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Rafael Nadal, número dos del mundo, se sienta cómodamente sobre un sofá blanco de último diseño, abre una Coca Cola light y atiende a El País, en medio de un mes de locura, en el que defendió los títulos de los Series Masters de Montecarlo y Barcelona, y ganó por primera vez el de Hamburgo, derrotando en la final a Roger Federer y en la semifinal a Novak Djokovic, quien lo perseguía en el tercer puesto del escalafón.
Los torneo previos al Roland Garros son extenuantes, ¿cree que son demasiados?
Hay que tener una actitud positiva. Después no quiero pasar como el quejetas, pero sí es verdad que la gente no está habituada a protestar cuando hay injusticias y yo considero que cuando las cosas se hacen mal hay que protestar. Casi todos tienen la misma opinión que yo, pero no hablan. A mí me gusta decir las cosas como las pienso. Lo que ha pasado este año con la temporada de tierra ha sido una injusticia para los torneos de Europa.
¿Defiende los torneos sobre arcilla, su mejor superficie?
Lo que defiendo son los torneos europeos. Si en este caso es tierra, pues es tierra, pero si es rápida, pues lo mismo. Lo que no puede ser es que juguemos un mes en América dos torneos que encima luego retrasan una semana por las eliminatorias del baloncesto universitario.
No puede ser que hagan lo que quieran. Y no puede ser que en cuatro semanas tengamos tres de los cuatro torneos más importantes en Europa. Es una injusticia y la gente lo tiene que saber. Sobre todo, los de arriba tienen que reflexionar en qué están pensando. América es un mercado importante, pero Europa es el que ha mantenido el tenis arriba durante muchos años. Los torneos europeos merecen respeto.
Su calendario es agobiante. Los gurús del tenis dicen que la diferencia entre los mejores y el resto es la frescura mental.
Estoy totalmente de acuerdo. ¿Pero por qué los mejores están más descansados de cabeza? Porque también tienen una marcha más disponible. Es mi visión. Hay gente que siempre puede llegar a subir el nivel, y gente que está al límite de nivel. La mentalidad es lo más importante.
Creer que puedes conseguirlo es básico. Hay mil partidos a cara o cruz. Yo juego contra mucha gente con la que salgo a la pista sabiendo que puedo ganar o perder. Y que dependerá de quién esté más centrado en los puntos importantes.
¿Recuerda quiénes son Antonio Pastorino y Marc Fornell?
Sí, gané mis primeros torneos Futures contra ellos.
¿Y por qué usted ha llegado a la élite y ellos no?
Yo tenía 15 años. Eran más mayores. No es una buena comparación. En general, supongo que todo el mundo trabaja mucho, pero al final la naturaleza le da unas cualidades a uno y otras a otro. Está claro que con el trabajo puedes desarrollar esas cualidades, pero sin ellas es difícil. Yo creo totalmente en el trabajo. Pero también creo que uno nace.
Hay que estar destinado a llegar a la élite.
Se puede llegar hasta un cierto nivel. Para pasar, o naces para eso o no puedes llegar. Está claro. Es suerte. Es la vida. Es mi opinión. Para llegar a ser un top 100, con trabajo, con ilusión, con dedicación, con un buen físico, lo puedes llegar a hacer. Para estar entre los 20 primeros, es algo más.
Federer explica que a él le costó explotar más que a usted porque su arsenal es más variado.
Es cierto. Roger tiene todos los golpes y una facilidad mayor que yo. No hay ninguna duda. Cada uno tiene sus cualidades y él prácticamente las tiene todas.
De ahí que se piense que usted depende de su físico.
Que digan lo que quieran. Yo soy consciente de lo que soy, de lo que he conseguido y de por qué lo he conseguido. ¿Mi físico? No se crea que si Federer está mal físicamente va a ganar, por muy buenos golpes que tenga. Al final tienes que llegar bien a la bola y pegarle. Aunque tengas mucha facilidad, como no llegues bien colocado la bola se va a ir fuera.
Eso se lo confirmo con la facilidad de Federer, con la mía o con la del que quiera. Sí, necesito mi físico, pero muy equivocada está la gente si cree que estoy donde estoy gracias a mi físico y a que corro. Puedo nombrar a 100 jugadores que corren más que yo en el circuito.
¿Le molesta que se le considere sólo un jugador de tierra?
No me preocupa. La gente que entiende de tenis, la que está aquí, ya sabe lo que hay. Es normal que la gente opine que soy mejor en tierra, porque lo que he hecho en tierra en los últimos tres años se ha salido de la normalidad.
He hecho cosas inimaginables para mí y lo he repetido durante tres años, que es muchísimo. Pero la realidad es que en pista rápida soy de los tres, cuatro o cinco mejores. Se dice pista rápida y no es una superficie que sea desfavorable para mí. He jugado mil torneos buenos ahí como para pensar que lo sea.
Cuentan que una vez su tío le pidió que reflexionara sobre el dinero que gana por pasar una pelota por encima de una red. ¿Ha pensado que lo que hace no es una cosa importantísima?
Mi tío nunca me ha hecho la reflexión del dinero. Me ha hecho la reflexión de que no me crea alguien especial por jugar al tenis. Es un trabajo igual que otro, un juego estúpido quieras o no: pasar la bola por encima de la red. No hay que creerse más que otro por hacer eso bien. Puedes ser bueno o muy bueno en esto, pero igual que el resto en todo lo demás.
De camino a esta entrevista le han pedido decenas de autógrafos…
Alrededor mío tengo suficiente gente que me tira abajo. Y creo que el carácter mallorquín, la familia, es difícil que levante los pies del suelo. Lo que pasa es que hay momentos cuando me canso y necesito mi espacio. Hay gente que no lo entiende. Siempre que me piden autógrafos intento darlos.
Intento hacer todo lo posible por la gente que se preocupa por mí: a la hora de dar entrevistas intento hacerlo, pero los periodistas a veces no se dan cuenta de que llevo un mes fuera, de que sólo estoy dos días en casa y de que también quiero ver a mi familia, a mis amigos, que quiero ir a jugar al golf y no tengo tiempo para todo. Si además tengo que atender todas las entrevistas, al final yo no vivo. Algunos se enfadan. Intento hacerlo lo mejor posible.
¿Esas obligaciones le han hecho madurar antes?
Está claro que tengo 21 años y seis en el circuito. De edad del circuito tengo 26 años. Pero me siento un chico normal y corriente de 21 años. ¿Madurar? Claro que he tenido que hacerlo. Convivo con gente mayor. Y eso me hace ver la vida de otra manera, porque me dan una perspectiva distinta a la que tendría si siempre estuviera con gente de mi edad. Pero me siento joven.
La del domingo pasado, ante Federer en la final del Hamburgo, ¿fue una victoria especial?
Sin duda, fue especial, pero lo siento por Federer porque no jugó muy bien. Me ayudó que él cometiera más fallos de lo normal. Estaba bastante asustado porque tenía un tirón al comienzo del partido y me volvió a doler en el tercer set y me costó ponerme en marcha, supongo que por el cansancio. Para mí es un sueño, una victoria importante en términos de confianza. La temporada de tierra es perfecta.