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Faltó fútbol, pero sobró corazón. Anoche, en un dramático partido, la selección Sub-20 de Colombia superó 3-2 a la de Costa Rica y se clasificó a los cuartos de final de su Mundial.
Todo gracias al coraje y la entrega de los jugadores, quienes cuando se vieron en desventaja y prácticamente eliminados, pues perdían 2-1 a 12 minutos del final, entendieron que debían dejar el alma en el gramado de El Campín y vender cara su derrota.
Y cuando los rostros de preocupación se multiplicaban rápidamente en las tribunas del estadio apareció James Rodríguez, tiró un centro al área y Pedro Franco la mandó al fondo de la red para igualar las acciones y darles nueva vida a los muchachos de Eduardo Lara.
Poco después el delantero Duván Zapata cayó en el área y el árbitro inglés Mark Clattenburg decretó correctamente el penalti, que Rodríguez, la gran figura de Colombia, se encargó en transformar en gol.
Entonces, todo el drama y la angustia que vivió el país durante 90 minutos se transformó en felicidad. Las banderas tricolor ondearon con más fuerza y las gargantas se reventaron de tanto gritar gol.
La euforia de los hinchas, que casi no se van del estadio, hizo olvidar el discreto partido de la selección, que se enredó y nunca puso imponer sus condiciones, ante una Costa Rica seria, ordenada y físicamente muy bien preparada.
La de anoche fue una victoria linda, épica, de esas que se recordarán por siempre. Lo fue porque lo que era una fiesta a las siete de la noche, en dos minutos se convirtió en velorio, tras las anotaciones de John Ruiz y Mynor Escoe, que voltearon el resultado, pues Colombia comenzó ganando con tanto de Luis F. Muriel.
Fue un triunfo maravilloso, porque le permitió a todo un país seguir soñando con el título y mantener la expectativa por un torneo que ha organizado muy bien.
Fue un éxito de todos los colombianos, tan acostumbrados a que en la puerta del horno se queme el pan, pero pocas veces convencidos de que tienen con qué dar la pelea.
Y eso que en líneas generales Colombia jugó mal. Puso a dudar a quienes la veían como candidata al título y más bien les dio la razón a los que dicen que es menos que España, Brasil, Argentina y Portugal.
El equipo estuvo desesperado y confundido, pero ganó y siguió vivo, con licencia para soñar. Ya habrá tiempo para corregir los errores, para ajustar detalles y mejorar. Habrá tiempo para fortalecerse mentalmente y no volver a perder las riendas de un partido.
Mientras haya corazón y ganas, además de una afición volcada apoyando, habrá posibilidades de seguir luchando y superar situaciones complicadas y resultados adversos. Colombia ganó y la fiesta mundial continúa.