganamos 1 a 0 a Independiente en Buenos Aires, con un gol de Balanta, el lateral. Empatamos 1 a 1 en Bogotá con otro de Meza, el zaguero. En Paraguay, el gol lo hizo Baldomero Perlaza, volante de contención. ¿Y cuál es el problema? Las reglas de juego no dicen que el gol lo tiene que hacer solamente el “9”.
¿Qué consideración hace de Huracán?
Es un equipo que llegó a esta final con unos valores fantásticos. A Huracán lo vengo siguiendo desde el año pasado, cuando estaba en la B. Y me llamó la atención que salió campeón de la Copa Argentina jugando en segunda división, lo que le valió entrar en la Copa Libertadores. Y subió a Primera. Y se clasificó a la Sudamericana. Pelea hasta la última fecha por no descender, pero llega a esta final. Es decir, vivió muchos contrastes, pero es un equipo compuesto con hombres maduros que construyeron esta campaña desde muy abajo. Y ahora están arriba y quieren arañar la Copa. Es un grupo de jugadores que están dispuestos a dar todo por la causa. Y dentro de este equipo, tienen futbolistas desequilibrantes como “Wanchope” Ábila, el pibe Espinoza, al que ya había visto en el Sudamericano, el talento de Toranzo, el Rolfi Montenegro. Es un rival durísimo, sin dudas.
¿El empate le permite llegar confiado a este segundo partido en El Campín?
Desarrollamos un gran partido, anulamos a Huracán en el primer tramo y hubiera sido justo que ganáramos en el primer tiempo. Pero no tenemos que subestimar a nadie. Ahora, será un partido diferente y habrá que analizarlo. La última palabra la tendremos en casa.