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John Freddy, el escurridizo

El caleño de 23 años, goleador de su club este semestre con 9 tantos, será titular este miércoles (7:00 p.m., RCN) en la vuelta de la final contra Júnior.

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En una bicicleta prestada perseguía el bus que llevaba a su hermano siete años mayor a jugar los partidos en la escuela Carlos Sarmiento Lora, en Cali. Al final de los encuentros John Freddy, entonces de 12 años, le decía a Lionard que quería emularlo y pensaba en superarlo. “Después, cuando mi hermano debutó con el Cortuluá, cogía colectivo hasta esa ciudad para verlo jugar. Me creí el cuento, me propuse ser alguien en este deporte”, asegura John Freddy Pajoy, de 23 años, figura del Once Caldas que hoy disputará el partido de vuelta de la final del Clausura contra Júnior.

La calle fue su escuela. El equipo de sus dos hermanos, de los que es el menor, se enfrentaba con un equipo de la cuadra vecina, en el barrio Eduardo Santos de su natal Cali. A veces Aldemar —diez años mayor— y Lionard no lo dejaban jugar por ser niño. “Una vez me quedé afuera viéndolos detrás del arco. Uno de ellos pateó y me pegó en la cara. Me puse a llorar. Mis hermanos me regañaron y me mandaron para la casa”, recuerda Pajoy Ortiz, amante de la salsa y el reggaetón.

Mientras Lionard entrenaba en la Sarmiento, John se quedaba en casa con el mayor, quien había jugado en la escuela Boca Júniors, pero desertó a los 16 años cuando no lo convocaron para jugar un torneo. Se escapaban —para que la abuela no los regañara— al parque del sector y practicaban. Aldemar —un poco malicioso también— pateaba el balón tan lejos como fuera y le gritaba a John para que lo trajera de vuelta. Y así.

En el colegio no rendía por estar jugando y pensando en fútbol, no se perdía un partido del Deportivo Cali en el estadio Pascual Guerrero, al que asistía con las barras bravas de ese conjunto. Lionard —hincha del América— se sentaba junto a él hasta que terminara las tareas. Lo pellizcaba y manoteaba cuando no entendía —como pasaba la mayor parte del tiempo—. “De hecho me gradué hace como cinco meses”, dice entre risas. “No me gradué como mi familia quería. A mí nunca me fue bien, porque me la pasaba jugando fútbol en vez de ir a clases”.

El fútbol primero que el boxeo

Creció en el Eduardo Santos, un barrio rodeado de delincuencia y drogadicción. El fútbol —dicen sus hermanos— fue el responsable de que los tres Pajoy Ortiz esquivaran las tentaciones. De hecho, impidió que fueran boxeadores, pues su padre Luis Aldemar Pajoy se ganaba la vida en los cuadriláteros, en torneos nacionales de peso pluma. “Él, generalmente, hacía eso en Cúcuta, donde nació Lionard. Pero jamás lo vi pelear. Me hubiese dado duro verlo noqueado. A mí siempre me gustó ponerme los guayos de mis hermanos —que me quedaban grandes— y salir a jugar fútbol”, confiesa John Freddy.

Se formó en la escuela Farid Mondragón y luego en la Carlos Sarmiento Lora. A los 16 años viajó a Tunja junto con su hermano, quien había sido fichado por el Chicó. “Era la primera vez que salía de mi casa. Me dio duro porque no les gustaba mi estilo, que es rápido, encarador, fuerte. Debuté en un partido en el que jugué sólo cinco minutos”, recuerda.

Su hermano partió un año después para jugar con el Cúcuta, y él se quedó solo. Ése, y que Lionard haya dado positivo por dopaje en la Copa Libertadores 2007, han sido los momentos más tristes de su carrera.

Jugó en la selección de Boyacá y luego en Patriotas. El pasado 2 de enero se vinculó con el Caldas, en el que debutó en un juego contra Cali. Este año, también el de su actuación en Copa Libertadores, nació su hijo Andrés. A él y a su esposa, Lina María, les quiere dedicar su primer título como profesional. Hoy, contra Júnior en el Palogrande, lo podría lograr si su equipo revierte el 3-2 de la ida.

Sería el primero de su dinastía, ante los intentos fallidos de Lionard, quien además lo supera por un gol en la tabla de artilleros. Sería un orgullo alcanzarlo, dice, así como lo intentaba hacer sobre una bicicleta prestada, hace muchos años, cuando era niño.

Acostumbrados a remontar

No todo está perdido para Once Caldas, que cayó 3-2 en el primer partido de la final contra Júnior, en Barranquilla. En diciembre pasado, el cuadro albo fue derrotado por Deportes Tolima 2-1 en el primer duelo de la final, disputado en el estadio Manuel Murillo Toro de Ibagué. De hecho, comenzó ganando 1-0, como lo hizo el domingo pasado en el estadio Metropolitano (2-0).

Hace un año el Caldas le dio vuelta al marcador, superó 3-1 al Tolima y obtuvo la cuarta estrella del club, tras las conseguidas en los años 1950, 2003-I y 2009-I, esta última precisamente contra Júnior.

¿Podrá revertir esta vez el blanco blanco?

 

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