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Plumas, como era conocido entre sus amigos, se ha ido. Un cáncer silencioso tardíamente detectado se lo llevó en menos de veinte días. Aunque antes del fatídico diagnóstico sentía algunas molestias, creyó que se trataba de alguna novedad digestiva de poca importancia. Cuando el médico le comentó que tenía en su organismo cerca de cincuenta masas cancerosas, José Briceño no lo podía creer. “Ahora sí estoy cagado del susto, pero de algo tiene uno que morirse”, comentó entre asustado e indignado.
Pero la verdad, el maestro Briceño no estaba preparado para emprender el viaje. “Estoy en manos de los mejores científicos del mundo. Los hay de diversas nacionalidades y eso me da confianza”. Nada pudieron hacer. Fue su hija Andrea, quien confirmó su deceso, el 2 de junio pasado, en la localidad de Woodstock, Provincia de Ontario, en Canadá, país donde Briceño vivía hace 17 años.
Así, a los 76 años, se fue un hombre cuya vida giró en torno al atletismo. El maestro fue una auténtica biblia. Todo, o casi todo, lo sabía sobre este deporte. Dueño de una memoria prodigiosa, era capaz de hablar durante horas y horas sobre los récords, las anécdotas y episodios atléticos por muchos olvidados o desconocidos.
Lamentó hasta sus últimos días que Zadoc Guardiola, un ateta samario de la década del 50, haya renunciado a la gloria. “Dios le da maíz al que no tiene muelas”, decía.
Una vez me contó que cuando era niño vivía en Cali “y mi colegio Villegas quedaba a una cuadra de la entrada a preferencia del estadio Pascual Guerrero. A la salida me iba a ver a los futbolistas entrenando. Una vez vi a Jaime Aparicio pasando vallas y me impresionó que era capaz de poner las plantas de las manos en el suelo sin doblar las rodillas. Me parecía increíble, de lo demás que hacía no tenia ni idea.
Aparicio llegó a tener en 1948, diez marcas nacionales, entre ellas el salto alto con 1.80m, era muy elástico. En el 2001 le regalé en su casa la revista Semana de esa época, porque esa publicación lo destacaba con motivo de los 50 años de su título panamericano y me parecia que él debía tenerla”.
Cosas así era capaz de rememorar Briceño, durante horas y horas de conversación, como en las dos jornadas de doce horas seguidas cada una, en la que departí con él para que me hablara de historias que ayudaron a complementar un libro ya terminado sobre la historia del atletismo colombiano, que por ahora se mantiene inédito por falta de interés de las editoriales.
Plumas fue atleta, eso sí, no de los buenos como Álvaro Mejía, Pedro Grajales o Domingo Tibaduiza, quizá por ser paticortico. En los 3.000 metros, fue quinto en unos Juegos Centroamericanos a mediados de los años 50.
Como periodista, en los años 60 estuvo vinculado a El Espectador y El Tiempo, en cuyas páginas se dedicó a escribir sobre atletismo y hasta de fútbol. Fue el primer periodista en alertar al mundo que Colombia no podía ser sede del Mundial de Fútbol 1986. Andrea recuerda que en la página editorial de El Tiempo en un artículo titulado “La danza de los millones”, argumentaba con cifras concretas que el mundial en Colombia era un absurdo. Como él bien decía: los números no son ni amigos ni enemigos; los números no se discuten, se demuestran.
Que todos los dividendos de un mundial se los llevaba la FIFA y al país sólo le quedaban deudas. Que Colombia no tenía la infraestructura hotelera para recibir escuadras periodistas y fanáticos de todo el mundo. Que si se incluía Bogotá, no entrarían ni la costa, ni Cali, ya que las diferencias de altura entre una sede y otra no estaban autorizadas por la FIFA.
“Mi papá me contaba que después de que la FIFA determinó que no era viable hacer el mundial en Colombia, se reunieron el grupo Grancolombiano y el grupo Ardila Lulle y fueron a hablar con el presidente de la FIFA, Joao Havelange, para respaldar el mundial. Desafortunadamente ya era demasiado tarde”, comenta Andrea.
Era ingeniero civil y en el país lideró la construcción de varias pistas de atletismo. Como delegado de la Federación Colombiana de Atletismo en certámenes internacionales, cumplió con lujo de detalles. No viaticó, ni hizo turismo con dineros públicos. Apoyó a los atletas, estaba pendientes de ellos y les resolvía inconvenientes inverosímiles como lo hizo una vez en Sao Paulo (Brasil), en una madrugada en la que uno de los atletas colombianos que participaría en la popular carrera de San Silvestre, no podía dormir porque tenía una uña encarnada y necesitaba con urgencia un cortauñas. A las tres de la mañana, Briceño recorrió media ciudad y consiguió el instrumento. Solo así, el deportista pudo dormir tranquilo.
El legendario Domingo Tibaduiza, el único atleta colombiano en subir cuatro veces al podio en los Juegos Panamericanos, lo recuerda con gratitud. “Fueron muchas las vivencias compartidas con Plumas, como compañero de deporte, dirigente y reportero, haciendo siempre gala de su memoria fotográfica.
Hago esfuerzos para recordar el drama vivido a raíz del certamen clasificatorio a la Copa Mundo de Roma 1981. Yo estaba inscrito por Suramérica en los 5 y 10 K. con muchas posibilidades de repetir participación ya que ya lo había hecho en el 77 corriendo en Stuttgard, Alemania, los 5K por Las Américas. Para hacer corta una historia muy larga, estando a segundos de salir la carrera de los 5K, el dirigente Puertorriqueño Amadeo Francis, representante de América ante la Federación Internacional de Atletismo, de manera arbitraria hizo que me impugnaran impidiéndome correr en Ciudad Bolívar, Venezuela, por ser atleta ‘profesional’.
Plumas era el delegado de Colombia que nos acompañaba a los dos compatriotas que estábamos inscritos. Él luchó lo indecible para impedir este atropello, tal cual él mismo lo describió en un artículo de El Tiempo, el 19 de agosto de 1981. A mi regreso a Reno, Nevada, le envié una carta en la que le decía que me habían cercenado el corazón al romperme el sueño de luchar por una medalla en la Copa mundo de Atletismo, pero que había encontrado un amigo de por vida”.
Ahora, todos sus amigos hemos quedado huérfanos de su extraordinario humanismo y gran sentido del humor. ¡Descanse en paz, maestro!..